Ha dicho con la habitual ferocidad inteligente que le es característica, Javier Valle Riestra: “Es que la casta política no tiene más visión ni más meta que el reparto de escaños, de fajines ministeriales y de embajadas. Ellos aspiran a ser los príncipes de una monarquía siútica (cursi), hortera (de mal gusto), huachafa, que dura cinco años. Entre ellos se aplauden; entre ellos se festejan, entre ellos se encuestan. Lógicamente que están totalmente engañados. El país real marcha por otro riel, por otro lado, tal como lo anunciara hace 25 años Matos Mar. Por un lado el Perú de la bancocracia y de la Iglesia, el Perú de la burocracia costeña, y por otro lado el Perú informal, el del trueque, de adoración a santos no canonizados, que es el que va a terminar deglutiéndose al primero. Ya lo he dicho varias veces: en este banquete no ven lo que dice el firmamento, como en Babilonia: mane thecel fares (tus días están contados).”

Me permitiría aventurar que el 95% de nuestros políticos está huérfano de horizonte histórico. Pretende dar leyes a través de morisquetas de mal gusto o maromas con dedicatoria como aquella que empujó Antero Flores Aráoz con respecto a una garrapata como Walter Albán en la Defensoría del Pueblo. A pesar del envilecimiento de la institución, ese individuo no tiene la vergüenza mínima como para irse a su casa.

Manuel Seoane hablaba de planes nacionales pero no para lustros o quinquenios cómplices sino para décadas y que en estos debía estar el prisma político en su conjunto. ¿Para qué, sino, son las aspiraciones de país o Estado en una sinergia que debe eliminar, en primer término, los sectarismos ociosos y retrasadores, para movilizar a la población y hacerla parte militante de la forja de su desarrollo con pan y libertad?

Obviamente la escuela política brilla por su ausencia porque los partidos han abdicado de su tarea educadora de líderes integrales y enterizos. Perú se caracteriza, desde hace casi 30 años, en la lucha tribal y canibalesca de grupúsculos que inventan cómo sobrevivir a través de ONGs capta-dólares o contratos de asesoría o licitación con nombre propio con el Estado. El motivo fundamental, el leit motiv o elan imprescindible, el pueblo, sólo es un requilorio al que se enuncia cuando hay elecciones y ganas de acomodarse en roles de pago fijos e infaltables.

Como la izquierda caviar se aupó en diferentes espacios y engordó con esta política ganapán y el Apra se juntó no pocas veces con afanes ultra-discutibles y más bien apátridas y bondadosos con el sistema, los elementos reaccionarios, vendepatrias, profundamente venales, momios, se afianzaron en el gobierno del país y sacaron provecho de sinecuras y puestos de los cuales nadie los mueve porque están prácticamente atornillados. Son los que rinden loas desde los medios a las inversiones, a la globalización, al capital extranjero y si por ellos fuera, de inmediato habrían privatizado Sedapal, la Refinería de Talara y regalado todos los aeropuertos porque no les bastó la concesión tramposa y delincuencial que hicieron con el Jorge Chávez hoy en manos de Lima Airport Partners, LAP.

El discurso reaccionario pro-establisment está en manos de pocos pero tienen, en alianza contra-natura, un pacto con la izquierda caviar de profundísimo sentido aprovechador y caradura. Frente a eso, hasta hoy, la respuesta popular, ha sido ineficiente y pobre. No discute ni propone ideas, a veces, sólo rinde pleitesía al pasado pero no posa los pies en el presente.

La admonición de Valle Riestra, retrata con fidelidad cuanto siente un hombre forjado en canteras democráticas de combativa percepción popular de cuanto hay que combatir en Perú para erradicar su profunda división nacional, su carencia de horizontes y su hasta hoy nulo sentido histórico de hacer las cosas. Puede discreparse de Valle Riestra pero no puede negársele puntualidad rigurosa y análisis sincero y contundente.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!