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Sin nombre... Autora: Cecilia Zamudio Roura

No son hechos aislados.

La voracidad de las transnacionales petroleras, que además de contaminar, erosionar y prostituir, se llevan en crudo el 95% de las ganancias, y el abandono de las provincias orientales por parte de todos los gobiernos, la pobreza rampante de una población cuyas familias se enfrentan a la vida con 40 dólares mensuales, el Plan Colombia que expulsa población colombiana a la frontera y población ecuatoriana a la miseria, las fumigaciones que han arrasado con los cultivos de café, cacao, naranjilla, entre otros males, obligan a la desintegración familiar, al éxodo y también a la bronca, a la protesta, al basta ya!!!

La causa y el efecto nos conmocionan a la mayoría. Sin embargo parece que el gobierno no entiende la profundidad de los hechos y la gravedad de la situación. Desde posiciones autócratas, casi ‘dictócratas’, se negó a forzar a las omnímodas petroleras mientras no se levante medida de hecho y, olvidándose del reciente Abril, declaró el «Estado de Emergencia» , eliminando las garantías constitucionales, militarizando la sociedad civil y coartando la libertad de expresión. Es más, en su pesadilla, llegó a creer que el ex coronel Gutérrez estaba detrás del movimiento popular.

Tanto susto por un justo reclamo.

A Sucumbíos y Orellana les asiste la razón. Ellos lo saben y de ahí nace la intensidad de la protesta.

Al gobierno le invade el pánico de enfrentarse con el poder real: las transnacionales petroleras y sus voceros criollos.

Resulta inadmisible que sea la población, sin mando ni poder de decisión, la que tenga que salir a pelear en la calle para exigir que se respete la soberanía y la ley en el Ecuador.

Y resulta vergonzoso que el Gobierno tenga miedo de enfrentar a la oscura compañía Oxy, que según el Procurador General del Estado, ha cometido más de 30 violaciones al contrato suscrito con el Estado Ecuatoriano, (solamente una de esas transgresiones basta para provocar la caducidad según la Ley) o que se empequeñezca ante las transnacionales que ahora, sólo por la presión de la población, quieren comprometerse a cumplir lo que era su obligación desde hace 50 años.

El pueblo esperaba que el Gobierno, este gobierno, se siente de su lado a la mesa ante las transnacionales. Se equivocó nuevamente. El Ministro de Energía, empleado de extranjeros, está ahí para cumplir el rol de mayordomo en esta hacienda ecuatorial.

Esa falta de decoro, de valentía, de patriotismo, es la que nos ha marcado la historia.

Esa falta de humildad y de objetivos patrios es la que nos lleva a una espiral de violencia impensable para un País aparentemente pacífico.

La necesidad de mantener «el principio de autoridad» , declarada por los gobernantes, parece un pretexto de cegatos.

Que prime «el principio de autoridad» , exclaman los de arriba, negando que fue la ruptura de ese dinosáurico «principio» lo que ha permitido que este País recupere, aunque por instantes, su dignidad, cuando expulsó de la Casa de Gobierno a más de un traidor, y que fue la ruptura de ese «principio» lo que permitió al vicepresidente Palacio y a su equipo, ser gobierno.

¿Hasta dónde se pretende llegar? Oponer la fuerza bruta al reclamo de un pueblo hambriento y enfurecido, es igual que colocar gasolina en el fuego.

No queda otro camino que un tapete verde sobre una mesa de diálogo. De diálogo sensible y justo, no de sordos. El País así lo exige, más aún, si este Gobierno nació de la protesta...

En Sucumbíos y Orellana la gente está luchando por quedarse en su tierra, por comer, por trabajar, por no engrosar las estadísticas de migrantes, de los muertos y las muertas en alta mar. No puede ser que a los pobres se les imponga la disyuntiva: o huyes en el éxodo calladamente o si te quedas, no protestas contra la injusticia porque te silenciamos.

El momento exige mesura. El «principio de autoridad» no es sinónimo de grado militar. Es un sentimiento de respeto mutuo y de confianza en quienes tienen, ahora, el poder efímero del que fueron investidos en Abril.

Refundemos el País que ha colapsado. Los nuevos tiempos exigen nuevas actitudes. La todopoderosa OXY debe irse por incumplimiento de la Ley. En ese sentido las organizaciones como la CONAIE y otras, continúan las jornadas amazónicas de Sucumbíos y Orellana en el resto del territorio patrio, porque la justicia no sea sólo para los de poncho.

Cuando la igualdad reine bajo el manto de la SOBERANÍA y la DIGNIDAD, no lloraremos más nuestras muertas y nuestros muertos en alta mar.