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En el período posterior, a partir del análisis de la crisis mundial y de los sucesivos retrocesos de la izquierda, Andre fue cambiando sus posiciones teóricas y -como diría más tarde- se fue "refugiando en la historia", lo cual refleja una personalidad honesta, pero también donde el futuro de la humanidad y su propia trayectoria vital los fue contemplando en una vertiente negativa, minusvalorando las propias facultades positivas que nos caracterizan como especie. Este tono vital que caracterizó sus últimos años de vida, mientras atravesaba una larga enfermedad, no es óbice para afirmar que Andre fue una persona que vivió intensamente, fiel a sus ideas, intentando defenderlas y afirmarlas a través de su labor intelectual.

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Su obra reciente, aunque desconocida para los lectores europeos y latinoamericanos, ha sido significativamente interesante, especialmente sus estudios sobre la historia asiática, no concluidos. En particular, resulta destacable mencionar la radicalidad que asumió su crítica del eurocentrismo, que le permitió cuestionar más cabalmente la ideología desarrollista. Su análisis de la superioridad asiática hasta el siglo XIX replantea toda la visión tradicional sobre los orígenes de la revolución industrial inglesa y el desarrollo capitalista europeo. Por otra parte, también radicalizó su concepción materialista de la historia, declarando incluso que Marx no fue coherentemente materialista. Desde nuestro punto de vista, se trata de una posición teórica que limita la comprensión de las elecciones humanas, tanto de los poderosos como de los oprimidos, a lo largo de la historia. Con todo, a pesar del silencio al que lo han condenado los medios académicos y políticos, Andre Gunder Frank representa un pensamiento original y crítico, que es necesario rescatar del azote de la incultura totalitaria actual.