El mundo entero vivió la agonía del Papa. Su largo calvario movilizó a católicos y no católicos. Esa situación hace del Papa el primer dirigente mundial. Se habla de George W. Bush, de Tony Blair o de Hu Jintao como dirigentes mundiales, pero no son más que dirigentes nacionales con un impacto mundial. Él era un verdadero dirigente mundial pues dirigía la organización transnacional de seres humanos más grande, creía en la universalidad de su mensaje y aprovechó la oportunidad tecnológica que le permitió hacer llegar su mensaje personalmente al mundo.

Como agnóstico liberal, no estoy en condiciones de juzgar su acción sobre la Iglesia Católica pero puedo juzgar su impacto en el mundo. Fue el principal actor de este último cuarto de siglo. Actor en el sentido de quien encarna un papel pero también en el sentido de quien actúa. En realidad no se puede demostrar su papel en la caída del comunismo pero hoy en día, todas las figuras de primer plano de esta época, sea cual sea su bando, reconocen que desempeñó un papel central. Sin él, no hubieran tenido lugar la revuelta de Solidarnosc en 1980, ni los cambios en la política soviética posteriormente y, por lo tanto, tampoco se hubiera producido la revolución de terciopelo en 1989.

Su visión política incluía la reunificación de Europa y deseaba que su amada Polonia entrara en la Unión Europea. De igual manera, luchó por la libertad en el tercer mundo, por más justicia social y por la paz. Su gran error fue continuar la política de Pablo VI en lo que se refiere a la contracepción. En cambio, hizo todo lo posible por evitar el desarrollo del choque de civilizaciones. Fue un ejemplo para todos nosotros.

Fuente
The Guardian (Reino Unido)
The Age (Australia)

The Guardian, The AgeReferencia: «The first world leader», por Timothy Garton Ash, The Guardian, 4 de avril de 2005. «The first true leader of a fractured world», The Age, 5 de abril de 2005.