Bajo el título de «Esta Constitución, no, gracias», el presidente de ATTAC Francia ha arengado ejemplarmente desde estas páginas sobre métodos ampliamente compartidos por algunos opositores a la Constitución Europea: teoría del complot, desinformación, incoherencia y contradicción. El complot es el de los «adeptos del sí» (¡una verdadera secta!), el gobierno, el gran patronato y «un puñado de transnacionales»; pues se sabe que el enemigo es siempre cosmopolita. El mal que quieren imponer: la competencia, que sería la causa de una profunda «crisis económica, social y medioambiental». Afirma igualmente que «los grandes mercados están controlados por un puñado de transnacionales». ¿Cuál es entonces el problema de Europa? ¿La competencia o los monopolios? Seamos serios, este principio está en el centro de la construcción europea desde 1957 y tiene valor constitucional en Francia desde 1789. El Tratado no añade nada a ello. Por el contrario, limita la libre competencia con una cláusula social. Los consumidores saben igualmente lo que pueden ganar con la libre competencia. Oponer la libre competencia a lo social es absurdo, especialmente cuando se habla de una constitución europea que sitúa lo social en un lugar en que nunca había estado hasta entonces. Se nos dice que este tratado no tiene el pleno empleo como objetivo de la Unión, cuando en realidad se menciona este en el artículo I-3 de la Constitución. Se nos dice que no reconoce los servicios públicos, subordinados a las reglas de la competencia, cuando dicho texto hace del acceso a los servicios públicos, los servicios de interés económico general, según el vocabulario del Tratado, un derecho fundamental incluido en la Carta de Derechos Fundamentales. Por estas razones, la Confederación Europea de los Sindicatos y casi todos los partidos socialistas europeos han llamado a votar por esta constitución. Se nos dice que la misma «organiza un retroceso sistemático de la democracia en Europa», cuando una de las innovaciones de este tratado es precisamente el fortalecimiento considerable del papel de los ciudadanos en el Parlamento Europeo que los representa. ATTAC nos dice que la Constitución «somete la política exterior» y de defensa de la Unión a la OTAN y por lo tanto a Estados Unidos». Después del complot de las cien familias, ¿el complot norteamericano? ¿O se trata de lo mismo? Sin embargo, la Constitución es, desde Maastricht, el tratado que más ha hecho avanzar la política exterior y la defensa europeas. Serían necesarias varias páginas para responder a cada una de estas falsas verdades, mezcladas sin orden como en una nube de tinta, hacerlo sería inútil pues se descubre al final del artículo el verdadero objetivo del mismo. Lo que cuenta es preparar el gran momento, despertar las luchas sindicales con vistas a las elecciones de 2007, y los que buscan ese objetivo están dispuestos a volver al Tratado de Niza. Sin lugar a dudas, el objetivo final es «retomar la discusión entre los gobiernos, a partir de otra correlación de fuerzas». ¿Para otro nuevo tratado en diez o quince años? Esa nueva correlación de fuerzas será desfavorable a Francia. El 29 de mayo, los franceses, cuyas ideas han inspirado en gran medida la Constitución Europea, decidirán si continúan construyendo Europa o si dejan que se haga sin ellos, lo cual merita un debate digno.

Fuente
Libération (Francia)
Libération ha seguido un largo camino desde su creación en torno del filósofo Jean-Paul Sartre hasta su adquisición por el financiero Edouard de Rothschild. Difusión: 150,000 ejemplares.

Libération Referencia: «La Constitution mérite le débat», por Claudie Haigneré, Libération, 25 de marzo de 2005.