Tomando en cuenta la próxima celebración bicentenaria, el gobierno de Álvaro Uribe presentó el pasado 7 de agosto, en la Quinta de Bolívar de Bogotá, el documento "Visión Colombia Segundo Centenario: 2019", una mirada de país en el largo plazo, sobre el supuesto de la consolidación del proyecto derechista que lidera.

La visión a quince años que presenta, no cambia en nada la situación para los oprimidos y explotados de siempre. Una vez más favorece a esa férrea minoría de oligarcas nacionales, de multinacionales y gobiernos de la comunidad imperial, que han impedido la realización del sueño bolivariano y la consolidación de un país próspero donde sus hijos vivan en paz y felicidad.

Tamaña apuesta obliga a los sectores populares, a los que viven de su trabajo, a las organizaciones de izquierda, a presentar una cosmovisión de futuro alternativa que responda a las reales necesidades del país, fijando igualmente objetivos concretos, las estrategias y los procesos necesarios para lograrlos. El tiempo del asistencialismo y de las reivindicaciones (así sea de derechos) deben dejarse atrás, es el momento de ser gobierno, de la autogestión y de la toma del poder, esto es, de la lucha política.

A continuación, estas tres miradas opuestas sobre el futuro inmediato de Colombia.

Estados fracasados, una amenaza contra el imperio

En el marco de la Estrategia de Seguridad estadounidense 2002, y la declaratoria de guerra mundial contra el terrorismo (o lo mismo, contra todo lo que se oponga al proyecto hegemónico e intereses yanquis), opera la tesis que E.U. hoy en día está menos amenazados por estados con ansias conquistadoras que por estados fracasados. Los lideres de los países de la comunidad imperial afirman que los países inviables fácilmente se convierten en bases para terroristas, narcotraficantes, fundamentalistas y bandas del crimen organizado.

La inclusión de Colombia en el número 20 de una escala de los 60 países en declive o al borde del abismo, parte del análisis de factores como incapacidad de los gobiernos para controlar su territorio, carencia del monopolio de la fuerza o impedimentos para ejercer funciones básicas como cobrar impuestos; conflicto armado interno; explosión demográfica; desplazamiento forzado; recesión; violación de derechos humanos; élites polarizadas e intervención externa. En posiciones asimilables a Colombia están Afganistán, Haití y Somalia [1].

Esta consideración sobre nuestro país tiene efectos prácticos y perversos. El imperialismo gringo amplía los argumentos para intervenir sobre el destino de nuestra nación. Más que asuntos de seguridad nacional, lo enseña la historia, lo que interesa a los estadounidenses son el control de los recursos ambientales y la biodiversidad del país, apropiarse de las fuentes energéticas, monopolizar el comercio, proteger las inversiones de sus multinacionales y transformar a Colombia en el Israel de América Latina en la estrategia de contención de los procesos autónomos e independentistas que se viven en la región.

La apuesta por la consolidación del proyecto derechista En contraste con esta visión, pero sin pretender desamarrar la dependencia y superar las causales de la injusticia, el documento “Visión Colombia Segundo Centenario: 2019”, presentado el pasado 7 de agosto, pretende convertirse en un enlace entre este y los próximos gobiernos, para garantizar la continuidad del proyecto derechista hegemónico, en materia económica, política, social y ambiental. En palabras del presidente Alvaro Uribe: “Este documento nos va permitir crear conciencia política, en toda la ciudadanía de la Patria, de que el país no puede vivir de bandazo en bandazo, de plan cuatrienal de desarrollo para otro plan, desconociendo el anterior. Se necesitan unas líneas fundamentales de continuidad” [2].

La prospectiva realizada por el gobierno parte de considerar tres condiciones determinantes:

• Mundo en transformación: Colombia debe estar inserta en un mundo en transformación, con una inminente recomposición económica y política. • Territorio: Colombia debe aprovechar plenamente las condiciones de su territorio y capitalizar sus ventajas en todas las dimensiones. • Demografía: Colombia debe asimilar los cambios demográficos y formular políticas de futuro.

En el plano geopolítico, el documento considera los cambios fundamentales en las relaciones internacionales políticas, económicas y de cooperación; al igual que la creación de bloques en términos económicos y políticos. En lo territorial se considera la localización estratégica del país que cuenta con 10% de la biodiversidad mundial, 50% cubierto por bosques, con los recursos hídricos más grandes del mundo, una geografía fragmentada, la mitad del territorio despoblado (región oriental, valle del Magdalena y costa Pacífica) y una de las poblaciones más dispersas de América Latina. En lo poblacional se parte que de los 45,8 millones de habitantes actuales se pasará a 55, 9 millones en 2019; la población urbana representará en términos relativos el 77% (hoy 73%), pasando las cinco principales ciudades de 15,2 millones de habitantes a 20 millones; los adultos mayores (más de 65 años) concentrarán el 7,6% de la población (hoy 5%), la población económicamente activa (entre 15 y 64 años) representará el 67% (hoy 64%) y los menores de 15 años perderán participación: 25,6% (hoy 31%).

Estos condicionantes son claves para la consolidación del modelo económico. Esta visión de las élites sobre Colombia busca maximizar las ventajas de la localización geopolítica. En primer lugar consideran un mayor estrechamiento de las relaciones con los Estados Unidos y en segundo lugar la integración vial a Centro América y fluvial a Sur América. Esto requiere de la consolidación del transporte multimodal e intermodal. Además, intensificar la explotación de la diversidad biológica, el agua, el paisaje, los minerales, los recursos energéticos, la intensificación de los cultivos tropicales y la ampliación de la frontera agrícola (en más del 45%).

Las metas específicas para 2019 son las siguientes:

• Consolidación del proceso de “pacificación” del país (derrota de toda oposición armada, política y social al régimen político y al modelo de desarrollo). • Ingreso per cápita de US$4.000 (hoy US$1.830). • Estado eficiente funcionando por resultados. • Pobreza 15% (hoy 52%), indigencia 5% (hoy 17%), participación del primer quintil en ingreso total de 4,2% (hoy 2,8%). La reducción de la pobreza se hace depender sólo del crecimiento económico y la focalización del gasto social. • Tasa de analfabetismo 0% entre 15 y 24 años. • Área de espacio público por habitante en las ciudades: 10 mts2 (hoy 4 mts2). • 100% de los bachilleres con nivel medio alto de comprensión del idioma inglés (hoy 7,9%). • Capacidad instalada del sistema portuario de 60 millones de toneladas al año (hoy 27,7) • 60 usuarios de Internet por cada 100 habitantes (hoy 6,9).

Obviamente, el documento “Visión Colombia Segundo Centenario: 2019” plantea una completa revisión del sistema impositivo. Dentro del paquete de opciones se incluyen los cambios a las pensiones (gravar las pensiones y aumentar la edad de jubilación), al IVA (eliminación de exenciones, gravar los servicios públicos, los bienes de consumo básico y el alquiler de vivienda) y a las transferencias, a los impuestos territoriales y a los parafiscales. La tarifa de impuesto de renta que se aplica a las empresas se reducirá al 30% (las que operen en las Zonas Francas pagarán sólo 25%). Las personas naturales tendrán que pagar más porqué se pretende aumentar ese recaudo del 7 al 25% del total. En general, lo que se busca es aumentar el recaudo, hacer más costoso el vivir en el país y excluir a quien no pueda integrarse al sistema.

La visión Colombia en el corto plazo

El gobierno anunció igualmente su agenda económica para lo que resta del cuatrenio de su mandato, bajo la orientación de esta “Visión Colombia Segundo Centenario: 2019”:

• Pronta aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (TLC). • Nueva reforma tributaria. Reducción del impuesto a la renta al 32% (hoy 38,5% con la sobretasa), “para fomentar la inversión y hacer más competitivo al país frente a las demás naciones de América Latina”. En compensación, ampliar el cobro del IVA a más productos y servicios de la canasta familiar. • Reforma a la Ley 100, para ampliar la cobertura del servicio de salud de 15 a 22 millones de colombianos de bajos ingresos. • Financiación para el Transmilenio de Medellín • Mantener el déficit fiscal a raya.

En lo referente al Presupuesto General de la Nación para 2006, el proyecto presentado por el Gobierno a la Cámara de Representantes tiene un valor de $105,4 billones, lo que implica un crecimiento de 13,1% respecto al año anterior (frente a un crecimiento del PIB del 4%, representa una mayor concentración de la economía en manos de quienes controlan el Estado). Las principales fuentes de financiamiento son $44,9 billones de ingresos corrientes y $45,4 billones de recursos de capital (mayor endeudamiento público, actualmente la deuda representa 47% del PIB). De los 105,4 billones de pesos en gastos el 35% se destinará al pago de las obligaciones internas y externas.

En este presupuesto sobresalen los pagos por intereses de la deuda pública ($16 billones), las pensiones ($15 billones) y las transferencias ($16,3 billones). Estos tres rubros suman $47,3 billones, superando el recaudo tributario estimado para el 2006 en $44,9 billones. De acuerdo con el Contralor General de la Nación, el déficit del presupuesto puede alcanzar la suma de $45 billones.

Mientras para el gasto social en el presupuesto de 2006 se destinan $8 billones, para defensa y policía figuran $9,4 billones, a justicia se destinan $3,5 billones e infraestructura $2,4 billones. La prioridad del gobierno es clara: para finales de 2006 las fuerzas militares contarán con 260.174 efectivos y la Policía Nacional con 134.942, superando estas dos fuerzas de control y represión social, significativamente la cifra de educadores que no llega a los 280.000.

El gobierno espera que la economía crezca en 2006 en 4 por ciento, con lo cual el Producto Interno Bruto (PIB) alcanzaría un valor de 303 billones de pesos. La inflación esperada es de 4,5% y la devaluación de 8,5 por ciento para una tasa de cambio al final de 2006 de 2.554 pesos por dólar. El déficit consolidado del Gobierno se proyecta en 2 por ciento y el del Gobierno central en 6,4 por ciento. Las importaciones pasarían de 17.753 millones a 18.875 millones de pesos para un crecimiento de 6,3 por ciento.

El sector privado, los macroproyectos en la Visión Colombia

El Banco Mundial y el Consejo Gremial han avanzado estudios sobre los requerimientos en infraestructura para aumentar la competitividad del país de cara a los acuerdos de libre comercio. La realización de estos macroproyectos tendrán graves consecuencias en la distribución de las finanzas públicas y el desplazamiento forzado de la población. Según el Consejo Gremial, Colombia tiene que hacer inversiones por US$10.833 millones de aquí al 2010. Se espera que con la entrada en vigencia de los TLC aumenten los volúmenes de carga. Por eso el sector privado recomienda que la política de transporte tenga una visión estratégica multimodal, se recuperen integralmente los ríos Magdalena y Meta y se identifiquen los corredores multimodales para iniciar las inversiones públicas y privadas, logrando de esta manera mejores condiciones al comercio y aumentar las exportaciones, así:

• Carga: habilitar la central de carga de Cali; desarrollar los puertos secos de Medellín, Buga, Bogotá, Aguachica, La Tebaida y Villavicencio; construir centros de transferencia de carga en Ciénaga, Tamalameque, Gamarra, Capulco, Puerto Wilches, Barrancabermeja, Puerto Berrio, La Dorada y Puerto Salgar; y zonas de actividad logística en Puerto Salgar, Funza, Puerto Gaitán y La Felisa. • Ferrovías: rehabilitación y operación de todos los corredores, solución de los problemas con las dos concesiones en operación (Atlántico y Pacífico). • Aeropuertos: desarrollo y concesión del aeropuerto El Dorado de Bogotá (moviliza 65% de los pasajeros internacionales y 80% de la carga del país) • Puertos: para los cinco puertos (Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Buenaventura y Tumaco) se enfatiza la necesidad de profundizar los canales de acceso [3].(ver mapa)

Para financiar estos proyectos, el sector privado recomienda llevar a cabo una recomposición de las transferencias de la Nación a los departamentos y los municipios, destinada principalmente para educación y salud de los colombianos de bajos recursos, para que una parte se pueda invertir en el sector transporte. El trabajo del Consejo Gremial señala que el transporte demanda recursos anuales equivalentes a un mínimo de 2,3% del PIB. Entre 1990 y 2003 sólo en dos años pasó de 1 por ciento.

Por ahora, el gobierno descarta un recorte o reasignación a las transferencias que la Nación hace a los departamentos y municipios. No obstante, recientemente afirmó que se debe empezar a concebir una “norma juiciosa” en ese sentido. La actual fórmula para redistribuir los recursos a las regiones vence en 2008, razón por la que el gobierno cree que debe hacerse desde ya un debate sobre el tema para evitar que a partir de 2009 se complique el manejo de las finanzas. Hoy se gira las regiones alrededor de 14 billones de pesos.

Un futuro alternativo construido por los desde abajo

Finalmente, respecto a estas dos miradas opuestas sobre el futuro del país, en un contexto convulsionado en lo interno y externo, se requiere de una reflexión desde los sectores populares, los trabajadores y las organizaciones de izquierda en el interés de construir su propio proyecto de sociedad sobre bases realmente democráticas, justas e igualitarias.

En 2019 la nación cumple 200 años de vida “independiente”. Sin cambios estructurales, la situación en nada cambiará para los desde abajo. En 1819 se culminó un proceso de colonización, durante el cual los invasores españoles asesinaron, explotaron y oprimieron a la población aborigen, agregando la inhumana institución del esclavismo de las comunidades afrodescendientes. Al final de ese proceso oprobioso dejaron tres millones de indígenas asesinados o muertos por las enfermedades importadas y las condiciones de trabajo impuestas. Expoliaron los recursos naturales y la biodiversidad sin ningún límite.

La organización social previa a la invasión no conocía las condiciones de pobreza o exclusión; cada sujeto era reconocido en su igualdad y dignidad (se llamaban entre si como personas).

Para 1819 la población del país era de un millón cien mil personas, más de 95 por ciento vivía bajo condiciones de miseria, sin ninguna propiedad, laborando en actividades del campo, como artesanos o sirvientes de la incipiente burguesía nacional que reemplazó al amo español. Campesinos, negros, indígenas y poblaciones populares conformaban una inmensa masa de miseria, dolor, desesperanza y exclusión. El grito de independencia fue sólo eso, un grito y nada más. Un simple cambio de amo.

En el año 2005 la población ha crecido a cerca de 46 millones de personas y tres de cada cuatro vive bajo condiciones de pobreza. Los pobres son los mismos de siempre: indígenas, negros, campesinos, sectores populares urbanos, en general todos los que sólo tienen su fuerza de trabajo para sobrevivir. La riqueza y la propiedad se concentra en el diez por ciento de la propiedad. A junio de 2005 el número de desempleados suma 2,3 millones de personas, a la vez que ochenta por ciento de los que trabajan lo hacen en el sector informal, en situación de subempleo o devengando menos de dos salarios mínimos. Al año se asesinan más de 20.000 personas y el modelo de desarrollo forzado imperante deja en las últimas dos décadas 3,5 millones de desterrados. El imperialismo estadounidense clava sus garras en todos los ámbitos de la vida nacional. Los grupos de extrema derecha consolidan su proyecto sobre la base de cuatro poderes: político, militar, económico y social.

En el marco de la doble lucha que enfrentamos, anticapitalista y antiimperialista, los sectores democráticos del país deberán impulsar un Modelo de Desarrollo alternativo al hegemónico. Un modelo basado en la dignidad de la persona, la democracia radical, la ciudadanía plena, el ecosocialismo y la integración latinoamericana. Es lo único que puede realmente transformar la situación que vivimos en los próximos tres lustros y lo que puede evitar otras docenas de años sin realizar el sueño bolivariano.

1 El Tiempo, Sección Internacional. Sábado 2 de julio de 2005, p. 1-6. 2 Revista Cambio, Nº 626, 27 de junio a 4 de julio de 2005, p. 30. 3 EL Tiempo, lunes 8 de agosto de 2005, p. 1-16.

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