Red Voltaire
Los proyectos de reforma de la ONU

Para Kofi Annan, el derecho internacional ya no garantiza nada

El período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas que comenzará en Nueva York el 14 de septiembre de 2005 analizará varios proyectos de reforma de la organización. Si todos concuerdan en la necesidad de mejorarla, nadie interpreta dicha necesidad de la misma manera. Después de presentar en estas columnas los proyectos estadounidenses, damos la palabra a Marie Heuzé, directora de Información de las Naciones Unidas, quien nos presenta el punto de vista del secretario general, Kofi Annan.

| Ginebra (Suiza)
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Kofi Annan, Secretario General de la ONU.

Sandro Cruz: ¿Es necesario emprender reformas políticas en el seno de las Naciones Unidas?

Marie Heuzé: Sí. Retomando la expresión «para vivir protegidos del miedo, para vivir protegidos de la necesidad y para vivir con dignidad», se necesitan estructuras aceptadas por los Estados miembros. Éstos trabajan en las Naciones Unidas, en el seno de cierto número de órganos, como por ejemplo el Consejo de Seguridad (en todo lo concerniente a la seguridad global, la paz y el uso de la fuerza cuando este es necesario).

Sin embargo, ese Consejo, aunque fue modificado en 1965, se concibió originalmente para una comunidad de 50 Estados miembros. Las reformas que se proponen ahora, ya sea por el secretario general [Kofi Annan] o por los Estados miembros -propuestas que no siempre son coincidentes- prevén una ampliación considerable del Consejo de Seguridad (de los 15 miembros actuales a 25), para que refleje mejor a la comunidad internacional.

En el plano político, el papel de la Asamblea General es muy importante, pero su agenda es a menudo extremadamente cargada. Adopta gran cantidad de resoluciones que no siempre se ponen en práctica. Es por ello que el secretario general propone una revisión de su funcionamiento.

El tercer punto, muy importante, tiene que ver con los Derechos Humanos. La Comisión de Derechos Humanos, que depende por el momento del Consejo Económico y Social (ECOSOC), no tiene autoridad y tiene poca actuación política. La proposición [del señor Annan] es reducir la cantidad de Estados miembros (actualmente son más de 50) para integrarla al seno de un Consejo de Derechos Humanos que sería en cierta medida un órgano paralelo al Consejo de Seguridad (o sea, con unos 25 miembros también). Ese Consejo tendría la misma autoridad que el Consejo de Seguridad. Sería uno de los pilares de ese edificio político, para el derecho y el desarrollo.

Las Naciones Unidas favorecen un diálogo multilateral entre los pueblos mientras que la superpotencia estadounidense emplea un lenguaje cada vez más unilateral. La decisión de desencadenar la guerra contra Irak sin el aval del Consejo de Seguridad es un ejemplo de esto último. ¿Cómo ven las Naciones Unidas su relación con la administración Bush, sobre todo después de las duras críticas de ese gobierno contra la organización?

Marie Heuzé: En primer lugar, hay que señalar una paradoja histórica. Las Naciones Unidas fueron creadas sobre la base de una filosofía muy norteamericana. El presidente Roosevelt y todo un grupo de reflexión trabajaron, antes de 1945, en la elaboración de la Carta. La filosofía «United Nations» viene de Estados Unidos, en todo caso de los Aliados vencedores de la Segunda Guerra Mundial.

La segunda paradoja es que, 60 años después, uno tiene la impresión -se trata incluso de una certeza- de que la nación que creó y acogió la conferencia de San Francisco, que trabajó a favor de esta institución internacional, no se reconoce en ella. Se siente decepcionada ante ciertas decisiones adoptadas muy lentamente para su gusto. Está decepcionada porque la Asamblea General es demasiado difícil de manejar y quisiera ir más rápido en ciertos aspectos, como en el caso de Darfur, aunque podríamos mencionar otros ejemplos. Se le reprocha [a las Naciones Unidas] su ineficacia, así como cierto número de acciones (...).

Se hace a la ONU responsable del escándalo «petróleo por alimentos». Pero ese mecanismo no fue una invención de la ONU. Fue una creación del Consejo de Seguridad. Se dicen muchas cosas, pero cuando se analiza cómo sucedió todo, cómo fue la historia, uno se da cuenta de que lo que se dice es a menudo inexacto.

Como quiera que sea, hay que reformar las Naciones Unidas porque vivimos en un mundo diferente (...). La preocupación a la vez por la transparencia, la justificación y la eficacia es válida para la empresa privada, para la sociedad civil y también lo es para las organizaciones internacionales. Ya pasó la época en que se tomaban decisiones y se atribuían fondos en el secreto de una Comisión...

Las reformas que propone Kofi Annan no aparecieron por arte de magia. Provienen de estudios extremadamente precisos. Él confió a Jeffrey Sachs la tarea de hacer un análisis de los mecanismos de financiamiento y de desarrollo de las organizaciones internacionales, de la mejor forma de pensar de nuevo, de hacer nuevas proposiciones y de recomponer la estructura de Naciones Unidas. También pidió un informe a un grupo de expertos de todos los continentes extremadamente experimentados en aspectos como el desarrollo, la protección de las personas y la seguridad. Ese grupo de eminentes personalidades, entre las que se encontraban la Sra. Ogata, la Sra. Teré y muchas otras, tuvo en cuenta un amplio campo de análisis para presentar proposiciones extremadamente precisas. El Sr. Annan escogió algunas de esas proposiciones y las está poniendo ahora sobre la mesa...

Los norteamericanos anunciaron, hace justamente una semana, que algunas les parecían excelentes. Lo escribieron. Lo dijeron. Quieren una reforma radical de la Comisión de Derechos Humanos. También quieren una reforma radical de los mecanismos de financiamiento del desarrollo. El único problema es el de la imagen en el discurso oficial y entre cierto número de congresistas. Hay hostilidad hacia las Naciones Unidas. Ésta es tan profunda que va más allá de este proyecto de reforma y existe el riesgo de que ponga en peligro el edificio completo.

Usted abordó el financiamiento. Hace poco, Henry J. Hyde, presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representante de Estados Unidos, presentó un proyecto de ley intimando a la ONU a plegarse a 38 reformas estructurales so pena de que su presupuesto fuera saboteado. ¿La superpotencia está ejerciendo un chantaje financiero?

Marie Heuzé: Sí, el Sr. Hyde pidió que se redujera rigurosamente el presupuesto de las Naciones Unidas. El Sr. Annan se pronunció sobre el tema al explicar cuán peligrosa es esa proposición. Lo es porque no es saludable, en el seno de una democracia internacional o en un sistema internacional, que un solo país someta al conjunto de Estados miembros a una especie de chantaje unilateral. Es evidente también que eso no favorece la reforma.

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La Sra. Marie Heuzé, directora de Información de las Naciones Unidas en la sede de Ginebra, Suiza.
Foto agencia IPI.

Cuando hablé de las reacciones de la administración norteamericana, eran reacciones expresadas de manera muy oficial por el Sr. Burns. Éste explicó que la administración norteamericana apoyaba y apoyaría cierto número de reformas (...). Si usted somete a las Naciones Unidas, como hace alrededor de 15 años, a una especie de regateo, suprimiendo o reduciendo a la mitad la contribución del donante principal [1], usted está poniendo en una situación muy delicada -es lo menos que se puede decir- al conjunto de los Estados miembros que está estudiando la serie de reformas de Kofi Annan. Por otro lado, usted está interviniendo en un proceso y, teóricamente, ya que somos una institución intergubernamental, los que tienen que expresarse son los gobiernos, no los parlamentos. Es el gobierno, la administración que representa al Estado (...) y esa decisión, o más bien ese proyecto de ley, ya que no se ha votado aún, no sólo es muy embarazoso sino que puede poner en peligro un análisis sereno y normal de las proposiciones que ha hecho Kofi Annan, algunas de las cuales no han sido excluidas por la administración norteamericana.

Es también una gran paradoja que Estados Unidos, que se dice el campeón de la democracia, no haya firmado ni ratificado tratados internacionales muy importantes para la humanidad. Estoy pensando, por ejemplo, en los pactos relativos a los Derechos Humanos, Cívicos y Culturales...

Marie Heuzé: Eso es parte de las paradojas. Hay que recordar que al final de la Primera Guerra Mundial los norteamericanos no firmaron el Tratado de Versalles. Es por ello que cuando se creó la SDN [Sociedad de Naciones, antecesora de la ONU] esta nació ya debilitada. Eso forma parte de la tradición jurídica, del modelo legal norteamericano y es así desde hace años y años. Los anglosajones, en particular los norteamericanos, no quieren verse atados por tratados internacionales.

Mencioné el Tratado de Versalles porque es emblemático. Es exactamente lo mismo. Los argumentos son los mismos que siempre he oído, por ejemplo, sobre la Convención sobre los Derechos del Niño, que es el tratado más ratificado del mundo. Los norteamericanos lo firmaron, pero no lo ratificaron, aunque parecía lo más natural. Lo mismo sucede con la Convención sobre el Fin de la Discriminación contra la Mujer, firmada por gran cantidad de Estados. Los norteamericanos siguen sin ratificarla. Es algo que forma parte de su cultura, de la historia del derecho público norteamericano, de no sentirse atados a tratados internacionales (...). Lo mismo pasa con la Corte Penal Internacional. Volvemos al mismo debate. Eso no es nuevo. Es un fenómeno que conocemos bien.

¿Cómo participan los Estados miembros en las reformas? ¿Cómo se ha elegido a los expertos?

Marie Heuzé: El Sr. Kofi Annan no ha escogido Estados. Escogió a individuos según su historial y sus responsabilidades. Considera que son personalidades influyentes capaces de obtener el apoyo de altos dirigentes. Es así que [Kofi Annan] nombró al ex presidente de México [Zedillo] para convencer a cierto número de líderes de la región de las razones de la reforma. O sea, no se escogió al Estado mexicano sino a una personalidad mexicana a qien Kofi Annan encargó, como a un superdiplomático, emprender un peregrinaje en el que ofreciera cierto número de explicaciones sobre la reforma de la ONU.

Entonces, ¿es el Sr. Kofi Annan quien designa a esas personalidades?

Marie Heuzé: Sí.

¿Y esas personalidades no tienen ningún lazo político, ni público, con los gobiernos actuales?

Marie Heuzé: Teóricamente no. Se consideran expertos internacionales, diplomáticos al servicio de la reforma.

¿Ellos deben elaborar la lista de reformas?

Marie Heuzé: Exactamente. Pero muchísimo trabajo, a la vez de fondo y diplomático, se ha hecho ya en el marco de la Asamblea General. El secretario general había designado ya en Nueva York cierto número de responsables, generalmente expertos internacionales que no tienen necesariamente lazos directos con sus países, capaces de explicar a diferentes grupos interesados, no ya geográficamente sino sobre la cuestión de fondo, cómo crear un consenso alrededor del tema. (...) El proyecto de declaración presentado a la Asamblea General fue el primer esbozo. Hay ya muchos progresos y puntos positivos (...). Todos los documentos deben estar listos en julio, para ser traducidos después (...). Estamos en un momento extremadamente importante. Por esa razón, es bastante inadecuado que un Estado, o más bien un grupo de parlamentarios de un Estado, ejerza una presión extremadamente fuerte sobre el proceso en marcha que se desarrolla en el marco de la discusión y el diálogo (...)

¿En qué medida implicarán esas reformas consecuencias para el Consejo de Seguridad de la ONU?

Marie Heuzé: Kofi Annan ha hecho varias proposiciones. Sin embargo, otras proposiciones logran, aparentemente, un consenso mayor (...). Me limitaré a decir que se manejan varias posibilidades para aumentar el número de miembros permanentes. Hay quien propone agregar dos, otro agregaría cuatro. Un tercero aumentaría el número de Estados miembros no permanentes, con un sistema de rotación geográfica (...)

Para volver a las posibilidades de las diferentes fórmulas, dos grupos trabajan en este momento. Uno de ellos, llamado G-4, reagrupa cuatro Estados que quieren tener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad. Se trata de Japón, la India, Brasil y Alemania. Hicieron proposiciones en mayo de 2005, pero tuvieron que presentar otras porque querían modificar el derecho al veto, a lo cual renunciaron. Hay otro grupo, «los amigos del consenso», dirigidos por ciertos Estados -Pakistán e Italia- que compiten con los otros cuatro, por razones geopolíticas e históricas. Está también el grupo de países en desarrollo, el Grupo de los 77... en fin, son los Estados miembros quienes tienen que ponerse de acuerdo y llegar a un consenso. El fondo del problema es saber si eso se logrará a tiempo. ¿Habrá un consenso para el 14 de septiembre [fecha de apertura de la Asamblea General]? ¿Se puede decir, después de la invasión de Irak por Estados Unidos, que el derecho internacional ya no garantiza nada?

Marie Heuzé: No soy yo quien lo dice sino el señor Kofi Annan. La ONU se vio debilitada por lo sucedido en torno a Irak. Él lo ha dicho varias veces: «La guerra de Irak no se hizo en conformidad con la Carta de las Naciones Unidas». Kofi Annan fue incluso más lejos, utilizando la palabra «ilegal», y se lo están haciendo pagar muy caro en este momento.

Se puede decir que la ONU está debilitada si se tiene en cuenta la opinión pública. Esta es muy importante ya que la ONU es una organización intergubernamental que conducen los gobiernos pero que está al servicio de los pueblos. Si hace usted un análisis de la imagen actual de la ONU en el mundo entero, se encontrará, una vez más, una doble paradoja. Somos mal vistos por los países del Golfo y los países árabes porque no pudimos impedir la guerra, y somos peor vistos aún en Estados Unidos y en ciertos países de la Coalición porque estábamos en contra de la guerra. O sea, se trata de una «no win situation». No podemos ganar y perdemos en todos los sentidos. Es evidente, la ONU está debilitada, es mal vista. Se confunde el papel de la ONU con la responsabilidad política de los Estados que la componen.

Entrevista realizada por Sandro Cruz, periodista y vicepresidente de la Red Voltaire, para Red Voltaire.

[1] El principal donante, o sea Estados Unidos, provee el 22% de los fondos para los programas regulares y el 27% para las operaciones de mantenimiento de la paz.

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