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En una declaración dada a conocer un jueves 20 de mayo de 2004 a la agencia de prensa alemana DPA (Deutsche Press Agentur), Mufid Jazairi, ministro de Cultura del Consejo Provisional Gubernamental iraquí, señaló que seguían sin tener noticias de las 9,000 a 10,000 obras de arte robadas del museo de Bagdad.
«Vamos a encontrar muchas obras cuando mejoren las condiciones de seguridad», añadió con optimismo [1].

Además, las principales piezas del museo, una colección de joyas del siglo VIII conocidas como «Tesoros de Nimrod», fueron expuestas con gran pompa el pasado 3 de julio. Durante tres horas y en presencia de cientos de periodistas extranjeros, el embajador L. Paul Bremer III y el consejo arqueológico de la Coalición explicaron doctamente que de las 180,000 piezas del museo no faltaban más que 3,000, de las cuales sólo 47 tenían valor único [2].

Las declaraciones de Jacques Chirac que calificaban los robos de los museos iraquíes de crímenes contra la humanidad y la posterior efervescencia de la UNESCO [3] no fueron más que histéricas manifestaciones de antiamericanismo.

Las incriminaciones contra un grupo de comerciantes de arte, el American Council for Cultural Policy (ACCP), que publicamos hace un año eran por lo tanto difamatorias (Ver el artículo en francés «¿Quién planificó el saqueo de los museos nacionales iraquíes?», Voltaire, 17 de abril de 2003). Al menos esto es lo que las fuerzas de ocupación y sus colaboradores desean que creamos y es la propaganda lenitiva que retoman algunos de nuestros colegas.

En realidad y contrariamente a las comunicaciones oficiales de los Estados Unidos, el problema es más grave aún de lo que habíamos señalado. El saqueo de las obras iraquíes fue muy bien planificado con antelación y ejecutado con la complicidad del ejército de los Estados Unidos.

Se ha tratado al mismo tiempo de robos sistemáticos de las piezas conservadas en los museos nacionales y sobre todo de excavaciones industriales de los emplazamientos arqueológicos. Además, las fuerzas de la Coalición han destruido numerosos monumentos y emplazamientos, a veces por desconocimiento, a menudo de forma deliberada.

Para comprender todo lo que está en juego en esta polémica, recordemos el período anterior a la guerra. Desde hace un decenio, Irchad Yassine, cuñado de Sadam Husein, exporta discretamente obras iraquíes. A partir de 1994, comerciantes de arte estadounidenses, agrupados alrededor del abogado Aston Hawkins [4] en el seno del ACCP, poseen el monopolio de esta red.

Yassine les vende las piezas principales del museo de Asur. Se interesan también por el arte en todas las zonas de conflicto, sobre todo en Afganistán. Al anunciarse la guerra, reciben pedidos de clientes riquísimos que indican en el catálogo las piezas de museo que desean comprar.

Científicos del mundo entero se movilizan para prevenir el saqueo anunciado. Colin Powell pide opinión a su asesor Thomas Warrick, quien en la primavera de 2002 presenta un informe intitulado Proyecto para el Futuro de Irak en el que señala que un período de anarquía seguirá a la caída del régimen de Sadam Husein del cual se aprovecharán los traficantes para saquear los museos. Powell transmite el informe a la Casa Blanca y al Pentágono [5].

Durante este período, los científicos multiplican los correos a los responsables políticos. También intervienen prestigiosos especialistas como McGuire Gibson (Oriental Institute, Universidad de Chicago) o Neil MacGregor (director del British Museum).

Como la catástrofe parecía inevitable, el diputado francés Didier Julia, también arqueólogo, visita Irak en febrero de 2003 para convencer a la conservadora nacional que proteja su patrimonio [6]. Organiza el traslado de decenas de miles de obras a cuevas que son luego tapiadas. Julia, quien enmascara el objetivo de su viaje, es muy criticado por su partido, el UMP, en el que se le acusa de colusión con la dictadura de Sadam Husein.

El palacio del Elíseo publica un comunicado para fingir su «asombro». En realidad, el diputado, cuya gestión es apoyada por científicos franceses, sobre todo los de la revista Archeologia-Magazine, informó previamente a Jacques Chirac y goza de la «benevolencia» de sus servicios [7].

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Tal como fue anunciado, Bagdad se sume en la anarquía luego de la caída del Presidente. Las fuerzas de la Coalición sólo aseguran la protección del ministerio de Petróleo y las sedes de los servicios de represión [8]. Ladrones expertos se abalanzan sobre los museos nacionales y se llevan todo lo que puede ser llevado. Saquean asimismo las bibliotecas y provocan incendios para impedir que pueda establecerse un inventario de sus robos.

Jacques Chirac (presidente de Francia), Dominique de Villepin (Pirmer ministro francés) y Jean-Jacques Aillagon [9] movilizan a la comunidad internacional. Mijail Chvydkoi añade más elementos [10]. La ONU [11] y la UNESCO se hacen cargo del asunto mientras que el consejero cultural de la Casa Blanca, Martin Sullivan, paga los platos rotos y dimite [12].

La Coalición, que sigue pretendiendo que vino a liberar al pueblo iraquí, adopta medidas tardíamente [13]. El Departamento de Justicia destina un grupo de trece agentes, el Joint Inter-Agency Coordination Group (JIACG), dirigido por el fiscal coronel Matthew Bogdanos, para investigar los hechos y recuperar los objetos robados.

Periodistas y hombres de negocios deshonestos son detenidos aquí y allá, pero la red ACCP no es acosada, de forma tal que en la práctica la Coalición le asegura el monopolio del tráfico así como ganancias máximas. En junio de 2003, la Coalición termina de retirar los escombros del Banco Nacional de Irak, destruido por los bombardeos, y llega a las cámaras blindadas donde encuentra una parte de las obras escondidas por los iraquíes y los franceses.

La directora de antigüedades, Nawada al-Mutawali, revela donde se encuentran depositadas las otras y se reconstituyen las colecciones. Sin embargo, faltan varios miles [14]. Se trata fundamentalmente de sellos-cilindros y tablillas cuneiformes que permanecían en el museo y eran objeto de estudio así como de algunas piezas importantes cuya lista es comunicada a la Interpol.

Durante este período, el grupo de traficantes vinculdo al Departamento de Defensa prosigue su pillaje. Ya no en los museos, sino en los emplazamientos arqueológicos. En todas partes se producen excavaciones salvajes. Decenas de miles de objetos son exhumados y salen del país, cuyas fronteras, sin embargo, han sido oficialmente cerradas, y vendidos en mercados paralelos [15] .

Los ladrones actúan con cuidado para no estropear las mercancías pero no se preocupan por el contexto de sus hallazgos. Sólo les interesa su valor estético y comercial. Para los arqueólogos, es una nueva catástrofe: estos objetos son privados de su historia y sus descubrimientos no aportarán ningún conocimiento nuevo sobre las civilizaciones desaparecidas [16].

El consejero cultural de la Coalición, el embajador y arqueólogo italiano Piero Cordone, trata de detener las excavaciones salvajes pero abandona la idea cuando su convoy fue atacado por los soldados estadounidenses quienes asesinaron a su intérprete [17].

Para el pueblo iraquí y para la memoria de la humanidad, el drama no se detiene ahí. Si bien las fuerzas de la Coalición tuvieron la precaución de no bombardear emplazamientos históricos [18], destruyeron después un gran número de ellos sin que nadie lo supiera, lo que es prueba de vandalismo ignorante y de venganza bárbara.

Sin lugar a dudas, el escándalo supremo fue cubrir Ur con hormigón. La fuerza aérea de los Estados Unidos construyó una base militar sobre el emplazamiento donde se alzaba, hace seis mil años, la ciudad de Eridu, donde vivió el bíblico Abraham. Con razón o sin ella, los iraquíes interpretan esta destrucción como la venganza final de las tropas israelo-estadounidenses contra Babilonia.

Recuerdan cómo las tropas de Ariel Sharon procedieron a la destrucción sistemática de emplazamientos arqueológicos cuando invadieron el Líbano. Además, durante los recientes combates en el sur, ya no contra la dictadura de Sadam Husein sino contra la resistencia popular, las fuerzas de la Coalición han destruido gran número de monumentos islámicos, omeyas y abasidas.

En el transcurso de los combates urbanos, el ejército estadounidense despeja el terreno mediante la destrucción de los edificios.
Ante la magnitud de los saqueos y de la destrucción, sin equivalente conocido en la historia, sólo nos queda interrogarnos sobre la actitud de Washington.

¿La remodelación geopolítica del Medio Oriente pasa por la destrucción de las identidades y de las culturas locales?

[1] Faltan todavía 10,000 obras de arte en el museo de Bagdad (Il manque encore 10,000 œuvres d’art au musée de Bagdad), agencia de noticias AFP, 20 de mayo de 2004.

[2] Los «tesoros de Nimrod» expuestos durante tres horas en le museo de Bagdad (Les "trésors de Nimrod" exposés pendant trois heures au Musée de Bagdad),agencia de noticias AFP, 3 de julio de 2003.

[3] Ver Discours de en francés Koïchiro Matsuura, 6 de junio de 2003. Comunicado en francés, 27 de junio de 2003. Comunicado, 16 de julio de 2003. Comunicado, 29 de julio de 2003. Comunicado, 6 de agosto de 2003.

[4] El abogado Aston Hawkins es ex vicepresidente del Metropolitan Museum de Nueva York.

[5] «Blueprint for a Mess», por David Rieff, in New York Times del 2 de noviembre de 2003.

[6] Ex alumno del filósofo Martin Heiddeger, Didier Julia es filósofo y egiptólogo. Autor de obras sobre Fichte y director del Diccionario Larousse de filosofía, es diputado gaullista (de la corriente política que fundó el general De Gaulle) y por el departamento de Seine-et-Marne, Francia, desde 1967.

[7] Entrevista de Didier Julia con Thierry Meyssan, 23 de abril de 2003.

[8] Sin embargo, un memorando de cinco páginas firmado por el general Jay Garner el 26 de marzo de 2003 señalaba una lista de emplazamientos que debían ser protegidos. En ella, el Museo Nacional aparecía en segundo lugar. Esto no fue respetado, ya que el mandato de Garner sólo se hizo efectivo luego de la caída del régimen. Ver «Troops were told to guard treasures», por Paul Martin, en el diario estadounidense The Washington Times del 20 de abril de 2003.

[9] Ver en francés: Un saqueo indigno «Un saccage indigne», tribuna de Jean-Jacques Aillagon, ministro francés de la Cultura, Le Figaro del 17 de abril de 2003. En francés: Comunicado conjunto de los ministerios de la Cultura y de relaciones Exteriores franceses: «Communiqué conjoint des ministères français de la Culture et des Affaires étrangères», 30 de junio de 2003.

[10] Ver carta de Mikhail Chydkoi, ministro de la Cultura de la Federación Rusa ante el Director General de la UNESCO, en francés: «Lettre de Mikhaïl Chvydkoï, ministre de la Culture de la Fédération de Russie au directeur général de l’UNESCO», 28 de marzo de 2003.

[11] Ver comunicado de Kofi Annan, Secretario general de la ONU en francés y original inglés: «Communiqué de Kofi Annan», 15 de abril de 2003.

[12] Ver: US governement implicated in planned theft of Iraqi artistic treasures, por Ann Talbot, World Socialist Web Site, 19 de abril de 2003.

[13] Ver en francés: Cooperación para la protección de antiguedades y la propiedad cultural en Irak: «Coopération pour la protection des antiquités et de la propriété culturelle de l’Irak», declaración de Colin Powell, secretario de Estado de los Estados Unidos, 14 de abril de 2003. Ver también el «Comunicado del departamento de Estado US» del 30 de abril de 2003.

[14] En una comunicación al Cuadragésimo noveno Encuentro Internacional de Asiriología, celebrado el 11 de julio de 2003 en el British Museum, el coronel Bogdanos reconoció que faltaban alrededor de 10 500 piezas en el museo de Bagdad, mientras que en sus conferencias de prensa sólo había hablado de 35. Ver «Update by Colonel Matthew Bogdanos on the situation at the Iraq Museum», documento que se puede bajar en formato Doc.

[15] Como estos objetos no habían sido inventariados es imposible conocer su número exacto. Sin embargo, la multiplicación de las ofertas de venta en Occidente de piezas que supuestamente fueron encontradas en graneros permite que los especialistas hagan estimados.

[16] Leer «Le Massacre du patrimoine irakien», investigación de Archéologia-Magazine n°402, julio-agosto de 2003; y Le Pillage de l’Irak, por Philippe Flandrin, Éditions du Rocher, 2004.

[17] Tir américain contre la voiture d’un diplomate italien en Irak, un Irakien tué, AFP, 19 de septiembre de 2003. El presidente Bush telefoneó al día siguiente al presidente italiano del Consejo, Silvio Berlusconi, para presentarle sus «disculpas».

[18] Ver en francés: (Mitín de prensa de los oficiales de la Coalición encargados de la protección del patrimonio cultural iraquí): Point de presse des officiers de la Coalition chargés de la protection du patrimoine culturel irakien, 5 de abril de 2003.