Ahora usted puede ingresar a internet y adquirir, desde su hogar, una cámara digital, un equipo de computación, un tour en barco que le ofrecen en Estados Unidos, Japón o cualquier lugar del mundo. Pero si sus intereses son mayores puede adquirir los servicios de un ejército privado. Bueno, seguramente usted no lo hará, pero aquello sí es posible. El reclutamiento de mercenarios y la prestación de su asistencia es un negocio que se oferta abiertamente y que cuenta entre sus clientes a gobiernos y empresas multinacionales, que prefieren estos servicios, no solo por la efectividad de sus resultados, sino también por la “discrecionalidad” política y, en ocasiones, porque resulta más barato su utilización, antes que financiar la movilización y el sustento de los ejércitos propios.

Hasta hace algunos años en nuestro país, y aún en América Latina, poca referencia se tenía de la acción de grupos o ejércitos mercenarios. Parecía que existían únicamente en las historias que Hollywood presentaba en la pantalla, aunque las pocas noticias que el cable traía de lo ocurrido en el continente negro nos devolvían a la realidad. También se hablaba de la actividad de los “contras” en Nicaragua, en el período del régimen sandinista.

Sierra Leona, Angola, el Congo, Kenia, Liberia, Costa de Marfil y otros países sintieron y sienten los efectos de la presencia de mercenarios que, al parecer, por la brutalidad de su comportamiento, cobran “primas” por cuanto cadáver dejan abandonado por los caminos. Son muchas las empresas privadas de seguridad que prestan sus servicios en todo el mundo. La Executive Outcomes (EO), compañía sudafricana con oficinas en Gran Bretaña, es una de las más reconocidas en su campo y justamente actuó en Sierra Leona; aunque en 1998 anunció su liquidación, continúa operando a través de otras compañías. Posiblemente la empresa que mayores favores ha brindado a los dueños del poder internacional es la Defense Systems Limited, DSL, con oficinas nada más ni nada menos que frente al Palacio de Buckinghan, en Londres, y que de acuerdo al periódico Guardian (8 sep de 1997) puede vanagloriarse de haber reemplazado a los marines yanquis como guardias de la embajada de los Estados Unidos en el Congo.

Solo como elemento referencial, puesto que no es la única en su país, mencionemos a la Military Professional Resources Incorporated (MPRI) de los Estados Unidos, fundada por un general retirado del ejército yanqui, y en la que se encuentran militares de distinto rango, partícipes en la invasión a Panamá y en la guerra del Golfo; en su carta de presentación dice también vender ‘asistencia a la transición democrática’. Héctor Pavón, en un artículo titulado Ejércitos llave en mano, analiza la participación de esta empresa en la guerra de la ex Yugoslavia, en la que ofreció sus servicios a Croacia y, ‘sin mayores problemas éticos también prestó asistencia a Bosnia y Serbia’. Cita en su escrito declaraciones de Juan Belikow, director del Centro de Estudios de Europa central y oriental en Buenos Aires, quien asegura que ‘los soldados contratados usaban uniforme e insignias de los militares croatas. En 1995, en el acto de la escuela de Guerra de Zagreb de graduación de oficiales superiores del ejército croata, asistieron unos cien funcionarios del MPRI con uniforme norteamericano’.

No hay por qué sorprenderse de aquello. En varios conflictos africanos actuaron mercenarios norteamericanos con el aval del gobierno de Washington, ese es el caso de Ruanda y el Congo (en ese entonces aún se llamaba Zaire), en donde empresas estadounidense reclutaron a ex militares para acciones que respondían a los intereses norteamericanos, y que podían ser negadas oficialmente. En Yugoslavia los Estados Unidos ayudaron al ejército croata sin involucrarse directamente en el conflicto.

El nombre de la MPRI resulta algo “familiar”, porque está relacionada con las operaciones del Plan Colombia, pues, recibió un contrato de seis millones de dólares para entrenar y asesorar al ejército colombiano. Como se trata de una empresa privada, cualquier acción militar que ésta realice en contra de la insurgencia colombiana, no responsabiliza al gobierno de Bush, de esta manera el Pentágono burla y viola las condiciones exigidas por el Congreso, y asegura el cumplimiento de sus objetivos políticos y militares.

La estadounidense DynCorp también actúa en Colombia, y tiene una larga lista de acciones en el mundo que van desde la Guerra de Corea de 1950 a 1953, luego en Vietnam, de 1960 a 1975, actuó en la Guerra del Golfo Pérsico, en la acción contrainsurgente en El Salvador. Se presenta como una empresa que brinda servicios de los más diversos a los militares estadounidenses, pero ante todo recluta mercenarios para la guerra. En Bosnia fue acusada de traficar niñas que las utilizaban como esclavas sexuales. En Colombia se denunció la participación de empleados de dicha empresa en el tráfico de drogas y en operaciones militares en contra de la guerrilla.

Esta empresa opera en el Ecuador desde marzo de 2002, en la Base de Manta, ciudad en la que coincidencialmente ahora, un ex bombero, Jeffrey Shippy, dirige la EPI Security & Investigation, que ha causado un gran revuelo al conocerse que se dedicaba a contratar mercenarios para que combatan en Irak. Según se conoce, la mayoría de los mercenarios ofrecidos por esta compañía son colombianos, fogueados al calor de la lucha antiguerrillera.

Es que ahora Irak es punto de negocio de muchas de estas empresas de seguridad, que por cierto, hoy prefieren dar el calificativo de “contratistas civiles” a sus mercenarios.

Investigaciones diversas concluyen que allí existirían en la actualidad entre quince mil y veinte mil mercenarios de distintos países, convirtiéndose así en la segunda fuerza de ocupación militar, luego de las tropas de los Estados Unidos y por encima de las británicas.

Y es el gobierno de los Estados Unidos el mayor contratista de estos servicios, no solo en este conflicto bélico, sino en general para todo el mundo y en distintos momentos. El Departamento de Defensa, más conocido como el Pentágono, y la Agencia Internacional para el Desarrollo, USAID, son los instrumentos más utilizados para ello. En el período comprendido entre los años 1994 y 2002, el Departamento de Defensa de los EEUU suscribió 3.061 contratos por un valor superior a los 300.000 millones de dólares con 12 de las “empresas de servicios militares” que tienen sede en ese país, Pero dos fueron las más favorecidas con más de 2.700 contratos, una de ellas la KRB (Kellog Brown and Root), filial de la Halliburton Corporation, empresa de la cual el vicepresidente norteamericano, Dick Cheney, fue su presidente entre 1995 y 1999. La Halliburton fue denunciada por obtener el contrato más grande para apagar incendios petroleros en Irak tras la invasión gringa; y, el diario El Tiempo (Bogotá, 12/12/04) informó que en las oficinas de esta petrolera, al norte de la capital colombiana, se realizó una reunión para reclutar militares de alto nivel y llevarlos a combatir en Irak con elevados sueldos.

Es común encontrar empresas transnacionales que poseen subsidiarias dedicadas a este negocio sucio. No se trata solamente de proteger sus inversiones e intereses –que por cierto es vital para ellos-, el negocio por sí mismo es enorme, según estimaciones producen ganancias por 150 mil millones de dólares al año y se calcula que para el 2010 los ingresos alcanzarán los 200.000 millones.

Según ‘Fortune Magazine’ estas empresas (asentadas en EEUU e Inglaterra) pertenecen al grupo de las 100 empresas con mayor crecimiento. Un estudio de Angela Elosegui asevera la existencia de al menos 90 empresas con sedes en 15 países y operaciones en 110 países. La mayoría de ellas tiene sus cuarteles en EEUU, Gran Bretaña y Sudáfrica, y cosa interesante, en los EEUU muchas operan desde Virginia, es decir, muy cerca de la CIA. Y aunque su negocio es la guerra y la muerte, paradójicamente se encuentran organizados en una internacional denominada Asociación de Operaciones Internacionales de Paz.

No puede dejar de mencionarse a la Blackwater, que bajo el lema “Apoyar la libertad y la democracia donde quiera que sea” fue creada por antiguos miembros de los boinas verdes y formada por un holding de cinco empresas. Su cercanía al Pentágono es bastante conocida, por ello es una de las más beneficiadas de la ocupación de Irak, justamente los cuatro “contratistas civiles” incineradosy colgados meses atrás en Faluya eran parte de su nómina. Su sitio web reivindica que entre sus clientes figuran ‘agencias policiales federales, el Departamento de Defensa –de Estados Unidos-, el Departamento de Estado de EE.UU., el Departamento de Transporte, entidades locales y federales de todo el país, corporaciones multinacionales y países amigos de todo el mundo’. Su presidente, Gary Jackson, ha declarado: ‘Sueño con tener el ejército privado más grande y más profesional del mundo’

Así como se ha trabajado por privatizar la educación, la salud, las áreas y empresas estratégicas de los estados, la privatización de los ejércitos está en curso; se encuentra dentro de la línea del libre mercado capitalista. Lo importante, en su lógica, es obtener los mejores resultados, con inversiones menores y sin importar los mecanismos que se utilicen. De esta manera las bajas oficiales –para el ejérctio estadounidense ahora en Irak, por ejemplo- disminuyen, más aún si se considera que han logrado (o comprado) la participación de contingentes militares de países pobres como Nicaracgua, El Salvador, Honduras, Dominicana, que con sus escasos recursos ahorran gastos militares al gobierno de Washington.

Aunque desde diciembre de 1989 existe una convención internacional de las Naciones Unidad ‘Contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios’ (en vigencia desde octubre de 2001) las actividades de las empresas militares privadas continúa y sin dificultades. Por supuesto Estados Unidos e Inglaterra no la han suscrito, como tampoco Autralia y España, que formaron parte de la coalición criminal que atacó Irak. Hasta diciembre de 2004, de los países miembros de la Unión Europea solo la ratificaron Bélgica, Chipre e Italia. Alemania y Polonia la firmaron pero no la han ratificado. En el caso de nuestro país, no la ha suscrito.

Ahora el Ecuador se ha alarmado por las actividades mercenarias de la EPI Security, ojalá el tiempo no echo tierra sobre el caso y nos gane el olvido. No es casual que esto esté ocurriendo en el país, pues, el imperialismo norteamericano tiene planteado hacer de nuestro territorio un punto de operaciones político-militares para el desarrollo de su estrategia regional. Pero no “solo” para actuar en contra de otros países y pueblos, sino también sobre nuestro pueblo. No lo perdamos de vista.