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José Miguel Insulza

La virtual coronación del chileno José Miguel Insulza en la jefatura de la OEA, concretada ayer aquí entre bastidores, es el reflejo a no dudarlo de las nuevas corrientes liberadoras que soplan de sur a norte.

Al margen de muchas otras lecturas en torno a esta batalla, donde los pueblos del continente tuvieron poca o ninguna participación, queda como primer resultado que Estados Unidos no pudo -por primera vez desde su fundación en 1948- imponer su candidato.

Inició la contienda apostando por el ultraconservador ex presidente salvadoreño Francisco Flores. Siguió luego con el también derechista canciller mexicano Luis Ernesto Derbez y tuvo que terminar aceptando al candidato sudamericano para no sufrir una humillación en las urnas.

Para el presidente Vicente Fox también fue una experiencia amarga. México, que cosechó siempre admiración y respeto en América Latina por su valiente política exterior progresista e independiente, tuvo que afrontar las consecuencias de su nueva alineación a Estados Unidos.

En cuanto a Chile, ganó una importante batalla diplomática porque, aún en contra de su voluntad, se montaron en su candidatura los países que buscan de un modo u otro librarse del abrumador dominio del poderoso vecino del norte.

Queda ahora por ver si las promesas que hizo Insulza con voz entrecortada por la emoción, cuando se hizo el anuncio de su virtual investidura, podrán ser cumplidas, especialmente la que se refiere a su voluntad de representar los intereses de todos los países miembros.

Fuentes diplomáticas con acceso a La Moneda revelaron que, para el desenlace final, el presidente Ricardo Lagos tuvo que hacer importantes concesiones a la secretaria de estado norteamericana, Condoleezza Rice, en el encuentro que ambos sostuvieron el pasado viernes.

Entre sus promesas -afirman- estuvo el compromiso de trabajar junto a otras naciones de la region para “monitorear e influir” en el proceso revolucionario que dirige el presidente venezolano, Hugo Chávez, convertido en una verdadera obsesión para Estados Unidos.

Según las fuentes, Lagos convenció a Rice de la necesidad de integrar a Chávez al conjunto de las democracias sudamericanas, no aislarlo como pretende Estados Unidos, a modo de poder ejercer mayor influencia en moderar su radicalismo.

Mediante acercamientos, Chile aspira a participar activamente como observador en las elecciones internas “para evitar fraudes” y convertirse de hecho en un factor de moderación entre el gobierno y la oposición venezolana.

Otra propuesta que habría entusiasmado a la enviada estadounidense fue la promesa de trabajar con Brasil para tratar de reactivar el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), un proyecto norteamericano que había sido virtualmente desechado en la región.

También prometió unir esfuerzos con otros países para monitorear la situación en Cuba -otra de las grandes obsesiones de Estados Unidos- y contribuir a “restaurar la democracia y los derechos humanos” en ese país.

Uno de los aspectos que más llamó la atención en Santiago fue una declaración distribuida por la Cancillería con la firma de Insulza, casi simultáneamente con el anuncio de la retirada de Derbez, donde este explica aspectos fundamentales de su proyecto de liderazgo.

El documento recoge con particular precisión las principales preocupaciones del gobierno norteamericano y propone crear en la organización mecanismos de control y fiscalización de todos los países miembros, y aún de Cuba, que no es parte del órgano hemisférico.

De concretarse este proyecto, la OEA tendría potestad suprema para intervenir a su antojo en lo problemas internos de todos los países, miembros o no de la organización, calificar que es bueno o que es malo y -sobre todo- que se permite y que no.