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Para 2020 el PIB de la República Popular China será mayor que el de la mayoría de los países de Occidente y, aunque su poderío es casi una certeza, se mantiene como incógnita si sus relaciones com otros países serán de cooperación o de confrontación.

El Islam, por su parte, tanto en su vertiente religiosa como política, tenderá a acrecentar su influencia y aunque es probable que Al Qaeda ya no exista en 2020, habrá sido reemplazada por otros grupos islamistas radicales mucho más pequeños y eficientes gracias a los avances en la tecnología de la información.

¿Y qué sucederá en Latinoamérica? Nada bueno: la emergencia de movimientos indigenistas [sic] políticamente organizados hará tambalear la organización de los Estados y pondrá en serio riesgo la seguridad regional. Los casos de México, Ecuador, Bolivia y Chile ya lo estarían advirtiendo.

Informe del Proyecto Global Trends 2020 del National Intelligence Council (NIC) de Estados Unidos.

El último informe del proyecto Global Trends 2020, patrocinado por el National Intelligence Council (NIC: Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos) busca identificar las probables amenazas y desafíos para la hegemonía estadunidense hacia el año 2020.

Extrapolando la realidad con una perspectiva de 15 años, el informe ofrece una visión de las principales tendencias y escenarios internacionales en materia política, económica, social y militar. Es así como el nic presenta sus análisis estratégicos al presidente George W. Bush, elaborados según la información recabada y procesada por toda la comunidad de inteligencia del país, compuesta por unos 13 organismos estatales, entre ellos la cia, además de la colaboración de un grupo de "expertos internacionales".

El Informe señala que hacia 2020 el rostro de la globalización será asiático. Estados Unidos y Europa tendrán que acomodar a dos nuevos jugadores: China e India, en el mapa geopolítico mundial.

El Informe advierte sobre las nuevas amenazas militares y geopolíticas en ciernes sobre el planeta (léase el predominio estadunidense), entre las que identifica, en primer lugar, la expansión del Islam.

La emergencia de los pueblos indígenas y el reforzamiento de sus identidades en Latinoamérica no escapan al análisis predictivo. Para realizar este escaneo contrainsurgente, pieza clave de la ingeniería militar de la guerra de baja intensidad, el nic contó con la colaboración de numerosos expertos latinoamericanos, quienes se reunieron en una conferencia regional en Santiago de Chile en junio de 2004 "Latinoamérica 2020: Pensando los escenarios de largo plazo", organizada por la Universidad de Georgetown (Washington), el Centro de Estudios Nueva Mayoría (Buenos Aires) y la Universidad Adolfo Ibáñez (Santiago).

Tomando como ejemplos el levantamiento zapatista en el sureste mexicano, el ascenso político del movimiento indígena en Ecuador, el discurso radicalizado de un sector del movimiento aymara en Bolivia (MIP) y la lucha de los mapuche en el sur de Argentina y Chile, el informe es claro al destacar que temas como la gobernabilidad democrática y sus instituciones, la inserción internacional, "la relación con Estados Unidos y las principales potencias mundiales actuales" y la seguridad frente a las nuevas amenazas, entre ellas el narcotráfico y las reivindicaciones indígenas, serán los principales factores que determinarán el futuro latinoamericano.

"En el sur de México, la región andina y algunos países centroamericanos, reivindicaciones territoriales impulsadas por grupos indigenistas irredentistas podrían incluir un escenario de insurgencia armada y violencia política", advierte el documento.

"La emergencia de movimientos indigenistas políticamente organizados también puede representar un riesgo para la seguridad regional. Si em los próximos años los movimientos de reivindicación indigenista no logran inserción en el sistema político ni determinados niveles de inclusión social, existe la probabilidad de que muchos movimientos evolucionen hacia reivindicaciones de tipo autonómico territorial em el sur de México, la región andina y algunos países centroamericanos", lo que amenazaría gravemente la "integridad territorial" de los Estados.

"Algunos conflictos latentes y en curso, particularmente aquellos que involucran a grupos étnicos transfronterizos, amenazan com regionalizarse. En el peor de los casos, podría resultar con algunos territorios y poblaciones fuera de cualquier control gubernamental efectivo". "Algunas reivindicaciones territoriales podrían incluir el escenario de insurgencia armada y violencia política", advierten los expertos, conscientes que gran parte de los territorios históricos de los pueblos indígenas en Latinoamérica se encuentran hoy divididos por las fronteras actuales, como el Kollasuyo Aymara (Perú, Chile y Bolivia) o el Wallmapu mapuche (Chile y Argentina).

"El irredentismo indigenista plantearía altas dosis de incompatibilidad con el orden político y económico occidental sostenido por los latinoamericanos de origen europeo, y por lo tanto una profunda fractura social, que derivaría en insurgencia armada, respuestas represivas por parte de gobiernos contrainsurgentes, violencia social y balcanización política y territorial. Un escenario de turbulencia como éste ahuyentaría capitales, inversiones y la propia dinámica del mercado por un periodo prolongado. Se profundizaría la heterogeneidad regional entre los países que sufrieran el ascenso del irredentismo etnopolítico (en la región andina o Guatemala) y aquellos países de población mayoritariamente europea".

La relación entre los movimientos étnicos y grupos terroristas internacionales, pregonada por la prensa sensacionalista y contraria a las reivindicaciones de los pueblos indígenas, no escapa a las catastróficas predicciones del nic: "Poderes fácticos y actores armados no estatales (mafias, narcotraficantes, grupos terroristas internacionales) podrán establecer diferentes tipos de alianzas estratégicas con grupos armados irregulares en la región. Áreas sin control pleno del Estado (como los departamentos de Boyacá, Caquetá y tantos otros en Colombia; las fronteras venezolano-brasileña y venezolano-colombiana, áreas de Cochabamba en Bolivia, las costas de Haití, etcétera) constituirán blancos privilegiados de este tipo de alianzas que representan un riesgo para la seguridad global".

Pero no sólo las probables conexiones con Al Qaeda o el integrismo islámico preocupan a los expertos. El progresivo encuentro evidenciado en los últimos años entre el movimiento indígena y grupos contrarios a la globalización, así como sectores del movimiento popular latinoamericano, también es materia de análisis y predicciones. "El ascenso a gran escala de movimientos indigenistas radicalizados, políticamente revolucionarios, en varios países de la región, podría incluir la convergencia de los indigenistas com algunos o varios de los movimientos sociales no indigenistas, pero con frecuencia radicalizados, que existen en la actualidad", señala el informe.

"A principios del siglo XXI, hay grupos indigenistas radicalizados em la mayoría de los países latinoamericanos. Este escenario supondría que para 2020 han crecido exponencialmente y logrado la adhesión mayoritaria de los indígenas en sus países; un efecto de contagio podría hacer que una rebelión indigenista en un país, se extienda a otros". Para evitarlo la receta pareciera ser la tolerancia cero: mayor inversión en defensa militar y estrechar "por supuesto" los lazos con Estados Unidos, aunque se observa con preocupación la llegada al poder de mandatarios de izquierda en la región (Chávez, Lula, Tabaré Vásquez, Kirchner)

"Este escenario de ola antiimperialista continental implicaría sub-escenarios de aislamiento internacional, empobrecimiento y fuga de capitales, conflictividad e ingobernabilidad a nivel continental" señalan los expertos del NIC, para finalizar con una sentencia que no deja lugar a especulaciones: "El vínculo que establezcan los países de la región con Estados Unidos será determinante", para su futuro político y de seguridad.

Adital