Stalin un día preguntó con desinterés: «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?». En el caso de Juan Pablo II, la respuesta es «una enormidad». El Papa movilizó divisiones de católicos creyentes en un momento clave cuando el movimiento Solidarnosc derrocó al régimen totalitario en Polonia. Esa fisura en el muro no tardó en derrumbar todo el edificio comunista. Con Ronald Reagan, Juan Pablo II hizo más que nadie para poner fin al comunismo. Por ello, la Historia lo recordará.

También hizo mucho por la reunificación entre católicos y judíos y pidió perdón al pueblo judío por los actos que los cristianos cometieron contra él. En 1997, me recibió en audiencia en el Vaticano, cuando yo era primer ministro, como dirigente del pueblo judío. Fue entonces que lo invité a venir a Israel en el 2000. Lo hizo. Su tercera gran contribución fue la proximidad que estableció con los creyentes mediante sus viajes y sus presentaciones televisadas.

Algunos de sus valores pueden cuestionarse, pero el hecho que los jóvenes se hayan dirigido a él en este mundo libre de prohibiciones es positivo. Este Papa preservó a la Iglesia y lo recordaremos como un hombre que cambió la Historia.

Fuente
Jerusalem Post (Israel)

Jerusalem Post Referencia: «The pope who changed history», Benjamin Netanyahu, Jerusalem Post, 5 de abril de 2005.