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Maradona, Chávez, dos habilidosos zurdos

Abril es un mes emblemático para Venezuela y quizá también para América Latina. Hace tres años, un pueblo en la calle, derrotó un golpe de Estado esbozado y financiado desde el extranjero [1] y apoyado por una élite económica local, antinacional, que no creía posible que sus décadas de privilegios se hubieran terminado.

Pero, ¿será posible que aquellas jornadas de heroica participación popular hayan pasado a la historia? Hoy más que nunca, Venezuela debiera volver a revisar lo sucedido en esos días, donde sectores por siempre marginados de la agenda política y social se sintieron partícipes de un proceso de cambios estructurales y dieron una lección de lucha activa por la democracia. El que quiera minimizar estos hechos, quien quiera olvidarlos -amor con amor se paga, suele decir el presidente Chávez- está hundiéndole un puñal en la espalda a la llamada revolución bolivariana.

Mucha agua ha corrido bajo los puentes (incluido Puente Llaguno) en estos tres años y hoy Venezuela transita por el camino de la paz y el crecimiento. Pero el enemigo sigue trabajando, infiltrándose en las instituciones para debilitarlas, hablando -y trabajando- sobre la premisa de un chavismo sin Chávez que parte del escenario del magnicidio, tratando de corromper a los movimientos sociales.

Hay quienes hacen todo lo posible para que los programas especiales -las misiones- no se institucionalicen, porque así no habrá un plan coordinado de gobierno. Los actores sociales alertan sobre el inmovilismo en el aparato del Estado (planes y promesas sobran y faltan realizaciones), sobre la reducción de espacios de participación y de representación popular. Realidades que el enemigo utiliza -distorsiona, magnifica- en su beneficio.

Mientras, la agresión desde Washington, difundida por las repetidoras locales, sigue día a día, las grandes empresas petroleras se encuentran haciendo cola para desarrollar proyectos multimillonarios en Venezuela. O sea, eso de que si no te portas bien con el Fondo Monetario Internacional y con Washington no vendrán inversiones, pareciera no ser tan cierto, ¿no? De acuerdo al diario canadiense The Globe and Mail mientras Repsol de España anunciaba una expansión importante de sus operaciones en Venezuela tras fracasar en su apoyo al golpe de 2002, Statoil de Noruega y Total de Francia esperaban lanzar un segundo proyecto en la Faja Petrolífera del Orinoco.

Repsol comenzará a construir una planta de gas natural licuado y otra de electricidad a través de una asociación estratégica con Pdvsa, y junto a la Chevron-Texaco firmó recientemente un acuerdo con para explotar la Faja del Orinoco: refinarán el petróleo extrapesado para transformarlo en crudo sintético y transportarlo a través de un nuevo oleoducto regional.

Pero lo cierto es que Hugo Chávez aparece, a nivel regional, como el principal defensor de la unidad latinoamericana. El más nuevo hecho es el compromiso de España de apoyar los países latinoamericanos en materia de seguridad, defensa, lucha contra el narcotráfico, profundización de la democracia y erradicación de la pobreza, sin "irritar a nadie", haciendo referencia a Estados Unidos.

"Esta reunión de gran trascendencia, a nadie puede provocar reticencia, a nadie ofende. Estamos trabajando en beneficio de nuestros pueblos", dijo el presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Pero sus palabras irritaron al Partido Popular de José María Aznar, uno de los sostenedores del golpe de 2002.

Para minimizar o invisibilizar este encuentro -los temas abordados, los acuerdos logrados- de los mandatarios de España, Brasil, Colombia y Venezuela, la prensa trasnacionalizada trató de fijar la atención de los usuarios en la venta de armas por parte de España. Pero -hablando de armas- el tiro les salió por la culata y quedó demostrado que realmente no existe un aislamiento internacional de Caracas. Por las dudas, Zapatero dejó en claro que los equipos que su país vende a España carecen de naturaleza ofensiva ya que: "tienen un objetivo fundamentalmente para vigilancia en las costas, para transporte de personas y por tanto representa una posición en defensa de la seguridad, del control marítimo de frontera y de la lucha contra el narcotráfico".

Lula destacó que "esta reunión es un símbolo marcado de integración en un momento en el que existía cierta tensión entre Venezuela y Colombia, países que dieron una demostración de que lo que quieren es paz, desarrollo y crecimiento económico.(...) No tengo ninguna duda en afirmar ante el mundo que no aceptamos difamaciones contra ningún compañero, no aceptamos insinuaciones contra compañeros, Venezuela tiene el derecho de ser un país soberano, de tomar sus decisiones", dijo el presidente brasileño.

Uribe se sumó a la tónica general: "Tenemos que escoger si vivimos jalonados por los rumores, si dejamos que se agrien las relaciones de nuestros pueblos o si avanzamos con la agenda de lo práctico", tras hablar de "integración no retórica sino práctica".

Obviamente, a la reunión no podía complacer a Washington ya que de allí emanó el compromiso de los cuatro países -sí, Colombia incluido- con el fortalecimiento de un orden multilateral basado en la igualdad soberana de todos los Estados y en el respeto a las normas y principios de Derecho Internacional, como la búsqueda del entendimiento por la vía diplomática y de la solución pacífica de las controversias. Los presidentes hicieron un llamado a la comunidad internacional, para sumar esfuerzos en el fortalecimiento de la institucionalidad jurídica internacional, así como para el respeto a la soberanía de las naciones y a la no-injerencia en los asuntos internos de ningún país, garantizando así la paz y la estabilidad internacional y de la región suramericana. ¿Será el entierro del Plan Colombia?

Asimismo, señalaron que "la pobreza que afecta a millones de seres en el mundo, impidiendo a regiones enteras las más elementales condiciones para una vida digna, además del freno que representa para el desarrollo de las naciones, es una de las mayores causas de desestabilización al negar derechos humanos elementales como salud, alimentación, educación y vivienda".

Para tratar de invisibilizar el encuentro cuatripartito, George Bush apuró una conversación telefónica con Néstor Kirchner, intentando dividir la línea de integración latinoamericana. El mandatario estadounidense alabó el manejo económico de su par argentino... pero la prensa argentina misma recogió en sus portadas fotos enormes de la reunión de los cuatro presidentes en Guayana... con Diego Maradona. Es que Washington está preocupado por lo que está pasando en su patio trasero. Dice el analista uruguayo Raúl Zibechi [2] que el actual gobierno argentino -hijo indirecto de la rebelión de diciembre de 2001- hace una lectura certera de la realidad. Aunque el movimiento social atraviesa un profundo reflujo y está fragmentado, hay cosas que no podrán volver atrás. En Argentina se instaló una nueva conciencia que supera la antigua de los derechos: en vez de la exigencia al Estado a cambio de paz social, los movimientos consiguieron una suerte de poder de veto, por el cual ningún estamento -léase gobiernos pero también multinacionales, o corporaciones como las fuerzas armadas o la policía- puede traspasar ciertos límites sin poner en juego la gobernabilidad.

"En gran medida, ese poder de veto consiste en un nuevo tapiz social tejido con las hebras de la autoestima, que viene cobrando forma desde mediados de los 90. La organización social y política de los excluidos -piqueteros y cartoneros, jóvenes y mujeres- no es flor de un día ni abarca sólo a los desocupados. De ahora en más, habrá que contar con este nuevo sujeto. Apenas Kirchner llamó al boicot (a las trasnacionales petroleras que subieron el precio de la gasolina), cientos de piqueteros tomaron las estaciones de servicio de Shell y Esso provocándoles pérdidas millonarias. Y bloquearon por momentos las plantas de producción de las petroleras. En cada situación de crisis o de viraje político, los nuevos sujetos han jugado su papel, imprimiendo su huella a cada coyuntura. La derecha argentina comparó a Kirchner con Hugo Chávez, acusándolo de multiplicar los frentes de conflicto, lo que demuestra, una vez más, que la derecha es ciega. ¿Alguien puede imaginarse hasta dónde llegaría un nuevo estallido social, con este nuevo movimiento social y político en escena? El equipo de Kirchner parece intuirlo", sostiene Zibechi.

Decíamos que abril es un mes emblemático para Venezuela y Latinoamérica y lo es para hacer una lectura certera de la realidad nacional y regional, de cómo se mueven los movimientos sociales -los que serán protagonistas del Foro Social en enero, en Caracas-, de quienes son los verdaderos amigos (los realmente solidarios con el proceso bolivariano) y de quienes se quieren apoderar del mismo como si fuera una franquicia.

[1] Eva Golinger, El Código Chávez, Fondo Editorial Question, Caracas, 2005

[2] Ver Raúl Zibechi, La frágil gobernabilidad, en www.alia2.net