Y es que a pesar de que Colombia ya no se define como un país católico en su constitución, no se puede negar la influencia de la opinión católica sobre todo este asunto, que es visto como un tema de moral religiosa. La moral religiosa no se negocia, y esto hace que le sea imposible comulgar con otras perspectivas frente al problema.

El debate en Colombia

Se calcula que hay más o menos 300.000 abortos clandestinos al año en Colombia. El 24% de embarazos terminan en aborto y el 26 % de los niños que nacen son indeseados. La mayoría de abortos no son hechos por especialistas, con condiciones de higiene óptimas, ni en clínicas u hospitales, lo que termina por complicar mucho más el panorama de salud de las mujeres colombianas. Estas cifras plantean la necesidad de pensar el tema del aborto como un problema de salud pública, además de ético, moral y religioso. Así lo ha considerado el procurador Edgardo Maya, quien se ha manifestado en pro de revisar la legislación sobre el aborto y ha solicitado a la corte desarrollar una legislación especial sobre derechos reproductivos de la mujer bajo el paraguas de los tratados internacionales y las recomendaciones de organismos de derechos humanos. El protocolo facultativo de la CEDAW (Comité para la eliminación de la discriminación contra la mujer) ya fue aprobado por el congreso. La CEDAW da status de derechos fundamentales a los derechos sexuales y reproductivos y considera el aborto en determinadas circunstancias como un derecho a la salud de la madre.

Todo el debate de las últimas semanas comenzó con el argumento de que la penalización del aborto por medio de la Ley 599 de 2000 art. 22, que impone a la mujer que cometa el aborto la pena de prisión de 1 a 3 años, es inconstitucional. Penalizar el aborto, de acuerdo con la abogada Mónica Roa, autora de la demanda, vulnera el derecho a la vida, la integridad personal, salud, igualdad, no discriminación, y los principios de dignidad humana, autonomía reproductiva y libre desarrollo de la personalidad.

La propuesta que hace Roa es la despenalización del aborto para casos específicos:

si la vida o la salud de la madre corren peligro, si la salud del bebé está en juego, o si el embarazo es por causa de violación o inseminación artificial no consentida. Roa cuenta con el apoyo de Human Rights Watch y otras organizaciones de Estados Unidos, Europa y América Latina, pero también tiene cuatro millones de firmas en contra de la despenalización, recolectadas por la iglesia y creyentes católicos pro vida que se oponen a este cambio en la legislación.

Por la vida o por la elección

El debate del aborto, aquí y en otros países, se divide en dos bandos. Por un lado están los que defienden la vida y consideran que el aborto es un crimen en cualquier circunstancia por que viola el derecho fundamental a la vida. Del otro lado están los que defienden la opción de que la madre escoja y tome las decisiones que considera necesarias sobre su propio cuerpo. En este “ring” generalmente han estado enfrentados como abanderados de cada una de estas posiciones católicos versus feministas.

Tal vez ya no se usa la consigna feminista militante de los años 70 que expresaba: “Si los hombres tuvieran que parir, el aborto sería un sacramento”. Pero el feminismo sigue muy vigente en el debate del aborto. La mayoría de grupos feministas han reflexionado sobre la toma de decisiones y el cuerpo de la mujer. Este ha sido un cuerpo ajeno para las mujeres católicas, que se han definido por ser hijas, esposas y madres, perteneciendo en cuerpo y alma primero a su padre, luego a su esposo y después a sus hijos. Pero ahí no para el argumento. El cuerpo de la mujer ha sido del Estado, la Iglesia y de la sociedad en general, antes que de las mujeres.

Las feministas han argumentado que aunque no todo el mundo sea católico, esta iglesia tiene un poder muy fuerte, y la influencia la moral católica ha marcado las políticas públicas frente a las mujeres a través de la historia.

Aún así, resulta llamativo encontrar un grupo de católicas feministas (Católicas por el derecho a decidir) que comenzó como una organización feminista educativa en U.S.A. en 1973 y después fue creciendo y ganando adeptas en toda América Latina. Esta organización no ha estado lejana del debate actual en Colombia. Aunque afirman que el aborto no puede ser considerado un método anticonceptivo o remedio para el embarazo, alegan que penalizarlo no manda un mensaje pro-vida sino contra-mujeres.

La posición de la iglesia es que el único dueño de la vida es Dios y el derecho a la vida prevalece sobre el principio de dignidad de la mujer. La religión católica predica que el acto sexual es para procrear, y sólo con esa intención es libre de pecado. Lo otro se llama fornicar. El aborto entonces se practica por que en el acto no estaba contemplada la intención de procrear, sino de ocultar pecados sexuales: fornicación y adulterio.

Pero la iglesia ha ido cambiando su postura a través del tiempo. No siempre se ha considerado el aborto un pecado y un homicidio. De acuerdo con San Agustín: “Según la ley, el acto (del aborto) no se considera homicidio, porque aún no se puede decir que haya un alma viva en un cuerpo que carece de sensación ya que todavía no se ha formado la carne y no está dotada de sentidos.” Sería bueno que la iglesia recordara nuevamente uno de los axiomas más tempranos del cristianismo: “Ecclesia semper reformanda”

Desafortunadamente, ahora más que nunca hay un nuevo cerramiento a las posibilidades de cambio y desde los sectores más conservadores de la iglesia se está librando una batalla contra el relativismo y las transformaciones culturales y sociales en el mundo católico.

Lo ideal versus lo real

Es interesante mirar la relación que tienen otras religiones con el aborto, y con otros estados que no lo penalizan. Ninguna religión promueve el aborto. Pero muchas de ellas son más realistas, aceptan que existe, y a veces consideran que es válido para salvar otra vida, o porque se hace con una buena intención. El Jainismo y el Hinduismo en la India, religiones que predican ante todo la no violencia, y consideran generalmente el aborto como un acto atroz, reconocen que a veces el aborto es la mejor opción para no causar un daño mayor. En la India, el aborto es legal desde 1971 para casos de violencia sexual y cuando la salud de la mujer, incluyendo la salud mental, está en peligro.

El precepto más importante del budismo es no quitar la vida a ningún ser vivo. Pero es una religión que permite el aborto si la madre corre peligro o si el bebé viene con alguna enfermedad. Para el budismo lo importante es la intención con la cual se realiza el aborto, pues cada cosa que se hace y la intención de cada acción generan a su vez sus propias consecuencias. Las religiones del Taoísmo y Confucionismo en China, predican que el bien general prima sobre el individual. Por eso se acepta el aborto como medida de equilibrio poblacional del estado. Inclusive en el Judaísmo y en el Islam, en ciertos sectores, se justifica el aborto por razones o motivos que buscan salvar la vida de la madre por encima de la del niño.

Estas religiones no han pretendido tapar el sol con las manos, y aunque tienen siempre en mente un estado ideal de las cosas, son más conscientes de que la cruda realidad del mundo a veces se impone por encima de lo ideal. Creo que en Colombia son muy pocos los que consideran válido el aborto para todos los casos. Pero lo que está en juego con esta propuesta de despenalización no es la promoción del aborto como otra práctica anticonceptiva, sino la despenalización de una legislación miope. Ver esa realidad implica construir políticas públicas también para las mujeres y sus particularidades y diferencias, no como beneficiarias indirectas de una política social en general. Ver esa realidad implica también entender que la religión no es ya un asunto de estado, por lo menos no en este país desde 1991, y que ya es hora de empezar a pensar que las religiones no son las únicas que transforman y construyen las culturas, la relación también funciona a la inversa.