El papa Juan Pablo II está muy ligado a Francia, a la cual debe mucho en lo que se refiere a su formación teológica. Recuerdo particularmente su visita, en el momento de la conmemoración del aniversario del bautismo de Clodoveo, como de un gran florecimiento del bautismo de Francia. La «hija mayor de la Iglesia» occidental, por así llamarla, le ha dado mucho a la Iglesia. El papa se siente preocupado ante el laicismo ideológico que con tanta fuerza se manifiesta en nuestros días. Estamos a favor del laicismo, pero nos oponemos a un laicismo ideológico que amenaza con encerrar a la Iglesia en un ghetto de subjetividad. Esa corriente de pensamiento quiere que la vida pública no se vea influenciada por la realidad cristiana y religiosa. Tal separación, que yo calificaría de «profanidad» absoluta, constituiría ciertamente un peligro para la imagen espiritual, moral y humana de Europa. Esperamos que la Iglesia de Francia sea lo suficientemente fuerte como para ayudar a Europa a enfrentar esa provocación. La fe cristiana debe iluminar la vida pública. Desconfiemos del laicismo encarnizado, que da lugar al fundamentalismo.

El Estado debe ser el garante de la libertad de pensamiento y de religión. No tratamos de imponer nuestra fe a los demás por medio de la política. Pero estamos convencidos de que la fe es también luz para la razón y que el hombre político católico debe poder transmitir esa luz en su combate político. El derecho a vivir debe ser protegido por el Estado desde el primer hasta el último instante de la vida. Los políticos deben respetar eso. Un político que asuma una posición diferente, que no respete la imagen de Dios y la inviolabilidad del ser humano está en oposición con los componentes racionales de la fe. En eso estamos de acuerdo con la conferencia de obispos norteamericanos, aunque lo hayamos expresado de otro modo. Los católicos sólo deben pedir la comunión cuando sean dignos de ella. Eso tiene que ver con su posición ante el aborto y también ante otras cuestiones. La conciencia no es solamente subjetiva sino que responde también a criterios objetivos que se encuentran en la fe. Me parece que la «subjetivización» de la conciencia es un gran error de nuestra época.

La no inscripción de las raíces cristianas de Europa constituye un grave error. Europa es un continente cultural, no geográfico. Es su cultura lo que le da una identidad común. Las raíces que formaron este continente son las del cristianismo. Simplemente se trata de un hecho histórico. No hace tanto tiempo que sucedió. El renacimiento de Europa después de la Segunda Guerra Mundial fue posible gracias a hombres políticos que tenían fuertes raíces cristianas, como Schuman, Adenauer, De Gaulle, De Gasperi y otros. Temo que detrás de esa oposición se esconda un odio de Europa hacia sí misma y hacia su gran historia. Es por eso que Turquía no pertenece a Europa. Ello no quiere decir que no debamos tener buenas relaciones con ese país, pero Turquía debería fundar su propio continente cultural sobre la base del Islam, con los países árabes.

Fuente
Le Figaro (Francia)
Difusión: 350 000 ejemplares. Propiedad de la Socpresse (creada por Robert Hersant, hoy es propiedad del constructor de aviones Serge Dassault). Es el diario de referencia de la derecha francesa.

Le Figaro, Le Figaro Magazine Referencia: «La foi chrétienne a son mot à dire sur la morale », por Joseph Ratzinger, Le Figaro, 20 de abril de 2005. Texto adaptado de una entrevista con motivo de la visita de Juan Pablo II a Lourdes, concedida el 13 de agosto de 2004 a Figaro Magazine y retomada hoy por el diario. Nos referimos sólo a los asuntos vinculados con las opiniones políticas y teológicas del entrevistado y pasar por alto las cuestiones relacionadas con los temas de actualidad de aquel momento, actualmente obsoletos.