Desde hace largo tiempo, China ha asumido la condición de gran potencia y está lista para desafiar a los Estados Unidos, incluso en el plano global. Ello también se debe a que, después de la caída del comunismo, el confucianismo es el único modelo de desarrollo estatal capaz de representar una alternativa a los valores occidentales. Un gran número de cambios de estrategias militares ocurridos hace poco en el Extremo Oriente no se realizan sólo contra Corea, como le gusta decir a Washington, sino también contra China.
La mayoría de las guerras entabladas por los norteamericanos en los últimos tiempos han sido contra adversarios militarmente más débiles y cuyos regímenes eran frágiles y estaban desmoralizados. Después dejaron que otros les hicieran el trabajo, como en el caso de la Alianza del Norte en Afganistán. En el caso de Corea la cosa es más complicada, pues los norteamericanos no han encontrado aliados en el terreno.
China lleva a cabo toda una serie de programas militares. Los Estados Unidos, por su parte, reestructuran sus fuerzas, en particular su flota. Quieren adaptar su sistema de defensa antimisiles. Actualmente, el arma nuclear es de tal envergadura que uno no tiene tiempo de esquivar el ataque, sólo puede ripostar. Al final esto da como resultado dos cadáveres o un cadáver y un herido grave y esa posibilidad no le conviene a Washington. Los chinos preparan misiles capaces de esquivar el escudo, por lo cual pueden mantener el statu quo y el papel político-estratégico del arma nuclear. En nuestros días, la idea de «guerra nuclear global» tiene un significado mayor para la gente. Las teorías del invierno nuclear global y de los anti-globalización ejercen su efecto y el arma atómica ya no es sólo un medio de entablar guerras, sino un poderoso instrumento de presión. El aspecto económico también debe tomarse en cuenta en caso de que el desarrollo de las técnicas militares chinas sea tan avanzado como el nuestro.
Corea del Norte, por supuesto, desde el punto de vista norteamericano, sigue siendo uno de los primeros países en la lista de los que predican el terrorismo, pero el sistema no es tan débil como para desmoronarse. Están, además, Corea del Sur y Japón, apoyados por los Estados Unidos. También existe el apoyo ruso y chino. Pensemos que si los norteamericanos se estacionaran en la frontera norte de nuestro país y nos cerraran el acceso al mar, ello representaría un golpe tan duro como su presencia en Asia Central. Ya pueden llegar a Sverdlovsk y a la parte europea del país, pues nuestro sistema no había previsto que los Estados Unidos pudiesen utilizar Bichkek como base militar.

Fuente
Kreml.Org (Rusia)
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«Главный страх США сбывается: Китай готов бросить вызов», por Konstantin Asmolov, kreml.org, 9 de junio de 2005.