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Celso Amorim

El canciller brasileño, Celso Amorim, rechazó tácitamente hoy el proyecto injerencista presentado por Estados Unidos en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Four Lauderdale, Florida. “La democracia no puede ser impuesta; ella nace del diálogo”,

sentenció Amorim, según el texto de su discurso en la cita distribuido aquí por la Cancillería. Recordó la denominada Carta Democrática Interamericana, aprobada en septiembre del 2001, y de la cual precisó que “su aplicación debe ser firme, pero equilibrada. Cooperación y diálogo, más que mecanismos intervencionistas, deben ser los conceptos clave”.

El diplomático remarcó que “algunos países de la región han experimentado dificultades recurrentes en función, sobre todo, de los graves problemas económicos y sociales, que aún subsisten en nuestro continente”.

“Ante tales situaciones -añadió-, es necesario estimular el diálogo entre los diferentes sectores sociales, valorizar y fortalecer las instituciones y apoyar soluciones que pueden y deben ser encontradas en el plano nacional”.

“La diplomacia brasileña se guía por el principio de la no injerencia en asuntos internos, consagrado en nuestra Carta (de la OEA)”, acotó, y agregó que el gobierno del presidente Luiz Inacio Lula da Silva añadió a ello una actitud de “no indiferencia”, al presar apoyo y solidaridad en situaciones de crisis siempre que se le solicitó.

Amorim remarcó que la democracia debe propender también mayor inclusión y justicia social, pues “no se puede hablar de sistema político verdaderamente democrático si millones de personas son privadas de sus beneficios y de sus promesas”.

El pleno florecimiento democrático -abundó- presupone también un ambiente internacional favorable, sobre todo eliminar en el comercio “los subsidios multimillonarios concedidos a productores ineficientes de países desarrollados”.

Apuntó además que en la región “hay una situación particularmente trágica. Es el caso de Haití, que sigue requiriendo nuestra solidaridad activa”, y reconoció que experiencias pasadas demostraron que la situación allí no se normalizará sólo con el uso de la fuerza militar.

A la vez insistió en la necesidad de que se concreten las promesas de asistencia hechas por la comunidad internacional, en base de las cuales fue que Brasil y otras naciones latinoamericanas enviaron tropas para las fuerzas de paz de la ONU en aquella nación.

“Sin que estas promesas de ayuda se concreten, la frustración del pueblo haitiano aumentará y el propio sentido de nuestra presencia en aquel país quedará comprometido”, sostuvo el canciller brasileño.