El 11 de septiembre de 2001 ocurrió el acto fundador de la nueva política de la administración Bush y del cambio de régimen en los Estados Unidos. Al capitalizar el choque provocado en la opinión internacional por los atentados, la lucha contra el terrorismo ha permitido justificar la mayor parte de las acciones llevadas a cabo por Washington. Esto ha estado basado en una definición «del» terrorismo construida por los propagandistas de la administración Bush que en la actualidad tiene el consenso de la prensa occidental. De un método de acción y grupos aislados, y a veces sin recursos, los medios de comunicación han hecho una organización casi única, comparable al islamismo, incluso al Islam, con vastas ramificaciones en todo el mundo y que se fortalece debido a la desesperación engendrada por las dictaduras. Esta definición permite justificar la «democratización» del «Gran Medio Oriente» o la instalación de bases militares en cualquier parte en que «el» terrorismo pueda desarrollarse. Internamente, la amenaza terrorista permite instalar legislaciones liberticidas y fortalecer las estructuras de control de la población, tanto más cuanto mayor parezca la amenaza.
La investigadora de la Rand Corporation, Rollie Lal, participa en esta presentación de una amenaza terrorista sin límites en el International Herald Tribune donde afirma que las redes terroristas están cada vez más vinculadas a las redes del crimen internacional. Progresivamente, mediante una ideologización creciente de las actividades criminales y el empleo de métodos criminales clásicos para financiar las acciones terroristas, estos grupos podrían incluso no ser más que uno. En estas condiciones, debe vincularse la lucha antiterrorista a la lucha contra la criminalidad y unir las estructuras que hoy luchan de forma separada contra estos fenómenos. Dado que la mayor parte de los Estados han implementado ya leyes de excepción para luchar contra el terrorismo, lo que se pide implícitamente es la extensión de las mismas a todos los campos judiciales.

Esta visión de un terrorismo tentacular y mortal permite en el Washington Times a Louis René Beres, profesor de Derecho Internacional y presidente del Project Daniel, aconsejar a Israel que radicalice aún más su lucha antiterrorista. De este modo, recomienda al gobierno Sharon multiplicar los asesinatos de «terroristas» e incluso colocar a los responsables de las ejecuciones en el gobierno israelí. En resumen, basar en el asesinato el funcionamiento del Estado en nombre, claro está, de la legítima defensa.
El ex consejero para la lucha antiterrorista de las administraciones Bush y Clinton, Richard A. Clarke, no llega tan lejos en el New York Times y en El Periódico en lo referente a la reforma de los servicios de inteligencia norteamericanos. En carta abierta a John Negroponte, director de dichos servicios, le aconseja dividir a la CIA en un servicio de análisis y otro de espionaje, y deshacerse de la tutela de Donald Rumsfeld en lo que a la inteligencia militar se refiere. El puesto que ocupa John Negroponte es una creación reciente que ofrece poderes excepcionales y excepcionalmente extensos, sin equivalente en la historia de los Estados Unidos, al ex organizador de los escuadrones de la muerte en América Central. Hombre de confianza de Donald Rumsfeld, debería facilitar la extensión de su autoridad a los servicios civiles, y es lo que teme Clarke.
Por su parte, el juez Richard A. Posner estima en Los Angeles Times que la reforma de los servicios de inteligencia tiene que ser gradual. Lo que se reprocha actualmente a los servicios de inteligencia son defectos que les son inherentes. Al creer que pueden cambiarse, se corre el riesgo de estropear la herramienta.

En una entrevista al diario Le Monde, el director de la DST (el servicio de contraespionaje francés), Pierre de Bousquet, ofrece su punto de vista sobre el «yihadismo» en Francia. En su opinión, se trata de grupos heterogéneos, que pueden haber sido formados en el extranjero o no. Afirma no temer un ataque bioterrorista masivo. Estamos por lo tanto lejos de la imagen de la red islamista unificada, estructurada y sobreequipada del tipo Al Qaeda difundida por los Estados Unidos. Por otra parte, rechaza igualmente la hipótesis según la cual la opción militar sería buena para combatir un fenómeno terrorista que sigue siendo una cuestión de la justicia. Por el contrario, se alegra de que a los franceses no les choquen las leyes de excepción utilizadas en la lucha antiterrorista y por lo tanto del margen de maniobra que las mismas brindan a su servicio. Además, muy pronto la DST se encontrará en los mismos locales que los servicios de Inteligencia General. Así, se asiste igualmente en Francia a un fenómeno de concentración a la manera estadounidense aunque difiera la justificación.

La representación mediática del terrorismo está asociada a una presentación ideológica de las poblaciones árabes que viven en el Medio Oriente, aunque también en Europa.
En Der Spiegel, Ayaan Hirsi Alí, la diputada liberal holandesa de origen somalí, que trabajó con Theo Van Gogh, entrega un retrato sin matices de los musulmanes locales. Considera que el islamismo es una amenaza importante para los valores occidentales y se propaga en las poblaciones de inmigrantes. Por otro lado, da una visión esencialista de estas poblaciones: mal integradas, no hablan el holandés ni quieren mezclarse con los demás, no soportan las críticas al Islam... Por lo tanto, defiende una integración forzosa de los inmigrantes en Holanda.

Finalmente, el tío del rey Abdallah de Jordania, El Hassan bin Talal, se opone a su muy norteamericanófilo sobrino en Vremya Novostyey, donde denuncia las consecuencias de las políticas de la administración Bush en esta entidad regional artificial llamada «Gran Medio Oriente». Los Estados se aprovechan de que los Estados Unidos den carta blanca en la lucha contra el terrorismo para combatir a sus opositores, al tiempo que aceptan las medidas de «democratización» exigidas por Washington. Al afirmar que se apoya la democracia desde el exterior, se impide por lo tanto la constitución de un verdadero movimiento democrático interno. Por otro lado, la presencia de los Estados Unidos en la región es desastrosa pues impide toda unidad regional portadora de desarrollo económico, sustituyéndola por una sucesión de relaciones bilaterales con Washington.