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NELA MARTÍNEZ 1912-2004 (Fotógrafa: Judy de Bustamante)

Esta unidad geopolítica, autónoma, cargada de productos múltiples y vitales, donde se desarrollaron la existencia y la cultura de un pueblo que aún hoy, a cinco siglos de despojo, conserva huellas de sus orígenes la recibió amorosa en 1912. Aquí creció junto al río Coyoctor y a las parvas del esfuerzo humano, mirando las cordilleras y trasmontándolas con la magia de su cerebro. Aquí, se alimentó de los ríos de leche y miel de Enriqueta Espinosa: mi madre, huaquera de los sueños, alimentó los míos dándome en las madrugadas con escarcha y viento de bocina, los perfiles exactos de los entierros que nos esperaban. Amiga de Max Uhle, con su generosidad y cultura, le dio al sabio arqueólogo lo que yo pensaba eran nuestros tesoros. Están en otro lado hasta que se rescaten para el gran museo arqueológico que Cañar necesita y merece.

En esta tierra queda, sin embargo, la nuez, el tocte, la almendra, como semilla bajo el humus y la piel. Queda el carácter que se forja en el espacio donde el título de propiedad no le cambia el aire de la memoria colectiva, al real y cierto girar de las estrellas que he visto en mi niñez desde las altas eras, como las más brillantes y hermosas de la tierra, confundidas entre meteoritos y luciérnagas alargadoras de la luz celeste, mensajeras de señales astrales, que nos unían las espigas y el pan futuro con la marcha infinita del cosmos. Sólo allí y entonces pude percibir la armonía circular del universo. Ni arriba ni abajo, en el centro de miríadas de manifestaciones de la energía transformada en el más hermoso poema sin palabras, por mi incapacidad para transferirla al vocablo desdoblador de la maravilla experimentada en el Coyoctor de la antigua sabiduría cañari. He pensado a veces en César Vallejo, el poeta del material del Ande, un Vallejo jubiloso, para que nos descubriera la sensación del descubrimiento en el amanecer de la vida. Y dónde la poesía del silencio, el labio cerrado de los Mayancelas y Duchicelas, de los Tenesacas y Aguaysas, a la que sintiéndola la ponía a trabajar en la altanoche para que rindiera frutos al mediodía. Capitanes de los sueños, estrategas de la causa perdida, a la que recuperaban con la tenaz porfía de sus abuelos asentados sobre la mínima posesión de tierra aún propia, que la extendían en el pleito de los viajes, de los reclamos ante las autoridades, reales o republicanas, siempre coloniales. Dos entrañables recuerdos me atraviesan. El uno muy lejano, el otro más próximo. Ambos son clamor y testimonio.

Se refería a Liberato Tenesaca, alcalde de Ingapirca y a Esteban Aguaysa de la rebelde Comuna de Zhuya. Ambos, imparables cargaban los documentos, cubiertos por sus cushmas, que legitimaban los levantamientos indígenas del Cañar. Ambos, personificaban la razón de vivir y de luchar de Nela Martínez, hasta el último de sus alientos.

Descendientes o no, de conquistadores y colonizadores, fuimos herederos de la incultura de la discriminación, la misma que caracterizó, en su esencia y en su ideología, al fascismo. La ruptura llegó en su adolescencia. En sus manos de poeta, se acunó un ejemplar de la revista Amauta escrita y editada por el luminoso del Perú, José Carlos Mariátegui, el autor de Siete Ensayos de la Realidad Peruana, a quien ella consideró siempre su Maestro. Estoy casi seguro que la suscitadora de la entrega fue la culta y rebelde cañareja, bibliotecaria, Elina Palacios, admirada amiga de Nela. Un compromiso hondo, una clarinada, entonces, inició la búsqueda de la militancia y la acción. En Guayaquil, a donde viaja junto a su madre por razones de salud, gana un concurso nacional de cuento, y de la mano de Enrique Gil Gilbert conoce al Grupo de Guayaquil y especialmente a Gallegos Lara, con quien posteriormente se casaría. En 1931 ingresa al recientemente formado Partido Comunista del Ecuador. Esa militancia que levantó horrorizadas voces en su entorno anterior, en los machistas y feudales, en ella fue sellado pacto de vida con los pobres de la Tierra.

Lo épico de las revoluciones estalla sobre el trabajo de hormiga de los encadenados a conciencia, escribió Nela Martínez en el prólogo de la novela Los Guandos, que iniciara Joaquín Gallegos Lara y la terminara ella misma. Al decir de su primo, Simón Espinosa, «Ella vivió encadenada a la conciencia hasta el último día. Ella hizo un trabajo de hormiga hasta semanas antes de su muerte. No fue comunista de gabinete. Fue comunista de trabajo en el campo y en las calles. Fue, sobre todo, antifascista.» Queríamos una organización de iguales, solidarios y justos, antes que la estructura estratiforme que anula la creadora capacidad de la masa.

Su ruptura con el clericalismo, su militancia comunista, su vinculación a lo más destacado de la rica intelectualidad de los años 30, le permitieron acceder al pensamiento crítico y desde allí mirar al Mundo, entender la historia desde otra óptica, vinculada a la cotidianidad y con la acción puesta en la transformación hacia una sociedad justa, libre e igualitaria.

A su lado, como obras de cabecera y de consulta, permanecieron toda su vida los escritos de Miguel Hernández y de César Vallejo, de Marx, de Flora Tristán, de Simón Bolívar y de Humboldt, Mariátegui y el Ché, entre los universales. De los propios consultó siempre a Jijón, Octavio Cordero, Aquiles Pérez, los esposos Costales, Ángel María Iglesias, entre otros. Como investigadora y lectora profunda y compulsiva, lo leído no quedaba en ella para cenáculos inaccesibles al género humano; desentrañaba ante sus públicos de siempre, obreras y obreros, indígenas, estudiantes, etc., las farsas tejidas en la historia nacional, que se nos han petrificado en el imaginario como mito que asegura la opresión, la colonia, que nos desarraiga y embarga. Nos borraron la historia, desde el principio la oí decir más de una vez. La ruptura de esquemas fue entonces su sino.

De ella surgían con una magia inusitada los relatos sobre Daquilema, o los levantamientos de Cañar y Chimborazo, o Alfaro y sus coronelas, o las obreras de Guayaquil, Quito y Ambato, o los cañaris, los puruháes, los karas, o la imposición del kichua, o la persecución inquisitorial en la Colonia, o las conspiraciones y escritos de Manuela Espejo, o el la lucha y el martirio de Rosa Zárate, o Dolores Veintimilla y su persecutor. O la memoria viva de sus más cercanos, contemporáneos, camaradas de lucha y de partido, Rubén Rodríguez, Méntor Mera, Gustavo Becerra, Alejo Sáez, Ambrosio Lasso, Agustín Vega, Lucha Gómez de la Torre, Jesús Gualavisí, Ana Moreno, Dolores Cacuango, Manuel Agustín Aguirre, Isabel Herrería, Primitivo Barreto, Modesto Rivera, y más, como Julia y Carlos Bazante, Miche Pacheco, Eugenia Viteri, Vilma Espín, Benjamín Carrión, Laura Almeida, Miguel Mármol, Lucía Ochoa, Faure Chomón, Desiree Lieven, Andree Wagner, G.H.Mata, Óscar Vargas, Lucila Rubio, y más que acrecentarían estas cuartillas, solamente de nombrarlas y nombrarlos con unción y devoción.

Un reto especial significó en la vida de Nela Martínez, su batalla por vindicar a Manuela Sáenz, la proscrita heroína de nuestra primera independencia. Decidió recuperar y comunicar su historia, su vida, su pensamiento. Sobre su memoria se había depositado como lápida, mentiras repetidas mil veces que se tornaron en verdades irrefutables. La Capitana de Húsares que había sido ascendida a Coronela del Ejército Libertador, por petición de Sucre, luego de la decisiva Batalla de Ayacucho, debía volver rediviva, junto a todas las Manuelas, a despertar al pueblo subyugado por esta nueva colonización que llega bajo los nombres de Plan Colombia o TLC. Al cumplir sus 90 años dijo ante el pueblo de Quito congregado en el Salón de la Ciudad: Más allá de diferencias circunstanciales, o de conceptos políticos, en todo ciudadano honesto y nutrido de la historia y su esperanza secular, vibrará la voz de Bolívar llamándonos a revivir su historia, con nuestras Manuelas a la vanguardia.’ ‘Sin el transgresor Rumiñahui la voz del ofendido no habría dejado su eco. Tampoco Espejo y sus hermano y hermana habrían tomado en sus manos los instrumentos que la cultura letrada les permitió conocer, para volverla arma de reivindicación y expresión personal. Porque lo que está claro en su ser es que, adentro del apellido de Santacruz y Espejo, la Manuela Chusig, de profundo barro nativo, latía. Y esto porque prevenía que lo que vivimos ahora, la segunda colonización será, lamentablemente, más rapaz, violenta y grave que aquella que hizo de nuestras gloriosas Manuelas las adelantadas en la lucha anticolonial.

Fue transmisora de una nueva forma de contar la historia oculta, participando empapada en ella y en sus convicciones, en su tiempo, que todos ustedes, que todos nosotros, tenemos el deber no solamente de desentrañar, si no de desnudar, para dar sentido de patria a nuestra vidas, a nuestra identidad, a nuestras culturas, al futuro.

Su compromiso profundo y radical, la llevó a fundar y construir organizaciones sindicales, indígenas, de mujeres, de intelectuales, antibelicistas, antiimperialistas. A levantar propuestas y sueños colectivos, que eran paralelamente los de la Humanidad. Así llegó en 1945 a ejercer la diputación. En su discurso de posesión ante la legislatura marcó el destino de su accionar parlamentario: No me siento extraña en esta sala -dijo Nela Martínez en el Congreso Nacional- , porque este puesto lo han conquistado las mujeres de mi patria en todas las jornadas de la historia ecuatoriana. En la colonia, durante la independencia y en la república, miles de mujeres anónimas soñaron con una sociedad más humana y más justa, para sí mismas y para sus hijos’ ‘Soñaron y lucharon con ese mundo, cuando una absurda discriminación sexual trataban de impedir que ellas participaran en la vida política, cultural y social del mundo del que formaban parte y al cual se pertenecían.’ ‘No tiene mi presencia aquí el carácter agrio, intransigente y fiero de una lucha «feminista» de viejo tipo. Nada más lejos de la conciencia y el corazón de las mujeres ecuatorianas de esta época. Asumimos nuestra responsabilidad como seres conscientes, integrantes de una sociedad de la que formamos parte, y así llegamos hasta aquí, sencilla y llanamente a decir nuestra opinión y a colaborar en la edificación de la patria democrática de verdad en la que aspiramos que vivan nuestros hijos....

Caminó el por el Mundo fundando organizaciones políticas y de mujeres en Guatemala y Centroamérica, trabajó arduamente en solidaridad con la España Republicana, con Viet Nam, con Cuba. Estuvo en París junto a Neruda, Picasso, Erhemburg, Breton, Casals, la Pasionaria, Alberti, Amado, Guillén, construyendo el Consejo Mundial de la Paz, durante la posguerra que amenazaba con convertirse en hecatombe nuclear.

Y toda esta vida pública y militante y comprometida no puede ser leída sin topar lo simple, lo cotidiano, lo del día a día. La enorme capacidad para gozar del olor de la fruta, del atardecer mirado desde su escritorio, del nuevo nido que apareció en su jardín, le iluminaban los ojos. O las noticias familiares, la añorada presencia de las hermanas Maga y Estela o de los hermanos Ricardo y Gerardo, sobrevivientes de un tronco materno y paterno que tuvo 13 ramas, le conducían a averiguar sobre cada cuñada y cuñado, sobre toda las descendencias. Y así como recogía las migas del pan para darles a los pajaritos que llegaban diariamente a su terraza, estaba siempre atenta para preparar su hogar y dar refugio, cobijo, comida y ternura a todo perseguido, perseguida, por los «Planes Cóndor» de ayer y de hoy. Nunca faltó un plato para quien llegaba hasta su puerta, su mesa estuvo siempre llena de gente, compartir era para ella, un acto permanente, natural.

Disfrutó de la vida en cada segmento. Daba todo de sí, hasta en lo aparentemente simple, que para ella era profundo. Inventaba un postre, con la habilidad heredada de sus abuelas y de los fogones antiguos, sin descuidar detalle, recurriendo a la memoria familiar o colectiva. Con la misma fuerza que arengaba en una manifestación, escribía cuentos para sus nietos; o daba entrevistas a los adolescentes que llegaban hasta ella, con la misma seriedad y acuciosidad con la que respondía las preguntas al mejor de los corresponsales extranjeros.

Quedaron en su escritorio centenares de páginas inéditas. Talvez porque nunca le preocupó la fama más que la integridad de su existencia o la honradez en sus actos. O porque como dijo: Para mí escribir es simplemente necesario; no es una carrera, una profesión. Es algo que combino con la vida, con las luchas, con las cosas que ocurren en la vida y por la necesidad de expresar lo que pienso, lo que tengo, lo que percibo... Es una forma de expresar la historia, definitivamente Sus casi 92 años le fueron insuficientes para sentirse exhausta y agotada. Hasta sus últimos días legó pensamiento: ¿Cómo podemos completar la acción de Bolívar en su lucha por la Independencia y las reformas de Alfaro, otra vez truncas, sino llevándolas hacia el cambio verdadero?

De ahí que sea vergonzoso nuestro silencio, nuestra desorganización. La globalización planteada y ejecutada como la salida a la nueva crisis que sacude al mundo, no es sino un intento más, audaz y lesivo del capitalismo, para asegurar su dominio a escala mundial, mientras los miserables de la Tierra se inmovilizan. En tanto la conspiración financiera engaña y avanza. Prueba de ello es el estado en que están los países del mundo pobre y los pueblos, en condiciones de guerra económica no declarada pero palpable. La entrega del propio territorio ecuatoriano como base militar en Manta y el Oriente, la inicua cesión de las zonas que garantizan la apropiación de las aguas de la Amazonía, en Pacto llamado de la Paz y que es de infamia, nos han conducido a la participación en el Plan Colombia y en la guerra del Imperio. Con el aumento de la deuda impagable y la dolarización, más la corrupción total que padecemos, tenemos una larga y dolorosa historia para reconstruir el sueño de Ecuador soberano y digno.

O más recientemente, ante el Congreso en Pleno: Estamos siendo abyectamente colonizados bajo el disfraz de la República. ¿Cómo es posible cantar el Himno Nacional, ...¡Salve, oh Patria!, si asistimos impasibles a la entrega de nuestra independencia? ¿Sirven el Congreso y los vocablos republicanos si permitimos que la fuerza imperial norteamericana, en trance de guerra para la dominación mundial, nos tome como parte logística para su realización?

El señor presidente Gutiérrez, en su visita a Washington, entregó el país para lo que el Imperio necesitara, así como redujo nuestra democracia, ya en paréntesis, a una simple fórmula de intercambio entre Presidentes. La gloria tiene su precio y la traición también.

Puede ser que yo nunca más pueda hablar en público. Pero ahora, si estas son mis últimas palabras, es para llamar al sentido y espíritu patriótico de los que no hemos vendido el alma al diablo de la traición.

Murió en La Habana, el 30 de julio del 2004, «con la mirada puesta en América», como dijo Kintto Lucas.

Desde Charcay, en el Cañar que amó y extrañó hasta sus últimos minutos, escribió en carta a su compañero de amor y lucha Raymond Meriguet: Las nubes se arremolinan en el ocaso y giran policromas. Los macizos oscuros de las montañas se vuelven rojizos o cárdenos por la irradiación de la luz crepuscular. El sol de venados se empina en los picachos como un niños que quisiera ser alado, y tiene tonalidades de oro o violeta, o se vuelve múltiple y tornasol en el último juego de la luz que centellea, en el primer paso de la sombra que asciende todavía iluminada. Quizás es así la muerte, que sube a nosotros cuando aún amamos, cuando todavía la sangre cálida nos envuelve en su llama de deseo y pasión. Luz y sombra, vida y muerte son una consecuencia de la misma causa. Estos días me han subido a una cima. Veo con tranquilidad lo inevitable.

Gracias, otra vez, por haber nominado estos importantes eventos de identidad, de sanidad colectiva, de ejercicio de conciencia social, con el nombre de la cañareja Nela Martínez.

Traspasar el dintel de esa partida fue como sellar la fuente del agua de lo mágico y verdadero, que nos devolvía, río arriba al pasado.

Quedo en deuda de amor con todo lo que me habita desde la primera luz de mi alba. Mis fantasmas son vidas. Juntos esperamos volver.

Palabras pronunciadas durante la inauguración de los Encuentros Nacionales “Nela Martínez Espinosa” - III de Arqueología y IV de Antropología, en Azogues, Cañar, con auspicios de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”. Se utilizaron textos extraidos de varios escritos de Nela Martínez, los mismos que constan en cursiva.