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El neoliberalismo es la deshistorialización del tiempo. Aunque Francis Fukuyama ahora reconoció errores; el libre mercado certificó su firma: no sirve querer pelear por una sociedad distinta. A lo sumo en el futuro no se superará los contornos, contenidos y formas de la organización capitalista.

Expresado en otras palabras: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires”. La sencillez de tales conceptos proviene del intelecto y la pluma de Rodolfo Walsh.

“La historia aparece así como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas”, subrayo Walsh en febrero de 1970.

Las preguntas entonces son por qué pretenden que carezcamos de historia y cómo logran ese cometido. La deshistorización se impone desde el ámbito educativo, el predominio de la TV basura, las FM con canciones pasatistas, los olvidos académicos, la falsificación de los hechos, la desinformación política, la publicidad engañosa y muchos otros mecanismos portadores de una precisión refinada y cuasi solapada.

La TV -salvo excepciones- estimula la circularidad.

El pasado, el presente y el futuro caben en un clip de minutos o segundos. Podrá resonar como fatalista; pero da la sensación de que las nuevas generaciones crecen con la idea de la circularidad y no de la historicidad. La TV, la radio e Internet ( y las relaciones sociales que expresa su concentración propietaria) parecen tener mayor influencia que la escuela o los vínculos familiares en el proceso de aprendizaje y lectura de la realidad.

Deberíamos preocuparnos que en varios países latinoamericanos los jóvenes concurrentes a escuelas medias lo hacen durante cuatro horas diarias y después se sientan cuatro horas y media delante de la TV. El promedio Europeo es de ocho horas diarias en la escuela y tres frente a la TV. Sin demonizar los efectos de la “pantalla chica” y las FM reiterativas cabe nuestra responsabilidad de enseñar cómo ver TV y escuchar con sentido crítico.

En efecto: si el poder económico es también poseedor de los medios de difusión; no hay lugar para duda alguna. Apuntarán a acumular ganancias y a organizar la dispersión y la desorientación de la sociedad para garantizar el status quo.

Es mejor que las FM, las editoriales gráficas, Internet y la TV modelen las nuevas preferencias y las modas de los jóvenes a que descubran (por ejemplo) que un 29 de mayo de 1969 obreros y estudiantes “protagonizaron” en Córdoba una puja antidictatorial decisiva. Como lo definió la editorial de la Revista Los ’70 de julio de 1997 “la violencia y la solidaridad fueron la pulsión del cordobazo”.

¡Pero claro la TV no puede ni debe narrarnos el pasado! Primero porque narrar es historizar y segundo porque ciertos sucesos deben esquivarse a fin de que predomine el esparcimiento o las maniobras que los “amos” de los medios requieran en ese momento.

El 29 de mayo de 1969 Córdoba fue la “furia del fuego antidictatorial”. Tuvo que intervenir la IV Brigada de Infantería al mando el General Jorge R. Calcagno para “recuperar la ciudad”. Son controvertidas las versiones que testimonian la intromisión de Calcagno.

El presidente Onganía rubricó entonces un decreto y creo el Consejo Especial de Guerra para juzgar a “quienes atentaron contra el orden y la seguridad públicas”. Quizás Onganía estaba respondiéndole a los reclamos de la Bolsa de Comercio de Córdoba: “severas sanciones para los autores de la depredación y el pillaje”.

El comandante del III Cuerpo de Ejército Sánchez Lahoz fue terminante. Los sucesos fueron causados por “la intervención de células comunistas, internas e internacionales”.

Lo cierto -sin embargo- fue que Onganía y su torpeza favorecieron la unidad en la acción de gremios y sindicatos políticamente diversos. Agustín Tosco, Elpidio Torres, Atilio López (UTA), Miguel A. Correa (madereros), Héctor Castro (ATE), Jorge Canelles (UOCRA) y Carlos Borelli (petroleros) participaron del “Cordobazo” del 69. Ellos decidieron ( sobre todo Tosco en acuerdo con Torres) un paro activo para el 29 de mayo.

La gesta popular fue madurando de a poco y comprendió la politización del movimiento estudiantil. Sentían una profunda rabia por el asesinato de Santiago Pampillón ocurrido el 7 de setiembre de 1966. Los jóvenes no toleraban más el oscurantismo académico y las persecuciones del onganiato. El 19 de mayo de 1969 se intervino la Universidad “por el actual clima de agitación”.

“El paro activo de 36 horas que se aprobó entonces marcó una nueva modalidad de lucha que se pondría a prueba en las calles cordobesas. El plan consistió en mantener el funcionamiento del transporte urbano de pasajeros para llevar a los obreros a su lugar de trabajo, cumplir normalmente las tareas hasta media mañana, abandonar las fábricas a partir de esa hora y encolumnarse para marchar hacia el centro y, finalmente, realizar un acto de protesta frente al local de la CGT de los Argentinos”, relatan Angel Stival y Juan Iturburu en su artículo Córdoba Insurgente.

El acto programado por supuesto no se realizó y las filas de obreros fueron sumando estudiantes y vecinos. Se enfrentaron así con la policía y surgieron “trincheras” y “barricadas” como autodefensas. Aproximadamente a las 12:30 cae la primera víctima: Máximo Mera. Y con la “furia antidictatorial” los manifestantes se apropiaron de la ciudad. Tomaron el Círculo de Suboficiales y la Dirección General de Rentas. Incendiaron la empresa yanqui Xerox y Citroen. Se destruyó todo lo que significaba sojuzgamiento e injusticia (“sedes de compañías transnacionales, edificios militares, IICANA, la Confitería oriental”) y se preservó la propiedad de los vecinos y los edificios públicos que no representaran autoritarismo. A 28 años del “cordobazo” la revista Los ’70 entrevistó al ex operario de autopartes Transax Taurencio Atencio.

- “¿Cuál es hoy tu análisis del cordobazo?”, le preguntaron.

- “La consecuencia fundamental es que lo tumbamos a Onganía, que se quería quedar 20 años. Había un rechazo concreto de la población hacia los militares. Las fuerzas armadas han servido siempre para que el poder aplique planes económicos antipopulares. Pero en el cordobazo se toparon con la resistencia popular. Lo lamentable es que hoy, sin golpes militares y con partidos que no reaccionan frente a la pobreza y la desocupación, se implementan planes que ya en aquel entonces se veían venir y que, en nombre del dios de los mercados, han marginado a la mayoría de la población”.

En definitiva, obreros y estudiantes - de modo espontáneo u organizado, queda mucho por revelar al respecto- gestaron aquella histórica rebelión demostrando que siempre se levantarán por más golpes y garrotazos que le apliquen encima.

Y a quienes pretendan rigurosidad académica les digo que no la busquen en este texto. Sí, no la busquen aquí entre estas simples palabras; pues a mis 32 años trato de aportar aunque sea mínimamente para que no haya jóvenes que confundan al “Cordobazo” con “Operación Triunfo”. Hay una gran diferencia, ¿no?.

Sí, porque no es lo mismo bregar por el bienestar de las mayorías que mirar frente a la TV como bregan otros.

O somos protagonistas o somos espectadores. Cada cual que decida.