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El Líbano visto desde el espacio.

Estados Unidos, que incluyó a Irán y Siria en la lista de Estados de los que Washington pretende «cambiar el régimen» en 2005, reaccionaron inmediatamente después del asesinato.

Ese mismo día, acabado de ocurrir el atentado, el vocero de la Casa Blanca, Scott McClellan, advirtió que Estados Unidos había iniciado consultas en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU para tomar «las medidas urgentes necesarias para poner fin a la violencia y a la intimidación del Líbano independiente, soberano y democrático, para librarlo de las fuerzas de ocupación».

La frase se refiere claramente a Siria, que mantiene en el territorio del Líbano una fuerza de 14,000 hombres. Desde entonces, la pregunta que se impone es la siguiente: ¿Quién se beneficia con el asesinato de Rafik Hariri?

Al día siguiente del atentado, los medios masivos de comunicación estadounidenses acusaban a Siria de haber fomentado el asesinato. En un artículo intitulado «US seems sure of the hand of Syria» (Estados Unidos parece seguro de ver la mano de Siria), el diario New York Times citaba a un funcionario del Departamento de Estado, que deseaba mantener el anonimato, el cual acusaba a Damasco de desestabilizar al Líbano.

El propio martes 15 de febrero, al mediodía, la embajadora de Estados Unidos en Siria, Margaret Scobey, dirigía al gobierno de Damasco una vehemente protesta en la cual manifestaba la «intensa atención» que Estados Unidos prestaba al asunto de la estabilidad del Líbano después del atentado. Posteriormente, Scobey partió a Washington, llamada para una «consulta urgente».

En el marco de la guerra mediática contra Siria -a la que se acusa de ser responsable del atentado-, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, declaraba con cinismo mal disimulado que el Departamento de Estado no hace «pronósticos» acerca del autor del crimen: «No estamos acostumbrados a culpar a la gente. Lo que hacemos es investigar», declaró Rice.

El corresponsal de la NBC en el Medio Oriente hizo el siguiente comentario sobre el viaje a Washington de la embajadora estadounidense en Damasco: es «una primera señal de que Washington sabe que Siria está implicada en el atentado ».

Entretanto, Siria, sometida a un verdadero bombardeo mediático, anunciaba oficialmente el retiro en pocos meses de su contingente militar estacionado en el Líbano. En las calles de Beirut, al igual que en Georgia en 2003 y en Ucrania en 2004, miles de jóvenes con teléfonos celulares comenzaron lo que hoy se conoce como la «revolución de los cedros», posterior a las revoluciones de las «rosas» y «naranja».

Siria «aislada y vulnerable»

Tras la caída de Sadam Husein, a Israel le quedan dos enemigos en el Medio Oriente: Siria e Irán. El gobierno de Bush ha preparado planes militares muy precisos contra ambos. Estados Unidos ha acusado formalmente a Siria de ser el puesto de mando y de control de los elementos baassistas que han desatado en Irak la barahúnda de atentados ocurridos, o sea, como promedio unas doscientas acciones diarias.

Por otra parte, numerosos analistas consideran actualmente a Siria como un país «aislado y vulnerable», donde una acción militar estadounidense podría cambiar rápidamente el régimen, poniendo fin así en Damasco al dominio de la dinastía Assad, representada hoy por el tímido Bashar. Por último, Washington espera llamar la atención de Francia, aliada tradicional del Líbano, según declaró Condoleezza Rice durante su reciente visita a París.

Por su lado, Tel Aviv espera que la retirada de las fuerzas sirias del Líbano y un cambio de régimen en Damas permitan la presencia en el Líbano de un gobierno mucho más receptivo a los requerimientos israelíes.

En primer lugar está una antigua exigencia de Israel: la de conceder la ciudadanía libanesa a los 400,000 refugiados palestinos que se encuentran en el Líbano, de modo que estos no puedan ya exigir el derecho al retorno y regresar a Israel, derecho que Israel no ha reconocido nunca para impedir así toda reclamación sobre las viviendas y los terrenos confiscados tanto en la época de la creación del Estado sionista como durante su expansión.

Asimismo, para Israel y los Estados Unidos, Siria es un blanco obligatorio ya que desde hace varias décadas Damasco constituye un verdadero santuario para diversas organizaciones palestinas que se oponen a Israel mediante el uso de la fuerza, como, por ejemplo, Hamas y Hezbollah, que deben mencionarse entre las más importantes.

Estados Unidos e Israel esperan también que un cambio de régimen en Damas logre debilitar considerablemente las posiciones de estas dos organizaciones, permitiendo así a Israel controlar su frontera septentrional.

Del mismo modo, hay que destacar que el asesinato de Rafik Hariri ocurrió precisamente dos semanas después del encuentro entre el primer ministro israelí, Ariel Sharon y el primer ministro palestino, Mahmud Abbas, y de la firma de un armisticio entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina. Varios analistas sugieren la posibilidad de que una parte de las concesiones hechas por Sharon a Abbas haya sido recompensada con la «carta blanca» dada a los israelíes para iniciar acciones militares contra Siria.

David Wurmser y la nueva estrategia israelí de seguridad

La acusación según la cual Siria es responsable del asesinato de Hariri y de la desestabilización del Líbano podría ser el primer paso de una ofensiva contra Damasco elaborada por el grupo de neoconservadores del «Project for a New Americain Century (PNAC)» [1], que mantiene estrechos vínculos con el partido de Ariel Sharon, el bloque de extrema derecha del Likud.

David Wurmser es, sin dudas, uno de los personajes más importantes del PNAC. Consejero del vicepresidente Dick Cheney para los problemas del Cercano Oriente, había sido antes uno de los responsables del grupo secreta del Pentágono que propagó la imputación sobre la supuesta existencia de vínculos entre Irak y al-Qaeda en los meses que precedieron a la invasión de la coalición, desplegando así una típica operación de desinformación [2].

En 1996, David Wurmser redactó para Benyamin Netanyahu un informe, intitulado Una clara ruptura: una nueva estrategia de seguridad para el reino de Israel [3], en que rechazaba la fórmula de «tierra de la paz» como base de los acuerdos referentes al Medio Oriente, a favor de acciones de fuerza contra los adversarios regionales de Israel.

Wurmser preveía en ese entonces el derrocamiento del régimen de Sadam Husein mediante el uso de la fuerza y recomendaba una acción militar israelí contra objetivos sirios en el Líbano, e incluso contra objetivos situados en la propia Siria.

Los coautores de la estrategia concebida por Wurmser eran, por un lado, Douglas Feith, actualmente subsecretario de Estado a cargo de la política en el Pentágono y, por otro, Richard Perle, desde hace poco tiempo presidente del Defense Policy Board del Pentágono.

En el 2000, David Wurmser participó en la redacción de un nuevo informe, esta vez para el Middle East Forum de Daniel Pipes [4] y el US Committee for a Free Lebanon [5] de Ziad K. Abdelnur. Bajo el título de Poner fin a la ocupación Siria del Líbano: el papel de los Estados Unidos [6] este documento recomienda una confrontación directa con Siria, a la que considerada «aislada y vulnerable», y contra la cual el gobierno de Bush repite su viejo estribillo: «posesión de armas de destrucción masiva».

Dicho documento era también suscrito por Feith y Perle, así como por Elliot Abrams [7] (entonces primer consejero del gobierno de Bush para las cuestiones del Medio Oriente, hoy segundo hombre del Consejo de Seguridad Nacional).

Éste exigía imperativamente el empleo del ejército de Estados Unidos contra Siria. Sus autores resaltaban que: «La guerra del Golfo en 1991 y la de Kosovo en 1999 demostraron que Estados Unidos puede actuar para defender sus intereses y sus principios sin temor a sufrir graves pérdidas» y añadían: «Pero esta ocasión no debe demorar, sobre todo porque a medida que se difunden las armas de destrucción masiva, aumentan los riesgos que implica semejante acción. Si debe efectuarse una acción decisiva, esta debe ocurrir lo más rápidamente posible y no demasiado tarde» [8].

Parece que el documento elaborado por David Wurmser en el 2000 ha comenzado a traducirse en la realidad. A partir de ahí, la pregunta de saber «¿quién se beneficia con la desestabilización del Líbano? », no tiene más que una respuesta: los enemigos de Siria.

El Líbano constituye hoy un falso objetivo. El objetivo verdadero son Damasco y Siria.

La división del Líbano

De acuerdo con su constitución, el poder político en el Líbano, hasta el momento del asesinato de Hariri, se compartía de la siguiente manera: el presidente es cristiano, el primer ministro es musulmán sunnita, el presidente del Parlamento es musulmán chiíta.

Después del asesinato de Hariri y de la renuncia del gobierno de Omar Karamé, numerosos observadores se inclinan a pensar que esa distribución es obsoleta y que el Líbano se dividirá geográficamente entre tres grandes grupos religiosos, los cristianos, los musulmanes sunnitas y los musulmanes chiítas.

Desde 1989, con posterioridad a los acuerdos de Taif y hasta 2005, las milicias de estas tres comunidades religiosas (enfrentadas durante una guerra civil) en gran parte desaparecieron. No obstante, el asesinato proliferó en el Líbano. Entre los que cayeron víctimas de atentados, hay figuras tan importantes como Rashid Karamé, Bashir al-Jumail, Dani Chamun, René Muawad, Kamal Jumblatt, Hassan Khalid, Abbas al-Musawi y ahora Rafik al-Hariri.

Un número considerable de analistas y de políticos libaneses creen que el Líbano se encuentra realmente bajo la amenaza de división. Así, Bushra al-Khalil (abogado y político libanés), declaró a la estación televisiva al-Jazeera que el asesinato de Hariri estaba dirigido contra Siria, pero que tendrá consecuencias considerables para el Líbano. Bushra al-Khalil precisó: «Si observamos la forma en que se organizó el atentado, con un método extremadamente sofisticado -y sé bien las medidas tomadas para proteger a al-Hariri- llegamos a la conclusión de que ningún sistema local podía romperlas».

Y agrega: «El problema, pues, reside en saber quién se beneficia de las ventajas políticas derivadas de la muerte de Hariri. Pienso que beneficia a los enemigos de Siria. Creo que este asesinato forma parte de un plan más amplio destinado a dividir al Líbano en territorios sobre la base de agrupaciones religiosas. Ese plan se aplicó primero en Irak con las elecciones celebradas recientemente, y se extenderá a otros Estados árabes». Según Khalil, por tanto, el atentado contra Hariri, al permitir desplegar de manera bien dirigida los sentimientos antisirios, ha obligado a Damasco a retirar sus 14,000 soldados del Líbano antes de la división del país.

Asimismo, Khalil considera que hay en el Líbano jefes religiosos que desde hace mucho tiempo exigen esa división y que actualmente parecen sentirse satisfechos. «Si observamos cómo en un pasado reciente se le echó leña al fuego, descubriremos fácilmente quiénes son los jefes religiosos que han matado a tantos libaneses por el hecho de profesar una religión diferente, añadió Khalil».

Este considera que el asesinato de Hariri desencadena una fuerza de desestabilizadora capaz de resquebrajar a todo el Medio Oriente, tal como ocurrió en 1918 con el de Anwar el-Sadat, el presidente egipcio. «Hariri fue un verdadero guardián de la estabilidad y de las buenas relaciones entre los Estados árabes y Occidente», recuerda Khalil. Al parecer, poco antes de su muerte los servicios secretos franceses le hacieron saber que se preparaba un complot en su contra.

El director del Centro de Estudios Estratégicos de Damasco, Imad Fawzi al-Shuaibi, declaró que Rafik Hariri no era un enemigo de Siria: «Es evidente que el asessinato de Hariri se presenta como un golpe bajo asestado tanto a Siria como al Líbano. Hariri no era enemigo de Siria ni de ningún Estado árabe. Fue un amigo tradicional y un aliado de Siria».

El factor Mossad

Por otro lardo, en el campo de esta ecuación, no se puede olvidar la excepcional habilidad del Mossad, capaz de organizar «operaciones secretas» (covert actions), bajo diferentes banderas. Aunque no conoceremos nunca la mayoría de las operaciones realizadas, algunas han alcanzado, con el tiempo, una notoriedad pública que basta para demostrar que, en el mundo de los servicios secretos, las apariencias son las realidades más engañosas.

Por ejemplo, la operación más espectacular y la más glacial por su cinismo, fue el célebre «caso Lavon», en 1953. El Mossad lanzó una campaña de atentados con bombas en Egipto. Esos atentados estaban dirigidos contra las representaciones diplomáticas de Estados Unidos, y dejaban en el lugar «pruebas» que «demostraban» la implicación de los árabes.

El plan perseguía provocar la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Egipto. Cuando los blancos fueron los jefes palestinos, el Mossad supo en la mayoría de los casos producir fábulas perfectas. La culpa se le atribuía a una fracción palestina rival.

Los atentados con carros bombas forman parte de los métodos habituales del Mossad. Durante los años 1970 y 1980, cuando las fuerzas israelíes penetraron en el Líbano, los atentados con coches bombas tenían lugar casi a diario, y muchos de ellos se pueden atribuir al Mossad.

Entre los atentados recientes mencionaremos el perpetrado en enero de 2002 contra Elie Hobeika, el ex ministro libanés cristiano. Hobeika y tres de sus guardaespaldas murieron en la explosión de una bomba en una calle de Beirut. Elie Hobeika había participado en 1982 en la matanza de palestinos de Sabra y Shatila, pero en 2002 anunciaba que iba a presentarse como testigo en Bruselas sobre el papel de Ariel Sharon (en 1982 ministro de Defensa de Israel) en esa matanza [9].

En mayo de 2002, el Mossad fue acusado de haber organizado el asesinato de Mahamed Jihad Jibril, hijo de Ahmed Jibril, el líder de la fracción palestina «FPLP-Comando general», cuyos líderes más antiguos se formaron en Moscú durante los años 1950. El ministro de Defensa de Israel, Benjamín Ben-Eliezer, comentó así el incidente: «No se puede atribuir a Israel todo lo que explota en Beirut».

En agosto de 2003, Ali Hassan Saleh, un jefe del Hezbolá, fue asesinado en Beirut. Israel negó toda implicación, pero más tarde se probó que el asesinato era una operación secreta del Mossad. Desde 2002, el Mossad se encuentra bajo la dirección de Meir Dagan, quien antes había sido jefe de la zona de ocupación de Israel en el sur del Líbano. Se dice que el primer ministro Sharon le pidió que trajera de nuevo a los primeros planos los métodos tradicionales que utilizó el Mossad en los años 1950-1960, como el asesinato en el extranjero, y el asesinato disimulado bajo otras banderas.

En junio de 2004, un tribunal libanés condenaba a cinco árabes por haber colaborado con el Mossad para asesinar al jefe del Hezbollah, Sayed Hassan Nasrallah.

Las intervenciones norteamericanas en el Líbano

Estados Unidos tiene una larga historia de intervenciones en el Líbano. Comenzando en 1958 durante la administración de Dwight Eisenhower, y hasta 1982, con Ronald Reagan, los estadounidenses no han vacilado en implicarse militarmente en un país que tiene una posición estratégica barrera entre Israel y Siria. Sin embargo, al final de la guerra civil, en 1990, Siria dominaba la política en el Líbano manteniendo, hasta la muerte de Hariri, una presencia militar severamente criticada por Israel y Estados Unidos, porque les impedía perseguir tranquilamente sus propios intereses geopolíticos en el Medio Oriente.

Los neoconservadores de Washington, los miembros del «Project of a New American Century», trataban por consiguiente, desde 1996, de separar a Siria del Líbano en virtud de los intereses comunes de Israel y Estados Unidos.

Ya mencionamos cómo, en 1996, los futuros consejeros de la administración Bush, como Perle y Feith, con los miembros del «Institute for Advenced Strategic and Political Studies», redactaron para el gobierno israelí un informe en el que se abogaba a la vez por el derrocamiento de Sadam Husein y por «debilitar, contener y obtener la retirada siria» del Líbano.

Hay que señalar también que la acción contra Siria y el control del Líbano forman parte de un conjunto de medidas cuyo objetivo es garantizar a Washington y a Jerusalén el control del Gran Medio Oriente [10]. A través de esas acciones se debe situar el arreglo secreto entre Ariel Sharon y el nuevo jefe palestino, Mahmud Abbas, que desmanteló la resistencia palestina, incluidos los grupos apoyados por Siria.

A partir de la invasión del Líbano, la administración Bush ha practicado una escalada permanente de la retórica antisiria. Cuando era secretario de Estado, Colin Powell acusó a Damasco de ofrecer «refugio» a los miembros del régimen de Sadam Husein y de ser un santuario para los terroristas. Powell amenazó entonces a Siria con duras sanciones diplomáticas, pero sobre todo económicas.

Por su parte, en su estilo inimitable, corto y claro, Bush declaró que Damasco posee «armas químicas de destrucción masiva», poniendo a Siria entre los Estados del «Eje del Mal». Por supuesto, no presentó ninguna prueba de sus afirmaciones, como en el caso de Irak. En el mes de noviembre de 2003, el Congreso de Estados Unidos adoptó una serie de sanciones en el marco del Syria Accountability and Lebanese Sovereignity Restoration Act [11].

En mayo de 2004, Bush pasó a la aplicación de sanciones, prohibiendo las exportaciones hacia Siria, salvo los alimentos y medicamentos, con el pretexto de que podrían utilizarse para crear una «extraordinaria amenaza para la seguridad nacional, la política exterior y la economía de Estados Unidos».

A inicios de 2005, inmediatamente después del inicio del segundo mandato del presidente Bush, este amenazó de nuevo a Siria con un embargo total, acusando esta vez a Damasco de apoyar la resistencia iraquí contra la ocupación norteamericana.

El asesinato de Rafik Hariri y la estrategia de David Wurmser

Algunos analistas, sobre todo árabes, consideran que el asesinato de Hariri representa, por consiguiente, el primer paso hacia la aplicación del plan para el Medio Oriente elaborado por Wurmser, el consejero del vicepresidente Cheney, y presentado bajo el título Una ruptura neta: una nueva estrategia de seguridad para el reino de Israel.

El analista iraní, Ibrahim Karagul, sugiere que existe un estrecho vínculo entre el asesinato de Rafik Hariri (candidato potencial al cargo de presidente del Líbano) y el retiro de las tropas sirias del Líbano, la renuncia del gobierno libanés de orientación prosiria, la «revolución de los cedros» antisiria de la Plaza de los Mártires de Beirut y el plan de división del Líbano.

En un editorial, Karagul escribe que el asesinato de Hariri conducirá a la reanudación de la guerra civil y religiosa en el Líbano: «La división religiosa de Irak, la hábil manipulación de las tensiones entre el Líbano y Siria (por las manifestaciones antisirias de Beirut) que continúan tras el anuncio de la retirada de las tropas sirias del Líbano, los preparativos de Israel para una guerra contra el Hezbollah, la llegada al poder en Palestina de un individuo como Mahmud Abbas y el plan estadounidense de apuntar a objetivos estratégicos en Irán, es un conjunto que forma parte del plan norteamericano-israelí llamado A Clean Break : A New Strategy for Securing the Realm.

Para Israel, la victoria electoral de los chiítas en Irak condujo de inmediato a conceder ventajas a los chiítas del Líbano, como a la idea de su unidad. Por ello, un hecho político que se puede caracterizar por una coloración religiosa como el asesinato de Hariri permite al Mossad «sembrar la discordia y la división, y reinar sobre el desorden» en el Líbano [12].

Además, existe un temor justificado de Israel en cuanto a las relaciones de Siria y Rusia y la entrega de armas ultramodernas a Damasco [13]. La participación de Rusia en la ecuación del Cercano Oriente se ve desde Tel Aviv como una amenaza potencial para el equilibrio de fuerzas de la región que es, en este momento, netamente favorable a Estados Unidos e Israel.

Ahora bien, es evidente que Bashar el-Assad trata, por todos los medios, de atraer a Moscú hacia el juego político del Medio Oriente, mientras que Rusia trata de volver a una zona de la que se vio excluida desde hace quince años.


[1] El Project for a New American Century es una asociación filial del American Enterprise Institute. Ver «L’Institut américain de l’entreprise à la Maison-Blanche», Voltaire, 21 de junio de 2004.

[2] «Le dispositif Cheney», por Thierry Meyssan, Voltaire, 6 de febrero de 2004.

[3] Una versión abreviada puede ser consultada en Internet en A Clean Break: A New Strategy for Securing the Realm, Institute for Avanced Strategic and Political Studies.

[4] «Daniel Pipes, expert de la haine», Voltaire, 5 de mayo de 2004.

[5] «Les plans de l’U.S. Committee for a Free Lebanon», por Thierry Meyssan, Voltaire, 8 de marzo de 2005.

[6] Ver Ending Syria’s Occupation of Lebanon : the U.S. Role.

[7] «Elliott Abrams, le gladiateur reconverti à la théopolitique», por Thierry Meyssan, Voltaire, 14 de febrero de 2005.

[8] «The Gulf War of 1991 and the war over Kosovo of 1999 demonstrated that United States can act to defend its interests and its principles without the specter of huge casualties. But this opportunity may not wait, for as weapons of mass destruction capabilities spread, the risks of such action will rapidly grow. If there is to be decisive action, it will have to be sooner rather than later».

[9] Leer nuestro documento «Plainte avec constitution de partie civile contre Ariel Sharon».

[10] «Bush invente le Grand Moyen-Orient», por Thierry Meyssan, Voltaire, 22 de abril de 2004. [11] «La cible syrienne», por Paul Labarique, Voltaire, 27 de enero de 2004.

[12] Ver nuestro documento «Lettre de David Ben Gourion pour constituer un État maronite au Liban» (27 de febrero de 1954).

[13] «Ces missiles Strelets que la Russie a vendus à la Syrie», por Viktor Litovkine, Ria Novosti, Voltaire, 21 de febrero de 2005.

Artículo inicialmente publicado en Ziua, de 19 de marzo de 2005. Traducción: equipo de traductores de la Red Voltaire.