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Con el anuncio de la puesta en marcha del proyecto comunicacional Telesur , la posibilidad de contar con un canal que permita la circulación de información con producción propia, genera para los países participantes una extraordinaria posibilidad de desarrollo cultural y patrimonial de inalcanzables proporciones.

Para el resto la expectativa de ingresar con el crecimiento del proyecto y para los usuarios encontrar los verdaderos beneficios del derecho a la participación y a estar informado.

La iniciativa tiene un entusiasmo y vida propia en el momento de su gestación. Es más desde cuanto tiempo se ha intentado en vano idear experiencias similares a Euronews de la comunidad europea para ser aplicada en su tibio y dispar Mercado Común del Sur.

En estos días la noticia tuvo rebote en los importantes medios europeos, la creación de un canal del Sur América, oponiéndose casi irrespetuosamente a CNN de los Estados Unidos. Italia, Francia, fundamentalmente los históricos de la BBC hicieron en principio un tratamiento prejuicioso del tema. Pusieron dudas sobre el origen de los fondos para el financiamiento del proyecto, sin poner una sola línea en el contenido u objetivo del mismo.

El temor es el lavado de dinero por parte del narcotráfico, o la perpetuación y legitimación de Chávez como líder mediático que obtendrá su lugar por utilizar solo medios de comunicación. En ese caso los italianos ejemplos les bastan con el perpetuo sonreír de Berlusconi, que ha conducido a su país en una situación de farandulización de su política y su cultura mediática.

Existe una alucinación producto de la ignorancia y del propio etnocentrismo periodístico el no ubicarse en el lugar del otro, es decir opinar en relación a los peligros de manipulación y monopolización de la información, cuando son en un alto porcentaje ellos mismos los que legitiman esos comportamientos porque lo hacen precisamente desde los lugares donde se concentran los medios y se manipula a la opinión pública.

La RAI, La BBC, y Euronews son experiencias de idiotización y de desmovilización ciudadana. No existe ojo televisivo, voz de la calle y protagonista directo sin filtro en los programas de interés nacional. Es pura crónica y está absolutamente manipulada, donde la tijera del censor está a la orden del día. El ciudadano con penurias es presentado como el que está demás, el inmigrante, el bestia y la política como acto de antipolítica.

Estamos hablando de siglos y creadores de industrias culturales, en países supuestamente avanzados, donde la protesta social quizás no sea su centro de información diaria o su coyuntura. Existe un vacío comunicacional que se manifiesta en los medios y se trasluce en la calle. La indiferencia a todo. Mientras las pantallas muestran e intentan gobernar y ocupar espacios que logran con eficacia. Del otro lado por momentos existe una inmensa mayoría que asiste sin procesar a un carnaval de información en forma de espectáculo y que repite a manera de sermón.

Cuando narran la realidad pareciera que son ellos contra el mundo, el mal está afuera. Los terroristas, conflictos de guerra al instante, hambre y miseria en el Africa. Sus protagonistas preferidos en las crónicas son generalmente albaneses, inmigrantes de países del este, africanos o alguno que arribó del sur de Italia y no se encontró a gusto en el norte. O como justificaron los analistas el asesinato del ciudadano del Brasil en Inglaterra, “ y no se detuvo cuando le dijeron alto”. Bravo...

La crítica siempre es halagadora, lo que molesta es la anulación por la descalificación de un proyecto que apenas se inició. Telesur, será una experiencia a legitimar por sus beneficiarios, serán ellos quiénes decidan, elijan en definitiva que ver, que escuchar y que decir. En tanto dejemos que se abra la pantalla y comience a girar las imágenes de Latinoamérica y el mundo.