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Izquierda: monumento a las tropas soviéticas que liberaron Alemania del nazismo en las colinas de Seelow, Alemania. Derecha: representación de una casamata.

La toma de Berlín y la capitulación de Adolf Hitler costó un enorme sacrificio al Ejército Rojo. La hija del coronel Marchenko, jefe de la 39ª división del 8º ejército de la Guardia, que comandaba el general Vasili Chuikov, recuerda un episodio de la guerra que su padre guardó en su memoria hasta su muerte.

Antes del comienzo de los combates por las alturas de Seelow, cerca de Berlín, la 39ª división de infantería fue dotada de un cuerpo blindado. No me acuerdo ya del nombre del general que la comandaba, pero mi padre me lo describió así: más bien de edad, muy culto, un militar conocedor de su oficio.

Mi padre y él habían estudiado la manera de tomar las alturas. Las casamatas alemanas estaban orientadas para resistir a los tanques y reforzadas consecuentemente. Mi padre decía que atacar de frente sería un suicidio. Había entonces que pensar en otra cosa.

Propuso conformar pequeños grupos de combate, de tres o cuatro hombres, y enviarlos al otro lado de la línea del frente de manera que pudiesen atacar las casamatas por los lados y destruir con granadas la mayor cantidad de ellas. Los tanques podrían meterse entonces en los corredores así creados.

El general dio su aprobación. Mi padre le expuso su plan a Chuikov y éste lo aceptó al estimar que se trataba de una decisión acertada.

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Gráfico de la batalla en las colinas de Seelow hace 60 años.

En plena noche, mientras que se formaban los grupos, el teléfono sonó bruscamente. Solicitaron que el general se pusiera al habla. Desde su puesto de observación, Gueorgui Zhukov comenzó a increpar al general. Según mi padre, el general se puso blanco como una hoja de papel.

Zhukov vociferaba, llamándolo traidor, prometiendo ejecutarlo personalmente. ¿Por qué los tanques no atacaban? Después, Chuikov se puso al teléfono y -en el mismo tono- le repitió lo mismo al coronel Marchenko.

Durante la noche del 17 de abril, los tanques avanzaron hacia los montes Seelow y lanzaron un ataque frontal... Papá recordaba aquella mañana excepcionalmente tranquila y clara, los restos de tanques, de los que se elevaban, como árboles, columnas de humo.

Parecía que había crecido un bosque en las faldas de las alturas. Unos 400 tanques quedaron allí, inmovilizados para siempre. Los combates por aquellas alturas se prolongaron durante cuatro días. Los montes Seelow fueron conquistados el 19 de abril a un precio terrible.