“Nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; Ni oculto que no haya de saberse”. (San Lucas 12.2)

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A juzgar por las reacciones que ha provocado aun antes de comenzar sus transmisiones, TeleSur es ya una importante victoria para los pueblos de América Latina y el Caribe.

El propósito del nuevo canal de televisión es ofrecer una alternativa verdaderamente independiente que permita a nuestros pueblos expresarse con voz propia, en su muy rica diversidad y en un área donde un grupo reducido de grandes corporaciones controladas por capitales e intereses ajenos a la región han ejercido hasta ahora total monopolio.

El nuevo proyecto inaugurado el 24 de julio, aniversario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar, comenzó con una programación de cuatro horas y sólo será en septiembre que se extenderá a las 24 para cubrir toda la jornada.

En los viejos tiempos, cuando se suponía que en ésta y otras esferas regía la libre concurrencia, el surgimiento de otro Canal habría encontrado apenas una nota informativa o quizás alguna insincera salutación de “la competencia”. El modo en que TeleSur fue recibida es absolutamente único, sin precedentes. Es una recepción, sin exagerar, verdaderamente histórica.

Ha tenido lugar en el Honorable Congreso de los Estados Unidos de América. Nada más y nada menos. Y ocurrió el 20 de julio cuatro días antes que naciera TeleSur. Allí el nuevo Canal fue descrito como “una amenaza para Estados Unidos porque trata de minar el equilibrio de poderes en el hemisferio occidental” en palabras del congresista Connie Mack.

Para contrarrestar semejante peligro el representante floridano propuso y la Cámara aprobó a viva voz el lanzamiento de transmisiones televisivas y radiales del gobierno de Estados Unidos hacia Venezuela repitiendo lo que por décadas hacen contra Cuba. Esa misma noche la Embajada de Venezuela en Washington señaló que la propuesta “refleja un total desconocimiento de la sociedad venezolana”.

En efecto, cualquiera sabe, a menos que sea un político estadounidense, que en Venezuela la mayoría de los medios de comunicación, incluyendo diarios y revistas, están en manos privadas opuestas a la Revolución bolivariana, son sus constantes detractores y han estado involucrados incluso en un fracasado Golpe de Estado que tuvo un carácter eminentemente mediático.

El asunto es como para reír. Salvo para los más empedernidos antichavistas y sus voceros en Venezuela. ¿Acaso Washington los está regañando? ¿Creen verdaderamente Connie Mack y sus colegas que ellos sabrían hacerlo mejor que la oligarquía venezolana? ¿Realmente imaginan que la Voice of América sería más eficaz que Globovisión y las otras televisoras locales? ¿O es que no saben siquiera de la existencia de esos medios? Risa aparte vale la pena analizar la decisión tomada por los legisladores en Washington porque nos ayuda a conocer un poco mejor la sociedad norteamericana.

El acuerdo referido a Venezuela es parte de la Sección 106 (actividades de transmisiones internacionales de Estados Unidos) de la Ley de Asignaciones de Gastos para las Relaciones Exteriores durante los años fiscales 2006 y 2007 (HR 2601). A estas actividades el gobierno de Est ados Unidos dedicará este año por lo menos 603 394 000 (seiscientos tres millones trescientos noventa y cuatro mil dólares) y en el próximo a esa cifra sumarán 20 millones. Más de mil doscientos millones, quizás mucho más, en dos años, para engañar y mentir.

En transmisiones hacia Cuba gastarán 37 656 000 en este año fiscal y casi 30 millones en el siguiente. La cifra es mayor en el primer año porque ahora pagarían la compra del avión que utiliza la provocadora TV Martí, la TV que nadie ve, la primera señal televisiva invisible.

Destinarán además diez millones para transmisiones hacia Belarus y otros tantos respecto a Viet Nam en el mismo período.

En cuanto a los programas dirigidos a Venezuela no ofrecen una cifra concreta. Emplean en cambio una fórmula que en buena técnica legislativa debería causar escándalo. Para el año fiscal 2006 “lo que sea necesario” y “lo que sea necesario para el año fiscal 2007”.

Desde que la sociedad burguesa inventó el concepto de la llamada separación de poderes en todas partes corresponde a la rama legislativa autorizar cuanto pueden gastar las administraciones, imponerles límites, topes, a los recursos que les serían autorizados. Disponer de lo que ella “considere necesario” ha sido un sueño casi siempre inalcanzable para las administraciones en todo el mundo incluyendo Estados Unidos.

Casi siempre, aunque no siempre. El antecedente más cercano, también en Norteamérica, se refiere a Cuba. Para financiar a los grupúsculos mercenarios que Washington organiza dentro de Cuba la fórmula que emplearon hace varios años fue la de suministrarles entonces “por lo menos dos millones”, y en 2005 les prometen ya 59 millones de dólares. Por cierto, que en legislación aparte Estados Unidos decidió otorgar 2 millones a Súmate y otros grupos de la oposición venezolana.

Todos estos millones no provienen de los bolsillos de los legisladores norteamericanos. Al contrario, hombres previsores, ellos se aseguran de elevarse sus salarios cada vez que quieran. Su “generosidad” es en realidad un despojo al pueblo norteamericano. Es de sus esmirriados salarios, mediante los impuestos, de donde salen los miles de millones de dólares que el Imperio dilapida en el empeño por mantener su dominio, en este caso su hegemonía en el campo de la información que usa como instrumento de injerencia y control. Con este fabuloso dispendio de recursos ajenos los legisladores yanquis pudieran aunque sea mitigar el sufrimiento de millones de norteamericanos que carecen de empleo, no tienen un techo o no saben lo que son servicios de salud o educación.

La verborrea del Sr. Mack no deja de contener una verdad. En materia informativa TeleSur altera lo que él llama “equilibrio de poderes en el hemisferio occidental”. Ya no sería todo el poder en manos de un puñado de grandes empresas que defienden a capa y espada los intereses del Imperio y procuran mantener divididos y en la ignorancia a nuestros pueblos y al pueblo norteamericano.

Esto último lo aterra especialmente. Después de todo millones de norteamericanos todavía creen que en Iraq había armas de destrucción masiva, aun suponen que sus tropas son bien recibidas por los iraquíes y por si fuera poco, se imaginan viviendo en un sistema democrático y no bajo la férula de una pandilla corrupta e ignara.

Gracias a ese “equilibrio” informativo muchos no han oído hablar de Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González, no saben que allá están presos por luchar contra el terrorismo, que así lo afirmó paladinamente un gobierno que los persiguió y los castigó porque ese gobierno protege y defiende, usando el dinero del pueblo, a grupos terroristas que actúan impunemente en Estados Unidos.

Todo eso es posible mantenerlo oculto en una sociedad que tiene entre sus características la de obligar al pueblo, en palabras de Chomsky, a “pagar por el privilegio de ser sometido a la manipulación de sus actitudes y conducta”. Todo eso puede cambiar y cambiará en la medida en que la verdad se abra paso y la información no sea presa de la manipulación de unos pocos.

Habrá que luchar mucho todavía. Hasta derrotar a quienes tienen una larga y peculiar experiencia en el ejercicio del embuste. Hace ya un siglo que lo advirtió Mark Twain: “Por bondad de Dios tenemos en nuestro país estas tres cosas indeciblemente preciosas: Libertad de expresión, libertad de conciencia y prudencia para no ejercer jamás ninguna de las dos”. Rebelión