Apunta el maestro Jorge Basadre: “Fue éste, pues, el cuarto gran sacudimiento sufrido por la sociedad tradicional en el Perú en el siglo XIX. El primero estuvo a la revolución de la Independencia y a las guerras posteriores con sus características de empobrecimiento (1810-1845). Correspondió al segundo a las alteraciones provocadas en los niveles sociales más altos por el guano que, junto con la abolición de las vinculaciones laicales, resultó favoreciendo la formación de la nueva aristocracia del dinero (1845-1868). Vino una tercera época (1869-1879) caracterizada en el fondo por el predominio de una burguesía terrateniente y de negocios de inspiración cautamente liberal y por una gran euforia económica y grandes empréstitos que desembocaron en la depresión, el florecimiento y las crisis bancarias, los comienzos industriales, la agricultura que continuó orientada a la exportación impulsada por la mano de obra servil china. Pero ninguna de las conmociones anteriores sufridas -ni la de la guerra de la independencia, ni de las guerras civiles, ni la del agotamiento del guano ni la de la depreciación del billete bancario, ni la de la bancarrota fiscal visible ya hacia 1875- tuvieron la trascendencia del desastre consumado entre 1879 y 1883”. Memoria y Destino del Perú, apuntes esenciales.

Nótese el continuo pernicioso de una agricultura hacia el exterior y los giros irresponsables a que alude Basadre sin que una clase dirigente, o el conjunto que a ella perteneciera, tuviese el más mínimo horizonte nacional o nacionalista. Cabe la pregunta: ¿algo ha cambiado? ¿o seguimos en las variaciones de una misma sinfonía trágica?

“Sin embargo, sobre todo en los sectores más elevados, aparecieron algunas de las características de una casta cerrada. Los matrimonios se hacían entre un pequeño número de familias, con criterio de endogamia. La educación de los jóvenes comenzó a efectuarse en centros de enseñanza exclusivos. Los compañeros de juego infantiles continuaron como camaradas de colegio y luego en las aulas universitarias. No había fortunas tan grandes que permitieran los abundantes viajes a Europa de los años posteriores; pero cuando estos lujos fueron posibles -ellos aumentaron a lo largo del siglo XX-, quienes pudieron disfrutarlos tomaron los mismos barcos, residieron en los mejores hoteles y buscaron idénticos balnearios de moda.” Basadre, op cit.

Deviene importantísimo subrayar lo que Basadre apunta: “El ideal de estas gentes no estuvo en Inglaterra ni en Alemania sino en París. En Lima vivieron en los barrios del “centro” en casas de ventanas de rejas y escalinatas de mármol que hoy parecen increíblemente modestas e incómodas. Algunas familias, no muchas, poseyeron coches y, a medida que fue avanzando el siglo, automóviles. En el verano se trasladaban a Ancón o a Chorrillos. Vestían con pulcritud (algunas damas y caballeros mandaban hacer sus trajes en Europa), se saludaban ceremoniosamente, iban a las mismas misas los domingos, cenaban, bebían y conversaban juntos en el Club Nacional, ocupaban las localidades de preferencia en las corridas de Acho, en el hipódromo de Santa Beatriz y en los teatros, las facultades universitarias, la Cámara de Comercio, las sesiones de directorio de los grandes bancos o de las empresas industriales y las tertulias de algunos periódicos y salones, veían figurar sus nombres en las notas sociales de los diarios”. ¿No parece un recuento cuasi idéntico a lo que ocurre hoy en Perú? ¡Saque sus conclusiones!

“Las familias eran generalmente largas, con abundancia de sirvientes, a veces tratados como si pertenecieran a la misma unidad hogareña. Había salones donde no entraban sino quienes tenían determinados apellidos y que estaban cerrados a quienes sólo poseían el poder del dinero; y familias a las que se rodeaba de respeto, acatamiento y adulación. La hija de una de ellas dijo cierta vez en Europa: “En mi país yo soy como una princesa”. Un símbolo del estado de cosas hasta entonces existente surgió en el malecón del aristocrático balneario de Chorrillos, en el que se paseaban por separado, sin que nadie osara romper las vallas invisiblemente establecidas, quienes pertenecían a los grupos considerados como de primera, de segunda y hasta de tercera”. Hoy Perú se ha “democratizado” gracias a continuos gobiernos vendepatria y tenemos hombres y mujeres hasta de décima o quincuagésima categoría.

En momentos en que un ciudadano naturalizado estadounidense como PPK, juramenta como jefe del gabinete, hay razón para preguntarse si no estamos yendo por el camino proditor de repetir todos los grandes errores de nuestra historia pasada y que muy claramente describió Basadre en múltiples pasajes de su ingente producción intelectual. Pueblo que no aprende de sus yerros ¡vuelve a cometerlos!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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