El Tratado Constitucional es un retroceso en la marcha, ya bastante lenta y poco inteligente, de Europa hacia su reafirmación y hacia la plenitud de su influencia en un mundo multipolar. Se impone una declaración sobre la independencia de nuestro continente, pero no estamos lejos de ella. En realidad, se nos pide que continuemos, siendo ahora 25 [países], por el camino que abrió el Tratado de Roma en 1958.

En aquel entonces, en el marco de un mundo bipolar, la construcción europea se justificó mediante la OTAN y aceptó sin reservas el papel privilegiado del poder militar de Estados Unidos y de son escudo nuclear para garantizar la defensa de Occidente. Sin embargo, el mundo cambió. Después de la caída del Muro de Berlín entramos en el período de la «hiperpotencia» norteamericana. Se trata de un hecho trascendental ligado al análisis político y que no tiene nada que ver con el antiamericanismo. El Tratado Constitucional no lo toma en cuenta en lo absoluto y confirma, en su artículo 1-47-7, dedicado a la defensa, la aceptación del vasallaje de Europa hacia Estados Unidos.

El indudable «desprendimiento» de la «vieja Europa» que se ha podido observar en los últimos años se verá agravado por la aceptación del Tratado Constitucional. Hacer un llamado a la necesidad de una declaración solemne de independencia de Europa tendría, al menos, el interés y el mérito de aclarar ante los pueblos la realidad de lo que está en juego y de desenmascarar a muchos de los supuestos «europeos». Eso permitiría que los pueblos, y me refiero a los pueblos, no a los gobiernos, vieran las cosas más claras. La independencia tiene un precio. Éste puede ser caro. En todo caso, no tanto como el del vasallaje.

Lo que estará en juego en el próximo referéndum es la decisión sobre el porvenir de nuestro país y de Europa en el siglo XXI. Aceptación del vasallaje o búsqueda de la independencia. Esa es la alternativa. Lo cierto es que Francia solamente puede renunciar a su soberanía si es en provecho de una nueva soberanía europea en la que cada nación pueda encontrar el lugar que le pertenece.

Fuente
Le Figaro (Francia)
Difusión: 350 000 ejemplares. Propiedad de la Socpresse (creada por Robert Hersant, hoy es propiedad del constructor de aviones Serge Dassault). Es el diario de referencia de la derecha francesa.

Le Figaro Referencia: «Vassalité ou indépendance», por Pierre-Louis Blanc, Le Figaro, 24 de marzo de 2005.