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El almirante Kuznetsov

La invasión sorpresiva de la Alemania nazi fue devastadora para la URSS. ¿Por qué?

Algunos investigadores se refieren a un error de cálculo de Stalin que buscaba ganar tiempo para prepararse mejor para la guerra evitando proporcionar a los nazis el menor pretexto para una agresión. ¡Pero callan el factor psicológico que tanto influye en la toma de decisiones políticas! Siendo él mismo cínico en política, Stalin no podía dejar de ver el cinismo de la política del Tercer Reich.

El gobierno hitleriano no vacilaba en inventar un pretexto allí donde no lo había. Por tal razón, la orden de no provocar a los alemanes habría podido retrasar por algunos días, quizás semanas, el comienzo de la guerra ¡pero sin poder prevenirla!

Pero Stalin se negaba a aceptar lo que era evidente y se molestaba visiblemente cuando los hechos contradecían su teoría artificial, según la cual los alemanes no harían una guerra en dos frentes y no atacarían a la URSS sin haber acabado con Inglaterra.

El mal humor de Stalin contra quienes tenían todos los argumentos para demostrar que la guerra era inminente era “finamente” percibido por la nueva generación de comandantes que reemplazó a la anterior, segada por el terror de 1937. El general Makhmut Gareev, presidente de la Academia de Ciencias Militares, cita los siguientes hechos:

“El mariscal Zhukov, en su entrevista con el historiador Viktor Anfilov, decía que cuando le presentó a Stalin, el 17 de mayo de 1941, un informe sobre los preparativos que realizaba el Estado Mayor General, la reacción del guía fue más que dolorosa. ‘¿Están tratando de provocar el enfrentamiento con Alemania o qué?’ rezongó cuando el jefe del Estado Mayor le propuso infligir un ‘golpe anticipado’”.

En una reunión del Buró Político, Stalin hizo reproches al Comisario del Pueblo para la Defensa Timochenko porque éste había percibido con una ‘rectitud excesiva’ y ‘demasiado literalmente’ el espíritu ofensivo de su discurso del 5 mayo de 1941. ‘Eso lo dije para el pueblo, hay que aguzar bien su vigilancia’, observó entonces Stalin. ‘Y usted, haría bien en entender que Alemania no nos hará nunca la guerra por propia iniciativa.’ Y agregó entonces: ‘¡Si ustedes siguen molestando a los alemanes haciendo movimientos de tropas sin nuestra autorización, rodarán cabezas!’ Zhukov y Timochenko recordaban aquellas palabras al hacer el balance de los ejercicios de la Región Militar de Bielorrusia en 1955.”

La alusión fue bien captada y hasta los más valientes jefes del ejército tuvieron que esconder su coraje y su honestidad. Algunos tuvieron miedo y los demás siguieron la corriente. Lavrenti Beria, Comisario del Pueblo del Interior, amenazaba con “hacer polvo” a los autores de informes que hablaran de una posible agresión alemana y le aseguraba al guía: “Mis hombres y yo tenemos siempre presente su sabia indicación. ¡En 1941, Hitler no nos atacará!”

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Los intentos de ciertos jefes militares de desplegar refuerzos en la frontera fueron duramente reprimidos. Tildados de “alarmistas”, aquellos oficiales fueron sancionados, y no sólo por el Partido o el ejército. Por ejemplo, el comandante del regimiento de artillería del 10º ejército declaró, durante una reunión del Partido, el 17 de junio de 1941: “Es posible que esta sea nuestra última reunión en tiempo de paz”. Como aquellas palabras no estaban a tono con el Comunicado de la agencia TASS del 14 de mayo de 1941, que calificaba de provocación los rumores sur la guerra inminente, el comandante fue acusado de sembrar el pánico y arrestado al día siguiente.

El 23 de junio, su caso fue examinado en Smolenks, bajo las bombas de la aviación alemana. ¿Entonces? La lógica de los investigadores era simple: si TASS anunció que no había razón para esperar un ataque alemán, a eso había que atenerse, con o sin bombardeo.

Virajes bruscos

En tales condiciones, la orden del almirante Nikolai Kuznetsov, de 36 años, Comisario del Pueblo para la Marina de Guerra, de disparar sin aviso sobre los aviones extranjeros que sobrevolaban las bases soviéticas cada vez más a menudo parecía una locura. La orden se firmó el 3 de marzo de 1941. Un año antes, en una directiva a las flotas, el almirante recordaba a los marinos la posibilidad de un ataque conjunto contra la URSS por parte de la coalición que componían Italia, Hungría y Finlandia, dirigida por Alemania.

“En la práctica, aquellos eran ya días de guerra, pero de guerra aérea. El fuego de nuestra defensa antiaérea ahuyentaba a los aviones alemanes”, escribiría más tarde el almirante Kuznetsov en sus Memorias.

“Me preguntaron por qué había dado orden de abrir fuego contra los aviones extranjeros. Traté de explicar, pero Stalin me cortó la palabra. Me impusieron una amonestación y me ordenaron anular mi orden. Tuve que hacerlo.”

Militar de carrera, Kuznetsov arriesgó su cabeza más de una vez en nombre de la flota. “Decidimos no esperar más por las instrucciones y actuar nosotros mismos. El 19 de junio, se decretó la alerta operacional Nº2 en la Flota del Báltico. En cierta medida, la decisión la ponía al abrigo de toda sorpresa desagradable. En la Flota del Norte, la situación era más tranquila, pero también la pusimos en estado de alerta operacional.”

La disponibilidad combativa era, según el Comisario del Pueblo para la Marina de guerra, la “principal medida” en la preparación de la Flota para la guerra: él no dudaba ya de su inminencia. En 1939, firmó una primera instrucción sobre el “sistema de disponibilidad en tres grados”, en el que ordenaba a las fuerzas navales permanecer en estado de alerta para poder rechazar un ataque. Eso permitió, durante la noche del 21 al 22 de junio, decretar el estado de alerta reforzada de manera automática, en pocos minutos, después de una orden.

Fueron la Flota del Mar Negro y Sebastopol quienes sufrieron los primeros golpes. El 22 de junio a la 1h03, la Flota recibió la orden que la ponía en estado de alerta reforzada. La alerta operacional se proclamó en la flota a las 0h15. A las 3 horas y 7 minutos de la mañana, los aviones alemanes se acercaban a Sebastopol a baja altitud, para evitar ser vistos. De pronto, se encendieron los reflectores y sus haces de luz comenzaron a “registrar” el cielo. La artillería antiaérea comenzó a disparar, desde la costa y desde los navíos. Varios aviones caían ya, en llamas, y otros, invadidos por el pánico, se deshacían de sus bombas.

Durante las primeras horas de la guerra, ningún navío de la flota soviética fue averiado. Sin embargo, la aviación alemana destruyó en los aeródromos terrestres 1 200 aviones que no estaban listos para enfrentar su sorpresivo ataque. ¿Por qué Kuznetsov tuvo éxito donde fracasaron los demás jefes del Ejército Rojo?

La victoria moral

La relativa autonomía de la que gozaba el Comisario de la Marina de Guerra desempeñó ciertamente algún papel en ello. Kuznetsov dependía directamente de Stalin y, de manera general, éste último se interesaba poco por las cuestiones navales y no se ocupaba mucho de las actividades de su Comisariado.

Stalin confió a Kuznetsov la tarea de dirigir la flota para ocuparse él mismo de asuntos más urgentes en el Comisariado de Defensa. En aquel entonces, al igual que hoy, se estimaba que Rusia es una potencia continental y que, dentro de su sistema de seguridad, la flota desempeña un papel auxiliar en relación con las fuerzas terrestres.

Pero, había también otro factor, de orden moral, que permitió a Nikolai Kuznetsov superar la “ceguera” ante la autoridad de Stalin y el miedo a aquel hombre. Ese factor moral era su cultura interior, que lo llevaba a ver de manera crítica las órdenes de sus superiores, así como su integridad, su actitud de rechazo ante aquellos que sólo estaban interesados en hacer carrera.

En sus Memorias, intituladas Virajes bruscos, Nikolai Kuznetsov, Comisario del Pueblo para la Marina a los 34 años, más tarde almirante de la Flota y Héroe de la Unión Soviética (luego condenado por en un caso de delito común y degradado), nombrado de nuevo ministro de las Fuerzas Navales y de nuevo degradado y destituido a los 51 años “sin derecho a servir en la Flota”, escribiría:

“En nuestro siglo tumultuoso y agitado, luchamos por la vida más que en el pasado. Sin embargo, ello no significa en lo absoluto que tengamos hoy que desdeñar las leyes de la moral y la integridad.”

Por dos veces en su vida, Nikolai Kuznetsov recibió y perdió el grado de almirante de la Flota y, por tercera vez, ese grado le fue conferido (restituido) 14 años después de su muerte, gracias al comandante en jefe de la Marina de Guerra, el almirante Chernavin. Nikolai Kuznetsov dijo un día: “Me impidieron servir en la Flota, pero imposible impedirme que le sirva a la Flota.” Sus palabras se hicieron realidad.