En la década de 1970, el gobierno estadounidense a través de sus Think Thank y Servicios de Inteligencia, lanzó en Latinoamérica el “Democracy Project”. Un programa para promover el reemplazo de las dictaduras militares (cuya operatoria ya no garantizaba la preeminencia de los intereses de EEUU), por gobiernos “democráticos” elegidos por el voto, pero conformados por funcionarios alineados con los intereses de EEUU, en connivencia con dirigencias y elites oligárquicas locales.

Después del modelo dipolar, que describía la jerarquía de fuerzas mundial hasta los 90”s, los analistas afines al Sistema global presentaron una nueva estructura de poder mundial [1]: una superpotencia (EEUU), con capacidad para alcanzar y hacer prevalecer sus intereses en cualquier parte del mundo. Un segundo nivel de poder, formado por potencias regionales mayores, que pueden hacer prevalecer sus intereses solo en ciertas regiones (como Inglaterra y Alemania-Francia en Europa o China en Asia). Y tercero, las potencias regionales menores o secundarias, cuyos intereses solo pueden confrontar con las potencias regionales mayores y con la superpotencia, pero sin lograr ninguna preeminencia.

La medida en que la instalación de los asuntos globales clave, requiera a la superpotencia alguna combinación con las otras potencias regionales mayores, definirá el grado de monopolaridad de la estructura de poder mundial, como en la antigüedad lo fue el caso extremo del dominio imperial romano.

De modo que el mensaje que los “asesores” del Sistema transmiten a los líderes políticos de las potencias secundarias de tercer nivel (incluida Argentina), es que desafiar la preeminencia de los intereses de sus dos superiores jerárquicos en fuerzas, es altamente inviable. Ya que inevitablemente terminaría por acarrear su fracaso como político o la desestabilización de su gestión (algunas técnicas utilizadas para estos fines se comentan mas adelante).

Para enfrentar los intereses de las potencias dominantes (que generalmente son incompatibles con los del pueblo), se deberá contar como mínimo, con un significativo apoyo del pueblo organizado, es decir con fuerza de masas. En conclusión, según este pensamiento unívoco, de no tener una relación de fuerzas que lo respalde, lo pragmático y sensato para la supervivencia de una administración, es mantener las estructuras de poder según los mandatos del nuevo modelo global.

Esto explica en parte, la conducta sistemática de muchos gobernantes y dirigentes latinoamericanos, traidores a los intereses de sus pueblos (a quienes también se los nombra mas vulgarmente, en sentido generalizado como: “Cipayos”).

Actualmente para lograr la preeminencia de sus intereses económicos, políticos y de seguridad, las potencias globalizadoras más que debilitar institucionalmente a los Estados-Nación, necesitan destruir toda clase de “Identidad nacional y popular” en el sentido de identidad originaria, de una cultura y memoria colectiva que pueda aglutinar e inducir la auto-organización del pueblo en movimientos de resistencia.

Hoy día, no les interesa demasiado las ideologías, que a menudo utilizan como justificativo para intervenir países, o para controlar al pueblo manteniéndolo enfrentado y dividido.

“Hay un único modelo sustentable para el éxito nacional: Libertad, Democracia y Libre Empresa ...” G.W. Bush, 17/9/2002

El proceso por el cual las potencias dominantes promueven su “Democracia y Libertad” en Latinoamérica, se enmarca en un Sistema socio-económico específicamente diseñado: el “Capitalismo Liberal de Mercado, adaptado para América Latina”. Resumido en los axiomas del Consenso de Washington, que se presentó como marco de referencia y orientación para los gobernantes, que en los 90”s instalaron estos sistemas Neoliberales en la región.

Para promover y mantener la “democratización”, EEUU emplea en Latinoamérica las llamadas Guerras No Militares permanentes o Guerras Políticas, que continúan en tiempos de paz y de guerra militar.

Esta clase de guerras no es novedad, pero sí son muy poco conocidas y justamente en esto radica su eficiencia. En el caso de Argentina, las aplicó Inglaterra (madre-patria de EEUU) desde antes de 1810, y en forma continuada hasta hoy 2005 (incluído Malvinas y los Tratados de rendición incondicional de1990, conocidos como “Declaración Conjunta de las Delegaciones de la Rep. Argentina y el R.U. de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte”).

Una de estas guerras invisibles es la de Inteligencia y Contrainteligencia.

La Comisión de Inteligencia del Congreso de EEUU refiere en una de sus publicaciones [2]: “... Las Acciones Encubiertas son usadas para influenciar en el extranjero condiciones o situaciones políticas, militares o económicas, donde se intenta que el rol del Gobierno de los Estados Unidos no aparezca públicamente.

Estas operaciones pueden consistir en propaganda, apoyo político o militar a facciones dentro de un determinado país, asistencia técnica y logística a otros gobiernos para tratar problemas dentro de sus países, o acciones para desbaratar actividades ilícitas que amenacen los intereses de EEUU Estas acciones complementan otras medidas abiertas paralelas (como diplomáticas, sanciones comerciales, o actividades militares)...”

“... La responsabilidad para llevar a cabo acciones encubiertas corresponde a la CIA (Central Intelligence Agency), cuyo Director debe (según el Acta de Seguridad Nacional de 1947): Desarrollar otras funciones y tareas de Inteligencia relativas a la seguridad nacional, cuando sean requeridas por el Presidente o por el Consejo de Seguridad Nacional...”

“... Por Orden Ejecutiva, solamente la CIA está específicamente autorizada para tomar acciones encubiertas que sean individualmente autorizadas por el Presidente, aunque también puede ser ordenado a otros departamentos y agencias a tomar y apoyar acciones encubiertas con la autorización del Presidente ...”

Las guerras políticas no visibles son aplicadas permanentemente en todos los países latinoamericanos, con distintas tácticas e intensidades.

Aquellos países cuyos gobiernos defiendan los intereses nacionales y populares, por encima de los de las potencias dominantes restringiendo su libre acceso a las fuentes de energía, a los recursos naturales, y que controlen la circulación de capitales y la apertura de su mercado interno, sufrirán guerras no militares de mayor intensidad. En estos casos es donde las operaciones comienzan a hacerse visibles.

Tácticas para promover la “Libertad y la Democracia”

El Objetivo de las potencias dominantes es cambiar o derrocar aquellos gobiernos que no satisfagan sus intereses, y mantener a aquellos que cumplan.

Para lograr su Objetivo, emplean las guerras políticas de Inteligencia y de Organizaciones, entre otras [3].

Sus Servicios de Inteligencia deben penetrar, infiltrar y manipular instituciones u organizaciones de la sociedad civil, del país “blanco”. Como por ejemplo, organizaciones políticas, sindicales, culturales, educativas, religiosas, de profesionales, de intelectuales, estudiantiles, sociales, movimientos populares y en especial periodísticas.

Dentro de cada organización necesitan debilitar, dividir, neutralizar y destruir, aquellos elementos considerados como amenaza, de manera que la organización termine beneficiando los intereses de la potencia en cuestión.

Para financiar los costos de tales operaciones, arman rutas internacionales de dinero difíciles de detectar. La fuentes de las que parten, generalmente millones de dólares, son los propios gobiernos de las potencias dominantes y otros organismos financieros internacionales, como el Banco Mundial. La administración de fondos queda bajo la supervisión de los Servicios.

Para el caso documentado de EEUU [4], sus Servicios (en especial la CIA), operan en combinación con determinados Think Tanks y Fundaciones cuyas sucursales, inyectan el dinero en las organizaciones civiles locales por algún medio, como blanqueándolo mediante Consultoras privadas contratadas.

Un mecanismo para influenciar los procesos electorales e instalar gobiernos pro-estadounidenses, se basa en el principio de: “Infiltrar y fortalecer al enemigo más débil contra el enemigo mas fuerte, y una vez vencido éste, manipular al enemigo débil” .

Es decir, apoyar, fortalecer y financiar a las organizaciones de la oposición (partidos políticos, sindicales, patronales, movimientos opositores, etc.) para unificarla en un bloque (empleando sobornos si es necesario), y reunir el máximo número de votos. Luego consolidar un frente político con candidatos “elegidos” pro-estadounidenses, o al menos comprometidos con los dogmas afines a su capitalismo de mercado.

Paralelamente se desacredita al gobierno nacional y popular con propaganda, y fomentando el descontento popular.

Algunos ejemplos extremos de estas operaciones encubiertas, han sido Nicaragua en 1990, Chile en los 70”s, y no se descarta a Argentina, especialmente en los 90”s.

También se detecta su aplicación en Venezuela, con un recrudecimiento para las próximas elecciones del 2006, ya que su gobierno considerado como amenaza, y calificado por la vocero Condoleezza Rice como “populismo antidemocrático”, defiende los intereses nacionales y de la mayoría del pueblo venezolano, por sobre los de las potencias globalizadoras. Y podría ser ejemplificador en la motivación de la identidad originaria de los latinoamericanos.

[1] Huntington S.P.; Foreign Affairs, 2 (78) 1999

[2] “Preparing for the 21st century : An appraisal of U.S, Intelligence”, 1996

[3] H. Ricciardelli, L.E. Schmid, “Protocolos de la Corona Británica”, Struhart, 2004

[4] “The Nature of CIA Intervention in Venezuela”, Voltaire network, 2005