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Las fuerzas británicas capturan a un guerrillero del Partido Comunista Malayo.

Inmediatamente después de la segunda Guerra Mundial, la Gran Bretaña arruinada debe explotar los recursos de sus colonias para recuperar su economía, pero, al mismo tiempo, debe renunciar a su Imperio ante los movimientos de liberación del Tercer Mundo y la presión comunista. Como antes, en Palestina, en Malasia opera una guerrilla, frente a la cual es primordial el papel de la inteligencia. Más que una guerra contra el comunismo, se trata, ante todo, de una campaña de lucha contrainsurgente destinada a preservar el monopolio de los intereses británicos sobre la explotación del caucho y el estaño. En 1960, se verá coronada por el éxito después del aplastar la guerrilla con los métodos que inspiraron a Francia en Argelia y a los Estados Unidos en Vietnam, y que permiten a Gran Bretaña seguir explotando los recursos en su beneficio al concederle la independencia al país.

En el período de entreguerras, los servicios de seguridad británicos habían logrado penetrar la mayoría de los partidos comunistas del Sudeste Asiático y colocar un agente de origen vietnamita, Lai Tek, en Malasia. Esta red de vigilancia era tan eficaz que logró capturar a Hô Chi Minh y encarcelarlo por un tiempo en Hong Kong. Lai Tek ascendió con rapidez hasta el cargo de secretario general del Partido Comunista de Malasia (PCM), que tuvo que replegarse en la selva durante la invasión japonesa en 1941 para conducir una guerrilla contra los ocupantes, con el apoyo del Special Operations Executive (SOE) de Su Majestad y del almirante Lord Louis Mountbatten, comandante supremo de las fuerzas aliadas en el Sudeste Asiático.

Cuando en 1945, después de una ocupación que duró cuatro años, los japoneses fueron expulsados de Malasia y se restableció la soberanía británica, Lai Tek sigue imponiendo una línea moderada en el Partido. Mountbatten autoriza a la guerrilla victoriosa a desfilar por las calles de Singapur, donde condecora a sus dirigentes, entre ellos a Chin Peng quien más tarde desempeñará un papel importante en la lucha contra el colonialismo. Sin embargo, el PCM escapa ya ampliamente al control británico. Sus cuadros más jóvenes y violentos, y sus combatientes más aguerridos habían empezado a almacenar armas en la selva, previendo el momento en que el colonizador británico dejara de ser un aliado objetivo contra el invasor japonés y volviera a ser un adversario. Por consiguiente, en gran parte, fracasa la desmovilización de la guerrilla.

El período 1945-1947 está marcado por movimientos sindicales iniciados por el PCM, cuyos principales dirigentes son arrestados por los servicios de seguridad malayos (SSM), dirigidos por el coronel John Dalley, quien adopta con rapidez una actitud complaciente y minimiza la importancia del movimiento, calificando a sus instigadores de simples «bandidos aislados». En marzo de 1947, los servicios británicos pierden a su espía Lai Tek: sus camaradas descubren que trabajaba... para los japoneses. El triple agente huyó con los fondos, antes de ser liquidado en Bangkok.

Los verdaderos móviles de la contrainsurgencia

Los estudios más recientes demostraron que los responsables británicos de la época y la historiografía consensual exageraron el papel de las instancias comunistas internacionales en el aumento de la insurrección malaya [1] ya que, de hecho, los factores y acontecimientos internos fueron los que contribuyeron de manera preponderante.

En 1948, la Corona Británica incrementa sus arcas vendiendo las producciones malayas a los Estados Unidos que importan 727,000 toneladas de caucho, de ellas 371,000 de Malasia, y 158,000 toneladas de estaño de las que solamente 3,000 se adquieren fuera de Malasia. Para ellos, las importaciones malayas superan en valor a todas las importaciones que provienen de la metrópolis británica. En Londres, son conscientes de que la pérdida de Malasia tendría consecuencias económicas desastrosas y que era preferible sacrificar Birmania y la India, más prestigiosas, pero menos útiles. Arthur Creech Jones, secretario de Estado británico para las colonias, dirigiéndose al Consejo de Ministros (y no al Parlamento), explica entonces que Malasia es «con mucho, la fuente más importante de dólares del imperio colonial y que interferencias serias en las exportaciones malayas agravarían considerablemente el equilibrio frente al dólar de toda la zona esterlina.» [2]

Si bien la victoria de los comunistas chinos en 1949 había alentado al PCM a redoblar esfuerzos, ni la tesis del complot según la cual el Partido Comunista Soviético habría ordenado al PCM que tomara las armas durante la conferencia de Calcuta de febrero de 1948, ni la de la influencia directa de los comunistas chinos están validadas por documentos. Por el contrario, 1948 es el año en que el Reino Unido promueve la constitución federal que prioriza los derechos de la mayoría de los malayos en detrimento de la minoría china que representa 45% de la población, ya que se le niega la ciudadanía a los chinos de Malasia. Paralelamente, las huelgas se multiplican y como respuesta se intensifica la represión. Se prohíben los sindicatos, sus dirigentes son arrestados y se hostiga a la prensa de izquierda. El 16 de junio de 1948, el poder colonial proclama el «estado de emergencia» después del asesinato de tres de los responsables de plantaciones europeas por comandos del PCM.

Además de los imperativos de comunicación, el término «estado de emergencia» es escogido por los especialistas en comunicación británicos por razones económicas: los daños causados a la infraestructura de producción de caucho y estaño, cubiertas únicamente por las compañías de seguro en caso de «revueltas y disturbios civiles, en una situación de emergencia» [3]. Esa opción permite también eludir las convenciones de Ginebra relativas a los crímenes de guerra...

La experimentación de un modelo de represión

El 17 julio se prohibieron el PCM y varias de sus organizaciones satélites y más de un millón de militantes fueron arrestados, lo que pone fin al adelanto en materia de derecho laboral en el país. Los rebeldes, reclutados principalmente entre la población china y particularmente el medio millón de «squatters» que trabaja en las minas de estaño y las plantaciones, cuentan con una fuerza de aproximadamente 7,000 hombres al inicio de la insurrección.

El Alto Comisionado del Imperio en Malasia, Gerald Templer, repite mil veces que «el núcleo central de los comunistas armados de ese país son fanáticos y deben exterminarse.» [4] La policía colonial solicita al cónsul de los Estados Unidos en Kuala Lumpur que le suministre armas, pero este se niega. Entonces, los británicos deben arreglárselas e invertir sumas considerables para intentar liquidar a los rebeldes: en octubre de 1950, habían movilizado 21 regimientos de infantería, dos regimientos de blindados ligeros y una brigada de comandos que hacen un total de cerca de 50,000 hombres. Por otra parte, recurren a golpes aéreos masivos y con frecuencia imprecisos. Por ejemplo, en 1956, se reporta que un campamento fue bombardeado tres veces, con un total de 300 toneladas de bombas, antes de que el responsable de la operación anunciara su éxito por la muerte de «cuatro terroristas» [5].

También se recurrió a la bomba precursora de la de fragmentación moderna, que dispersaba proyectiles sobre una superficie equivalente a la de un terreno de fútbol, sembrando el terror entre las poblaciones civiles, cuando por desgracia se encontraban en los alrededores. En respuesta, la guerrilla lleva a cabo agresiones tan fructíferas como sangrientas. Los soldados británicos, presas de una paranoia característica de las guerras de baja intensidad, realizan verdaderas masacres en el marco de competencias entre unidades debido a la publicación de las pérdidas provocadas al enemigo. En una tradición que dura hasta nuestros días [6], los británicos reclutan escuadrones de SAS del régimen racista de Rodesia.

En Batang Kali, en diciembre de 1948, el ejército británico masacra a 24 chinos antes de quemar la aldea. De inicio, el gobierno declara que los aldeanos forman parte de la guerrilla, después que intentaban escapar, lo que después será desmentido. En 1970, el gobierno Heath clasifica una investigación de Scotland Yard sobre la masacre y ninguna otra investigación aclara esta operación [7]. Imposibilitadas de recuperar los cuerpos de los soldados muertos en la selva para poder identificarlos, las fuerzas coloniales con frecuencia los decapitan y recogen sus cabezas, tanto más cuanto que su contingente está compuesto por cazadores de cabezas Dyaks, de Borneo. En 1952 la fotografía de un miembro de los comandos de la marina que sostenía las cabezas de dos rebeldes provoca la indignación de la opinión pública. En privado, la Oficina de Colonias señala con cinismo que «no hay dudas de que según las leyes internacionales, un caso similar en tiempo de guerra sería considerado como un crimen de guerra» [8].

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El Alto Comisionado británico en Malasia, Gerald Templer

Durante esta guerra nace también la doctrina militar de las «aldeas estratégicas», como fuera bautizada más tarde en Argelia y Vietnam y que consiste, ante todo, en desplazar las poblaciones que suministran información y alimentos al enemigo, para privarlo de su base de suministros y obligarlo a salir de la selva. Igualmente se inflingen castigos colectivos a las aldeas cuyos habitantes sean sospechosos de ayudar a los rebeldes, secuestrando a sus habitantes y a veces llegando incluso a matarlos de hambre reduciéndoles sus raciones de arroz. El plan inicial, llamado «Plan Briggs», preveía el desplazamiento de aproximadamente 500,000 habitantes de aldeas retiradas, en su mayoría de origen chino, hacia nuevas aldeas rodeadas de alambradas y estrechamente vigiladas. Esto dará sus frutos a partir de 1951, al debilitar de manera significativa las fuerzas insurgentes. Por otra parte, las fuerzas británicas encarcelan a 34 000 personas durante los primeros ocho años del «estado de emergencia».

La guerra contrainsurgente en Malasia inicia la utilización de defoliantes para matar de hambre a las fuerzas adversas, limpiar los bordes de las carreteras y zonas de posibles emboscadas, con las terribles consecuencias para la salud que fueron ampliamente documentadas en el caso de Vietnam. En el caso de Malasia, pocos documentos se han filtrado hasta hoy, pero se conoce, por ejemplo, que entre junio y octubre de 1952, se defoliaron 1,250 hectáreas de terreno [9]. En 1952 se produce otra innovación, esta vez relacionada con el léxico. Un memo del secretario de Defensa británico estipulaba que a partir de ese momento los insurgentes no debían volver a ser calificados como «bandidos» ya que ese vocablo era asimilado por la población para el ocupante nipón, que calificaba a los resistentes de la misma manera; se debía decir «terroristas comunistas».

Los considerables medios utilizados por el Reino Unido en esta guerra, bajo el pretexto oficial de la lucha contra el comunismo, acabaron con la guerrilla. Forzado por el Plan Briggs a realizar ofensivas desesperadas, el PCM experimentaba reveses cada vez más frecuentes y sus miembros se rendían por decenas a las fuerzas británicas. En 1955, el PCM realizó su primera proposición de cese al fuego, la cual fracasó al negársele un status oficial y la total amnistía. Con la ayuda de los rebeldes del PCM que se volvieron contra sus antiguos camaradas y aviones equipados con altavoces, los servicios de inteligencia británicos lograron desmoralizar al resto de los rebeldes diseminados en la selva.

La Independencia

El 31 de agosto de 1957 se declaró la independencia de Malasia, pero el «estado de emergencia» se mantuvo hasta 1960. Los británicos le entregaron el poder a una personalidad consensuada, Jaafar Abdul Rahman, quién se dedicó a preservar la unidad del país y a curar las heridas de la colonización, de la Guerra Mundial y de la lucha contra la insurgencia. Un pequeño grupo de rebeldes continuó la lucha, Chin Peng permaneció en la selva del norte de Malasia durante decenios, pero el PCM sólo desempeñó un papel secundario. Durante la Independencia, 85% de los ingresos del país por concepto de exportaciones seguían proviniendo del estaño y el caucho, y aproximadamente 70 % de las ganancias logradas por las empresas partían al extranjero, principalmente al Reino Unido. El 70% del comercio exterior y el 75% de las plantaciones permanecían en manos de grupos europeos. En 1972, 80% de la extracción de minerales, 62% de la producción manufacturera y 58% del sector de la construcción estaban controlados por compañías europeas, fundamentalmente británicas. Para Londres, a pesar de la independencia, simple y llanamente habían ganado la guerra.

[1] Ver por ejemplo Malaya, 1948 : Britain’s "Asian Cold War "?, por Phillip Deery, International Center for Advanced Studies, abril de 2002.

[2] PRO CAB 129/28, CP(48) 171, Cabinet memorandum, 1º de julio de 1948.

[3] Malaya, 1948 : Britain’s "Asian Cold War"?, Op.Cit.

[4] Web of Deceit : Britain’s real role in the world, por Mark Curtis, Vintage, 2003.

[5] Op.Cit.

[6] Ver nuestros artículos «Les morts de l’ombre en Irak» e «Irak : l’armée de Sa Majesté aussi emploie des» contractants civils».

[7] Web of Deceit : Britain’s real role in the world, Op.Cit

[8] T. Terrom à J. Higham, 30 de abril de 1952, PRO, CO 1022/45/SEA 10/162/02., citado en Web of Deceit : Britain’s real role in the world, Op.Cit

[9] En el centro de Irak, donde escasea la vegetación, los Estados Unidos no tuvieron que recurrir a los defoliantes para destruir los bosques. Arrancaron todos los palmares que rodeaban las grandes ciudades con buldózeres