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A medida que se aproximaba la fecha límite del 30 de junio de 2004, la lucha por nombrar al futuro primer ministro iraquí se hacía más encarnizada. Ahmed Chalabi, candidato de siempre de los Estados Unidos, contaba en ese momento importante tan solo con el apoyo del Departamento de Defensa mientras la CIA y el Departamento de Estado se habían aliado para eliminarlo.

Sea como sea, el gobierno sólo tendría autoridad si es investido por la ONU, es decir por el Consejo de Seguridad a propuesta del Secretario General. Desde hace tiempo, el enviado especial de Kofi Annan, el diplomático argelino Lakdhar Brahimi, multiplicaba las consultas, no sólo para encontrar un primer ministro sino también un presidente, dos vicepresidentes y veintiséis ministros.

Personalidades que habían dado en un primer momento su aprobación cambiaron de opinión luego del asesinato del presidente del actual Consejo de Gobierno Provisional. Es probable que el futuro gobierno, más allá de las apariencias jurídicas formales, esté en la práctica bajo la tutela del ejército de ocupación y se convierta en el blanco prioritario de la resistencia.

Por lo demás, el señor Lakdhar Brahimi no es un personaje neutro en esta mediación: acaba de prometer en París a su hija, periodista de la CNN, con el príncipe Alí de Jordania, uno de los pretendientes hachemitas al trono de Irak. Algunos especialistas de la comunicación imaginan un restablecimiento de la monarquía alrededor de un matrimonio de sueños, comparable al del heredero del trono de España que acaba de casarse con una presentadora de CNN.

Con esta perspectiva, sus adversarios se apresuraron en revelar a la prensa los contactos establecidos por Brahimi con Hussain al-Shahristani. Este último, quien es presentado como un científico sin ataduras partidarias, ofrecía un perfil simbólico para el puesto de primer ministro: ex responsable del programa nuclear iraquí, se había negado a proseguir las aplicaciones militares y había sido encarcelado por Sadam Husein.

De esta forma, un hombre que había luchado contra las armas de destrucción masiva habría sido colocado en el poder por una coalición militar que vino a destruirlas. Sin embargo, este anuncio prematuro despertó la cólera de Washington: lejos de ser independiente, como dicen las agencias de prensa, Shahristani está en realidad vinculado al MI6 (espionaje) británico. En estas mismas columnas relatamos, hace más de un año, su papel en la campaña de desinformación dirigida por el Reino Unido con relación a las armas de destrucción masiva [1]. Se puso fuera entonces la candidatura de Shahristani.

Un nuevo cambio se produjo entonces hace ya más de un año, cuando el 28 de mayo 2004, el Consejo de Gobierno Provisional adoptó una moción a favor de la candidatura de Iyad Allawi, primo y sin embargo rival de Chalabi, lo que fue aprobado efusivamente a continuación por el embajador-regente estadounidense en Irak ocupado, L. Paul Bremer III.

Ahmed Chalabi y la CIA

Nacido en 1945, Ahmed Chalabi pertenece a una gran familia de banqueros iraquíes. Su abuelo, su padre y su hermano han ocupado puestos importantes en diferentes gobiernos monárquicos pro británicos que gobernaron Irak antes de la revolución del partido Baas en 1958. El propio Chalabi abandonó el país en 1956.

Vivió entonces en el Líbano, en Jordania y después en los Estados Unidos donde realizó estudios de matemáticas en el Massachusetts Institute of Technology. Fue discípulo de Albert Wohlstetter, teórico de la bomba estadounidense, teórico de la Rand Corporation y figura tutelar de los partidarios del recrudecimiento de la Guerra Fría [2]. Este padrinazgo le abre las puertas del aparato de Estado secreto de los Estados Unidos: Consejo Nacional de Seguridad, CIA, Estado Mayor Conjunto.

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Ahmed Chalabi dando una conferencia de prensa.

En 1977, el príncipe heredero Hassan de Jordania le invita a crear y presidir el Petra Bank, establecimiento bancario que se convertirá rápidamente en el segundo banco comercial más importante del país. Como presidente de la sociedad, Chalabi lleva a cabo diversas operaciones financieras ocultas hasta que las autoridades jordanas ponen término a la situación en agosto de 1989 al situar el banco bajo el control de la ley marcial.

El responsable de las transacciones monetarias es detenido y Ammán se ve obligada a inyectar 164 millones de dólares en las arcas del banco para mantenerlo a flote. Implicado personalmente en el escándalo, Chalabi logra salir del país en circunstancias rocambolescas: según Max Singer, del Hudson Institute, el propio príncipe Hassan condujo al iraquí hasta la frontera jordana.

El colapso del Petra Bank provoca el desmoronamiento en cadena de sus hermanos en Suiza y el Líbano, los bancos Socofi y Mebco, ambos dirigidos por el hermano de Ahmed Chalabi. En su huida, los Chalabi lograron llevarse 70 millones de dólares.

La magnitud de la malversación y de las irregularidades hizo que los tribunales jordanos lo condenaran en rebeldía, en 1992, a 22 años de trabajos forzados [3].

Calificado por el presidente del banco central jordano como el «más célebre estafador de la historia del Oriente Medio», Chalabi afirma que todo este asunto no es más que un complot promovido por los hombres de Sadam Husein para desacreditarlo políticamente.

Como quiera que sea, Chalabi había escogido como abogado del Petra Bank en Washington al ex secretario de Defensa, Casper Weinberger, estrechamente vinculado también a Albert Wohlstetter. Weinberger fue el promotor del programa de rearme nuclear y de la «guerra de las galaxias». Se vio obligado a dimitir por «felonía» en el escándalo del Irangate.

Para financiar esas operaciones secretas, participó en la malversación, por parte de la CIA, del Bank of Commerce and Credit International (BCCI), que se desmoronó debido a un caso muy similar al del Petra Bank [4].

Chalabi se dirige entonces a Londres y obtiene la nacionalidad británica. A pesar de, o a causa de, su pasado sulfuroso, se convierte en un interlocutor privilegiado de los Estados Unidos como representante de la oposición a Sadam Husein. Los Estados Unidos y la coalición internacional que lograron reunir acaban de ganar la primera guerra contra Irak, en mayo de 1991.

En el período ulterior de posguerra, el presidente estadounidense George H. W. Bush firma un decreto presidencial que autorizaba a la CIA a crear las condiciones para destituir al dictador iraquí. La CIA confía las operaciones de propaganda al Rendon Group, una sociedad de relaciones públicas dirigida por John Rendon [5].

Según ABC, la firma recibe más de 23 millones de dólares el primer año en el marco de su contrato con la CIA [6]. Dinero bien empleado: Rendon se encarga de encontrar un nombre para designar a la coalición de 19 organizaciones iraquíes y kurdas, encargada de «recopilar información, divulgar propaganda y reclutar disidentes».

Este será el Consejo Nacional Iraquí, que recibirá 12 millones de dólares de la CIA entre 1992 y 1996. Reúne a personas de todas las comunidades, pero a pocos líderes representativos, con excepción del kurdo Massoud Barzani. Los estatutos son establecidos en el Congreso de Viena en junio de 1992 y Ahmed Chalabi ocupa la dirección del Comité Ejecutivo. Chalabi puede contar con los servicios de un gabinete dirigido por Francis Brooke, delegado por el Rendon Group y pagado por la CIA.

Como jefe de la oposición iraquí, convertido en caballero por James Woolsey, director de la CIA, regresa al norte de Irak, región controlada por los kurdos. Se le da la tarea de preparar allí una operación militar contra Sadam Husein, pero las disensiones en el seno del CNI (Consejo Nacional Iraquí) hacen difícil su tarea.

En mayo de 1994, los dos principales partidos kurdos, el Partido Demócrata Kurdo (PDK) y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) se enfrentan por razones territoriales y políticas. Es el momento escogido por su primo Iyad Allawi y el MI6 (espionaje británico) para formar una federación rival, el Acuerdo Nacional Iraquí (ANI).

Hijo de un ex ministro de la monarquía pro británica, Iyad Allawi fue el líder de los estudiantes partidarios del Baas en Europa mientras realizaba sus estudios de medicina en Londres en los años 70. En los momentos en que participa en una operación de compra de armas en Arabia Saudita, es acusado de haber malversado una importante comisión para su beneficio y Sadam Husein da la orden de asesinarlo.

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Iyad Allawi otro siniestro manipulador y gran rival de Ahmed Chalabi.

En 1978, sobrevive a un atentado en su domicilio y busca la protección del MI6 británico. Luego de la guerra del Golfo, reanuda los vínculos con sus antiguos camaradas del Baas, recluta agentes en el ejército iraquí y forma una red clandestina.

De esta forma, cuando John M. Deutch, nuevo director de la CIA, se percata de la ineficacia del CNI de Chalabi decide ponerlo a competir con el ANI de Allawi, pero esto no impide la catástrofe.

En 1996, Washington anula a última hora el plan de derrocamiento de Sadam Husein mientras que el PDK se alía con el dictador iraquí para retomar la ciudad de Arbil, controlada por la UPK y donde radica la sede del Consejo Nacional Iraquí. De paso, la ANI ordena dinamitar los locales del CNI en un ajuste de cuentas fratricida poco antes de que el ejército iraquí se apodere de la ciudad. Las tropas de Sadam Husein ejecutan a más de 200 opositores y detienen a otros 2,000.

Ahmed Chalabi y el Mossad

Este violento revés acentúa las disensiones internas del CNI del que todos se alejan. Abandonado por la CIA, pero en contacto aún con la OTAN, Chalabi busca nuevos mentores. Se acerca a Israel y realiza dos viajes a Tel-Aviv. El 2 de junio de 1977, imparte una conferencia sobre la creación de un nuevo Irak post Sadam Husein ante el Jewish Institute for National Security Affairs (JINSA) [7]. En el auditorio, encontramos a sus amigos Richard Perle (yerno de Albert Wohlstetter a quien Chalabi rinde homenaje esa noche) y James Woolsey (ex director de la CIA). Lo vemos poco después en el Washington Institute for Near East Policy (WINEP) del cual se convierte en conferencista regular.

Sus esfuerzos son recompensados. De él se encarga el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano (PNAC), el think tank (centro de investigación, propaganda y divulgación de ideas, generalmente de carácter político N. del T.) neoconservador que prepara la candidatura de Bush Jr.

En 1998, senadores sionistas organizan audiencias para demostrar que no es necesario atacar a Irak para derrocar a Sadam Husein. El objetivo puede lograrse con el apoyo en una oposición armada. Chalabi, quien tiene un pico de oro, se convierte en una estrella de los medios de comunicación. Declara: «Denle al Congreso Nacional Iraquí una base protegida de los tanques de Sadam, dennos el apoyo temporal que necesitamos para alimentar, proteger y cuidar a la población liberada y les daremos un Irak libre, un Irak sin armas de destrucción masiva y un Irak de libre mercado. ¿Se puede pedir algo mejor? ¡El INC lo hará todo gratis!» [8].

Seducidos, los congresistas aprueban la ley sobre la liberación de Irak. Para financiar los servicios «gratuitos» del INC, liberan 97 millones de dólares destinados a la formación militar y al armamento de los rebeldes [9]. Sin embargo, Bill Clinton sólo derrama este maná a cuenta gotas y una parte se pierde en el camino. Según la BBC, «sólo una parte de esta suma fue gastada y el CNI fue, por consiguiente, testigo de luchas internas en la cumbre» [10]. Chalabi sólo puede entonces contar con sus amigos israelíes.

Es entonces presentado al American Enterprise Institute (AEI) e invitado a participar en el seminario anual de la asociación en Baever Creek. Allí conoce a Donald Rumsfeld y a los esposos Cheney. También es invitado a una cumbre de la AEI en Turquía, donde participa en una mesa redonda con el príncipe Hassan de Jordania, quien no le guarda resentimiento por el desmoronamiento del Petra Bank.

El CNI organiza algunas incursiones relámpago en territorio iraquí para atacar infraestructuras petroleras o de otro tipo, pero Ahmed Chalabi se muestra discreto. Obtiene sin embargo un apoyo logístico fuera del marco de las vías oficiales del Pentágono. El ex jefe de las fuerzas especiales, el general retirado Wayne Downing, organiza «cursillos» destinados a los futuros combatientes del CNI [11].

Sin embargo, la credibilidad de Chalabi y la de sus esbirros resulta mancillada: el general Anthony Zinni, ex jefe del Central Command (Comando Central) de las fuerzas estadounidenses en el Cercano Oriente, ridiculiza al equipo del CNI al hablar de «esos muchachos vestidos de seda que usan Rolex y viven en Londres».

En su opinión, apoyar al CNI es una estrategia suicida. En 1999, un rotundo artículo de Foreign Affairs denigra la estrategia preconizada por el CNI consistente en lanzar una ofensiva por parte de un ejército organizado de cualquier modo, que opera a partir de las supuestas zonas a las que no tienen acceso los aviones al norte y al sur de Irak [12]. Según la revista, una operación de este tipo sería «ridícula desde el punto de vista militar y terminaría con certeza en una intervención directa de los Estados Unidos o en un gran baño de sangre».

La figura de Chalabi es tan controvertida que este pierde parte de su autoridad en el CNI. En 1999, se ve obligado a abandonar la presidencia y ceder el paso a una dirección colegiada de siete miembros que representan las diferentes tendencias de la oposición a Sadam Husein.

Ahmed Chalabi y el Pentágono

Desde la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca, el Pentágono comienza a planear la invasión de Irak. Ahmed Chalabi es de inmediato llamado, más aún cuando sus amigos Richard Perle y James Woolsey pertenecen a la nómina del Pentágono. El primero preside el Comité Consultivo de Política de Defensa del cual es miembro el segundo.

El 11 de septiembre, Donald Rumsfeld toma el poder. El 19 y el 20, convoca una reunión secreta de su Consejo Consultivo [13]. Además de los 18 miembros permanentes (Henry Kissinger, Newt Gingrich, Dan Quayle, James Schlesinger etc.), une dos invitados a la partida: Ahmed Chalabi y Bernard Lewis, el inventor del choque de las civilizaciones [14].

El Consejo precisa el papel de Chalabi. El «disidente» es encargado de vender la guerra a la opinión pública estadounidense haciendo creer dos ideas: por una parte que no se tratará de un conflicto prolongado contra un país, sino de una ayuda externa a la liberación de los iraquíes por sí mismos, y por otra que los Estados Unidos deben intervenir no sólo porque son los defensores de la libertad sino porque su propia seguridad está en juego. De hecho, Sadam Husein está en guerra contra «América». Brindó ayuda logística a Bin Laden para perpetrar los atentados del 11 de septiembre y está dispuesto a darle armas de destrucción masiva para cometer otras atrocidades.

Para montar esta campaña de desinformación, Chalabi será respaldado por James Woolsey, cuyos honorarios como consultor serán pagados por el Pentágono. Ambos hombres se instalarán en Londres y podrán contar con aviones del gobierno para su desplazamiento.

Una guerra de la comunicación opone enseguida al Departamento de Defensa y al Departamento de Estado y a la CIA. Chalabi multiplica las declaraciones terminantes y presenta falsos testimonios de tránsfugas iraquíes. Sadam Husein, el déspota oriental que cada día tiraniza a su propio partido se convierte en un sádico que tortura personalmente a una mujer joven. El presidente laico se transforma en aliado del islamista Bin Laden. Su ejército vencido se convierte en uno de los mejor armados del mundo [15].

Para dar los últimos toques al éxito de la operación, el Pentágono promueve la creación de un Comité para la Liberación de Irak financiado por mercaderes de armas impacientes por destruir a Irak y empresarios ávidos de los futuros mercados de reconstrucción [16].

La prensa no verifica ningún testimonio, ni siquiera los más extraños, ya que han sido autentificados por partida doble por los exiliados del Consejo Nacional Iraquí y por los políticos estadounidenses del Comité para la Liberación de Irak.

La CIA trata de frenar este diluvio de insidias. «Las informaciones del CNI no son creíbles», declara Vincent Cannistraro, ex responsable de la agencia. «Gran parte no es más que propaganda; gran parte consiste en decirle al Departamento de Defensa lo que quiere escuchar y gran parte es empleada para sostener las propias ambiciones presidenciales de Chalabi. No establecen la más mínima diferencia entre información y propaganda al utilizar supuestos informantes y tránsfugas que dicen lo que Chalabi quiere que digan. [Crean de esta forma] información premasticada que forma parte de los discursos del Presidente y del Vicepresidente», concluye Cannistraro.

El Departamento de Estado no se queda a la zaga. El objetivo de la maniobra es ya conocido por todos: «Lo que tienen en mente es la desnacionalización y el reparto posterior del petróleo iraquí entre las compañías petroleras estadounidenses», explica James E. Akins, ex embajador de los Estados Unidos en Arabia Saudita, y previene que a largo plazo, el CNI de Chalabi y sus amigos neoconservadores buscan el desmembramiento de Arabia Saudita, el embargo de su petróleo y el fin de la OPEP en el marco de un vasto plan de remodelación del Medio Oriente.

Ahmed Chalabi hace demasiado

La guerra se acerca y Chalabi no abriga la menor duda con relación a los resultados pues sabe que Sadam Husein no posee ninguna de las armas que se le atribuyen. Se ve ya como primer ministro o presidente y comienza, con toda imprudencia, a vender la piel del oso antes de haberlo matado. En el Pentágono le dejan hacer con el convencimiento de que todos aquellos que crean en sus promesas apoyarán la guerra.

A mediados de octubre de 2002 se reúne en varias ocasiones con los dirigentes de las tres principales empresas petroleras estadounidenses. Hasta el momento, como explica uno de ellos, el gigantesco mercado iraquí les ha estado vedado: «Una de las frustraciones de las compañías petroleras norteamericanas es que los rusos, los franceses y los chinos ya han establecido relaciones con Irak. La pregunta es: ¿Cuánto de todo esto será santificado por los que sucedan a Sadam?».

Sin embargo, lo que está en juego con la invasión de Irak, el petróleo, sigue siendo de manera oficial una cuestión tabú sobre la cual los jefes de empresa estadounidenses tratan de mantener la discreción, al igual que cuando se trata de sus relaciones con el CNI. Sin embargo Chalabi no puede evitar seguir hablando. Así, declara al Washington Post que el CNI se propone recompensar a sus amigos: «Las compañías estadounidenses obtendrán la mayor parte del petróleo iraquí».

El hombre de negocios se vuelve ambicioso y molesto para Washington. Ya en febrero de 2003, el gobierno de Bush se dividía con relación a su caso. Chalabi proponía constituir «un gobierno provisional en el momento en que se desencadenara la guerra» compuesto por miembros del CNI y de cuya dirección se encargaría. Una posición que le abriría las vías del poder una vez concluida la campaña militar. Este plan «le enajena algunos de sus apoyos más entusiastas en el Pentágono y en el Congreso que temen que el anuncio de constitución de un gobierno provisional formado por exiliados pueda dividir el sentimiento contra Sadam en Irak» [17].

La mina de oro iraquí

La invasión de Irak es un paseo por el campo. Los generales de Sadam Husein desertan y entregan el país a la Coalición a cambio de unos puñados de dólares. En las primeras semanas, la resistencia popular no tiene tiempo de organizarse. Ahmed Chalabi se dedica a la reconstrucción. Es la hora del saqueo y de los buenos negocios. De esta forma, L. Paul Bremer III concede 400 millones de dólares por concepto de contratos públicos a la fantasmal sociedad Nour USA, dirigida por A. Huda Faouki, pero propiedad, secreta, de los Chalabi.

Ahmed Chalabi, quien no cuenta con la más mínima legitimidad en Irak, adquiere poder al transformarse en el genio de la desbaasificación. Luego de la caída de Bagdad, se apodera de los ficheros de la policía secreta del régimen y hace que Bremer nombre a su sobrino, Salem Chalabi, presidente del tribunal encargado de juzgar a Sadam Husein y sus cuadros. Se halla así en posición de acusar o de exculpar a quien mejor le parezca.

Iyad Allawi, por su parte, adopta la estrategia contraria. Se presenta como un antiguo miembro del Baas que pasó a las filas de la oposición no porque hubiera cambiado de opinión sino porque Sadam Husein había desnaturalizado al Baas. De esta manera ofrece una vía de rehabilitación a los cuadros del régimen.

Sin embargo, con el decursar del tiempo, la ocupación se revela más peligrosa y mortal que la invasión. El fiasco in situ atiza los odios en el seno del gobierno de Bush. Para impedir que el Pentágono logre su objetivo, el Departamento de Estado se asegura de recordar a la prensa los antecedentes penales de Chalabi y su episodio en el Petra Bank sale de nuevo a flote.

En agosto de 2003, una petición circula entre los diputados jordanos para pedir la extradición de Chalabi desde Irak [18]. Se vuelve a hablar de la investigación realizada a finales de 2002 por el Departamento de Estado sobre las finanzas del CNI y una vez más salen a flote importantes irregularidades. Se sabe sobre todo que de los cuatro millones de dólares concedidos por Bill Clinton en 1998, al menos dos millones desaparecieron.

El 20 de mayo de 2004, la policía iraquí entra al cuartel general del CNI en Bagdad y registra el domicilio de Chalabi [19]. Para unos, se trata del comienzo de la caída de un estafador internacional que ya no es útil para nadie. Para otros, es una representación para tratar de limpiar su imagen de «lacayo del imperialismo».

Ahmed Chalabi, chivo expiatorio

Esta semana, la prensa estadounidense retomó una información que emana supuestamente de la Agencia de Información Militar (DIA): Ahmed Chalabi sería un doble agente. De cultura chiíta, era desde hace mucho tiempo atrás un agente iraní infiltrado en el campo estadounidense.

Habría engañado a los gobiernos de Clinton y Bush para llevarlos a destruir Irak, enemigo hereditario de Irán. Esta exclusiva provoca una debacle mediática: se ruega a todos los periodistas que reflejaron las implicaciones de Chalabi que se expliquen con toda celeridad si no quieren ser acusados de complicidad con Irán. El New York Times pide disculpas a sus lectores: reconoce haber publicado a lo largo de los años todo tipo de tonterías basándose en testimonios de exiliados que habían sido presentados por Chalabi y que habían sido confirmados por personalidades estadounidenses (¿El Comité para la Liberación de Irak?) [20].

Ahmed Chalabi, por su parte, lo asume todo con estoicismo: declara no haber servido nunca a Irán, sólo a su país, y que se le había ido la mano con tal de que los Estados Unidos liberaran a Irak.

Esta agradable representación hace un favor a todos a falta de ser convincente. Irán estaba en conflicto con los talibanes desde el momento en que Pakistán los instaló en Afganistán por orden de los Estados Unidos. Teherán colaboró sin dificultades con Washington cuando, luego de la ruptura de las negociaciones petroleras de julio de 2001, la Casa Blanca decidió destruir a su criatura aprovechando los atentados del 11 de septiembre.

De igual forma, cuando los Estados Unidos comenzaron a desplegar su dispositivo en los alrededores de Irak, los iraníes autorizaron la apertura de una oficina del CNI en Teherán. Se trataba para ellos de preservar los intereses de los chiítas iraquíes, pero su temor, que se materializó, era ver a las tropas estadounidenses establecerse al mismo tiempo en Afganistán e Irak para rodearlos. No tenían por lo tanto ningún interés en forzar esta guerra.

Al contrario, el movimiento sionista internacional es el que reclamaba desde 1942 el desmantelamiento de Irak y es Israel el que ha subsidiado las necesidades de Chalabi durante su período de vacas flacas, de 1996 a 2001.

Además, los periodistas que publicaron imputaciones falsas sobre las armas de destrucción masiva y otros vínculos con Al Qaeda no tienen excusa alguna. No fueron engañados por campañas de envenenamiento, sino que participaron en ellas. De esta forma, Judith Miller, reportera estrella del New York Times, no sucumbió a la labia de Ahmed Chalabi sino que la utilizó para justificar una guerra a favor de la cual militaba conjuntamente con James Woolsey desde hacía años.

Luego del episodio rocambolesco del ántrax, el New York Times habría debido deshacerse de ella. Recordemos que la señora Miller pretendía ser un blanco de Bin Laden y haber sido contaminada con ántrax. Varias oficinas del periódico fueron evacuadas y Judith Miller no sucumbió ni a esta enfermedad ni al ridículo [21].

No existía ninguna otra razón honesta para conceder más crédito a las fabulaciones de Ahmed Chalabi sobre las armas de destrucción masiva que a los informes de Hans Blix y de los inspectores de la ONU que las desmentían. Además, el New York Times ofrece disculpas por varias mentiras pero no por haber acreditado la fábula de la liberación de Bagdad.

En este caso conviene recordar una vez más que CNN y APTN transmitieron en directo imágenes de alborozo popular cuando se echó abajo una estatua gigante de Sadam Husein en la plaza Felaous, imágenes que fueron reproducidas por toda la prensa escrita. Ahora bien, sólo se trataba de una representación limitada cuyos figurantes fueron suministrados por Ahmed Chalabi [22].

Así lo explicaba en aquel momento Patrick Clawson, director del WINEP y consejero de Chalabi: «Quiero crear la historia nacional según la cual los iraquíes se liberaron a sí mismos. (...) Tal vez esto no sea más cierto que la idea de que los franceses se liberaron solos durante la segunda guerra mundial».

La carta Allawi

Recibido el 6 de mayo de 2004 en la Casa Blanca, el rey Abdallah de Jordania pidió él mismo a George W. Bush que apartara a Ahmed Chalabi en beneficio de una personalidad aceptable para todos los Estados vecinos de Irak. En los días siguientes se confirmó la elección de Iyad Allawi, quien durante sus años de exilio trabajó de común acuerdo con los servicios secretos británicos y estadounidenses, sauditas, sirios y jordanos.

Hoy, es el único capaz de reconstruir un gobierno en Irak por medio de la rehabilitación de los cuadros del partido Baas. Sus posiciones nacionalistas y laicas garantizan el mantenimiento de la integridad territorial del país y ya no representan un peligro para los Estados vecinos ya que Irak ha sido desmilitarizado.

Sin embargo, la lucha por el poder en Bagdad está lejos de haber concluido y Ahmed Chalabi puede aún volver a los planos estelares.

[1] En francés: «Témoin surprise», Voltaire, 25 de febrero de 2003.

[2] Ver nuestra investigación «Los manipuladores de Washington», por Thierry Meyssan, Voltaire, 11 de enero de 2005.

[3] «Tinker, Banker, NeoCon, Spy», por Robert Dreyfuss, The American Prospect, 18 de noviembre de 2002. «A bankable ringer to replace Saddam?», por Arnaud de Borchgrave, Washington Times del 2 de diciembre de 2002. «Financial scandal claims hang over leader in waiting», por David Leigh y Brian Whitaker, The Guardian, 14 de abril de 2003. «The implosion of Chalabi’s Petra Bank», por John Dizard, Salon.com, 4 de mayo de 2004.

[4] Sería conveniente recordar que George H. Bush (el padre) desempeñó un papel central en la BCCI y que la comisión de investigación senatorial que sacó a la luz este fraude fue presidida por John Kerry.

[5] John Rendon sirvió de modelo a Barry Levison para su película Wag the Dog.

[6] «Propagandist for hire», por Mark Atkinson, ABC.

[7] «Creating Post-Saddam Iraq, presented by Ahmad Chalabi, president of the executive concil of the Iraq national congress». JINSA sping board meeting, Washington D.C., 2 de junio de 1997.

[8] «Can Saddam Hussein Be overthrown?», audiencias ante el Subcomité para los Asuntos del Cercano Oriente y Asia del Sur, 2 de marzo de 1998. Los miembros del Subcomité escucharon también a Richard Hass, Zalmay Khalilzad y a James Woolsey.

[9] Iraq Liberation Act, S. 2525, 29 de septiembre de 1998.

[10] «Profile : Ahmed Chalabi», BBC News, 3 de octubre de 2002.

[11] Ver «La planificación secreta de la colonización de Irak», Voltaire, 18 de marzo de 2005.

[12] «The Rollback Fantasy», por Daniel Byman, Kenneth Pollack y Gideon Rose, Foreign Affairs, enero-febrero de 1999.

[13] «Some Pentagon officials and advisors seek to oust Iraq’s leader in war’s next phase», por Elaine Sciolino y Patrick Tyler, New York Times, 12 de octubre de 2001.

[14] La expresión choque de las civilizaciones fue popularizada por Samuel Huntington pero inventada por su profesor Bernard Lewis.

[15] En 1991, Dick Cheney afirmó que Irak poseía el tercer ejército del mundo (después de los Estados Unidos y la URSS y antes del Reino Unido y Francia). En 2002, Cheney afirma con el mismo aplomo que cuenta con uno de los armamentos más letales del mundo.

[16] «Une Una guerra jugosa para la Lockheed Martin», Voltaire, 7 de febrero de 2003.

[17] «US falls out with Iraqi opposition», por Julian Borger, Michael Howard, Luke Harding y Dan De Luce, The Guardian, 21 de febrero de 2003.

[18] «Jordan MPs Seek Extradition of Iraqi Politician», por Suleiman al-Khalidi, Reuters, 18 de agosto de 2003.

[19] «Chalabi blames Baathists for raid », CNN, 20 de mayo de 2004.

[20] «The Times and Iraq», From the editors, The New York Times, 26 de mayo de 2004.

[21] Leer nuestra investigación «Judith Miller, periodista de desinformación masiva», por Paul Labarique, Voltaire del 21 de febrero de 2005.

[22] Leer «¿El fin de la guerra?», por Jack Naffair, Voltaire, 15 de abril de 2003.