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Son las ocho de la mañana menos pocos minutos en Nueva York, y en el interior de un parque de bomberos convertido en emisora comunitaria, el equipo del programa Democracy Now! (¡Democracia ahora!) prepara a toda prisa la emisión de ese día. La directora monta imágenes de última hora llegadas de las calles de Iraq y enviadas por reporteros no empotrados, mientras los redactores trabajan con titulares provenientes de Common Dreams y otras agencias de noticias alternativas, y la presentadora, Amy Goodman, acaba de leerse el guión del programa.

En una zona de espera se encuentran los invitados: una conocida abogada de defensa a punto de ir a prisión tras ser condenada bajo las nuevas leyes antiterroristas, un médico de origen iraquí perseguido por violar las sanciones contra Iraq, y la poetisa afroamericana Maya Angelou, defensora de los derechos civiles que tanto peligran estos días.

DIAGONAL: Ahora que las televisiones han adoptado el modelo conocido como infoentretenimiento, y canales como la conservadora FOX han redefinido el papel de la televisión en EE UU, ¿de qué manera intentan contrarrestar ese fenómeno desde la izquierda?

AMY GOODMAN: Es cierto que mucha gente ve la FOX o la CNN y piensa que se está informando. Pero muchos otros ya no se creen lo que ven. La televisión en gran parte ofrece la versión del miedo, de la amenaza, de la catástrofe, y de la oficialidad. Con tanta repetición y tanto melodrama, la gente se hace inmune a sus efectos. Hay mucha sed de obtener información veraz en este país. A menudo nos contactan soldados o sus familias, hechos polvo tras la vuelta de Iraq; o granjeros cuyas familias mueren de cáncer por la contaminación de sus tierras; o votantes conservadores que empiezan a cuestionar su afiliación. El modelo de información alternativa está creciendo a diario mientras que el otro, el de las grandes televisiones, se autodestruye. Aparte de las radios libres, como Pacifica y otras muchas radios comunitarias, también ha crecido enormemente la televisión comunitaria.

Organizaciones como Deep Dish TV y otras emiten en ciudades y pueblos por todo EE UU. Hay unresurgimiento de la contrainformación, un movimiento que prácticamente quedó destruido en los años ochenta por culpa de la represión estadounidense. En Estados Unidos proliferan las publicaciones progresistas: ZMagacine, Mother Jones, In These Times, The Nation y muchas otras. Indymedia se ha convertido en una fuerza informativa a tener en cuenta.

Y gracias a la enorme organización que surgió contra la guerra en Iraq y contra la reelección de Bush, se ha empezado a escuchar a las voces de la izquierda a nivel nacional. Ya Michael Moore es un personaje conocido.

D.: Pero ¿influye en la opinión nacional lo que dice la izquierda? ¿Hasta qué punto llega el mensaje a la ciudadanía?

A.G.: Ahora se nos escucha más que nunca. A mí por ejemplo no hacen más que invitarme para que participe en debates en la FOX y la CNN. Hay que ser muy rápido en esos debates porque están diseñados para ser un puro espectáculo de gritos e insultos, y te cortan a los diez segundos, pero he aprendido a colar las palabras “crimen de guerra” al principio de la entrevista y a no hacer caso de los ataques que lanzan los entrevistadores para ponernos a la defensiva. De esta manera, dejas caer alguna información habitualmente censurada por ese medio. Esperas sembrar una pequeña duda en el espectador. Y le ofreces rápidamente información para que pueda obtener más datos a través de otros medios.

D.: Es importante ahora mismo el trabajo de los medios independientes, necesario...

A.G.: Sí, el papel de los periodistas independientes es crucial en estos momentos. Gracias a Seymour Hersh, que en su día destapó la masacre de My Lai en Vietnam, hemos sabido sobre las torturas en Abu Ghraib y Guantánamo. Los abogados defensores y las organizaciones humanitarias ya habían denunciado las torturas pero la Administración Bush los ignoró muy hábilmente. Pero cuando salió la información publicada en la revista The New Yorker, una de las más prestigiosas, los otros medios no tuvieron más remedio que hacer eco de ese escándalo. Y el Congreso llevó a cabo una investigación. Ahora Hersh nos informa sobre los planes de la administración Bush en Irán, y al día siguiente de aparecer su artículo vemos la misma información en The New York Times y The Washington Post. En todos esos grandes medios hay un pequeño número de periodistas fabulosos, pero están frustrados porque se les censura. Ahora creo que les han soltado un poco las riendas y son capaces de publicar más verdades. Muchos de ellos escuchan a Pacifica Radio escuchan nuestro programa, y a veces publican artículos basándose en lo que emitimos. Jamás nos citan, pero lo importante es que nos utilizan como fuente.

D.: Y ¿de qué manera se fomenta la cultura alternativa en los medios independientes? ¿Pacifica es mayoritariamente política o tiene también un componente cultural importante?

A.G.: Bueno, de esto podría hablar durante horas. El ejemplo de Pacifica Radio es impresionante. Fue creada por poetas anarquistas que se negaron a luchar en la II GuerraMundial, y que fueron recluidos en campos de trabajo cerca de Berkeley, California. A su salida decidieron crear un espacio para las ideas alternativas, para la cultura de base, para el pacifismo. Crearon esta emisora en Berkeley. Fue complicado al principio, pero salió adelante gracias al apoyo de los primeros oyentes, que donaron fondos y equipos.

Por aquel entonces la radio era ya un fenómeno comercial y se emitía mayoritariamente por la banda AM. La FM acababa de nacer. Así que Pacifica tuvo que regalar transistores especiales para que los oyentes pudieran escuchar su programación. Lo primero que emitió Pacifica fue un poema. A sus estudios acudían indígenas con sus instrumentos tradicionales, cuentacuentos, filósofos, escritores, músicos, y por supuesto activistas. Un día cualquiera se podía escuchar a los poetas beatniks como Allen Ginsberg, o al gran actor y activista afroamericano Paul Robeson, perseguido por McCarthy. Pacifica tuvo el primer programa de jazz del país. También de música folk. Este modelo tuvo mucho éxito y Pacifica fue creciendo hasta contar con cinco emisoras principales y decenas de afiliadas.

Las voces del mundo de la cultura fueron cruciales también para organizar el activismo político en contra de la guerra fría y de la guerra del Vietnam. Por ejemplo, un programa de la emisora de Nueva York, el de Bob Fass, estaba dedicado a la música de protesta de los años 60 y 70. Varias veces tuvo de invitado a Bob Dylan antes de que fuera conocido. Desde el programa, Bob organizó grandes concentraciones contra la guerra de Vietnam, con su amigo el activista Abbie Hoffman. Y el poder de convocatoria de Bob era tremendo. Su programa se emitía desde las doce de la noche hasta las seis de la mañana, y cada vez que convocaba acudían miles de personas.

D.: Y eso sigue pasando, ¿no?

A.G.: Este modelo se sigue utilizando en Pacifica. Con las últimas guerras hemos podido movilizar a mucha gente, que de otra manera no podría coordinarse de manera tan inmediata y masiva. El programa es político pero tiene mucho de cultural, porque la gente del mundo de la cultura tiene un compromiso especial.

Ahora que acaba de morir el gran actor Ossie Davis, muy amigo de Pacifica, hemos emitido su funeral en antena, y todos los asistentes: poetas, actores, etc. han hablado del compromiso de Ossie y de todos ellos para utilizar su arte para informar y organizar al pueblo. Y el mismo Bob Fass sigue con su programa, y utiliza la música de protesta para hablar de las guerras de hoy.