Hace falta analizar el presupuesto para el 2006 que propuso el presidente para saber si responderá como corresponde a los retos internacionales que debemos afrontar. La crisis del tsunami mostró el importante papel del presupuesto de asuntos internacionales. Desde el 11 de septiembre, se manifiesta un creciente reconocimiento de expertos, especialistas en política exterior, dirigentes del mundo de los negocios y los grupos humanitarios debido a que ese presupuesto se hace cada vez más importante para la seguridad nacional y la estabilidad global. Su monto alcanza los 1 300 millones. En estos últimos años se ha incrementado y lo agradecemos al presidente. Esa pequeña inversión permite reforzar un presupuesto que sirve para proteger a los norteamericanos, garantizar su seguridad en el extranjero, abrir y estabilizar los mercados extranjeros, crear empleos aquí, apoyar la labor de nuestros diplomáticos, reforzar las sociedades civiles y combatir la pobreza global. Solamente en el caso del sudeste asiático, se comprueba que ese programa ha salvado vidas y establece las bases para las inversiones privadas, como por ejemplo para un sistema de saneamiento de las aguas financiado por Procter & Gamble. La ayuda humanitaria y el desarrollo son dos funciones esenciales de nuestra política exterior e instrumentos de nuestro « soft power », continuar invirtiendo en ese sector es la más sensata de las políticas frente al terrorismo. Ese programa debe acompañar el Millenium Challenge Account.

Fuente
Washington Times (Estados Unidos)
Propiedad del reverendo Sun Myung Moon (Iglesia de la Unificación).

«Budgeting for leadership», por John Edward Porter y Steve Solarz, Washington Times, 14 de marzo de 2005.