Para los historiadores, el 29 de mayo y el 1º de junio de 2005, fechas del «no» francés y holandés, constituirán momentos cruciales simbólicos para Europa. Marcan el fin simbólico de una era que se inició luego de la Segunda Guerra Mundial, un período caracterizado por la reverencia hacia la Unión Europea, asociada a la paz, a la prosperidad y a la libertad. En la actualidad, sólo el masoquismo podría llevarnos a continuar el proceso de ratificación. De hecho, incluso cuando franceses y holandeses votaron igualmente por razones internas y aun cuando la extrema derecha y la izquierda no constituyen una mayoría coherente, ignorar este rechazo privaría de legitimidad la causa de Europa. Tampoco podemos aferrarnos a viejas recetas como el eje franco-alemán.
Se impone una pausa. No obstante, ello no quiere decir inmovilidad. Hay que trabajar en cuatro direcciones:
- Salvar la política exterior de la Unión Europea del desastre. Estados Unidos, Rusia y China no deben creer que la Unión Europea es un interlocutor obsoleto. Es preciso mantener en su puesto a Javier Solana.
- Seguir el proceso de reforma de las economías nacionales demasiado rígidas.
- Proseguir la ampliación con valentía y determinación.
- Llegar a un compromiso sobre el presupuesto.
Tal y como sucedió luego del rechazo a la CED en 1954, hay que apoyarse en un fracaso para volver a empezar de mejor manera.

Fuente
International Herald Tribune (Francia)
El International Herald Tribune es una versión del New York Times adaptada para el público europeo. Trabaja directamente en asociación con Haaretz (Israel), Kathimerini (Grecia), Frankfurter Allgemeine Zeitung (Alemania), JoongAng Daily (Corea del Sur), Asahi Shimbun (Japón), The Daily Star (Líbano) y El País (España). Además, a través de su casa matriz, lo hace de manera indirecta con Le Monde (Francia).

«We must not let our greatness flicker», por Timothy Garton Ash, Michael Mertes, Dominique Moisi, Aleksander Smolar, International Herald Tribune, 16 de junio de 2005.