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El terrorista Posada Carriles refugiado en los Estados Unidos, país que lo protege y en donde ha pedido asilo político.

Estuvimos de viaje fuera de Miami por varios días, y por razón de nuestra ausencia nuestros habituales comentarios de «Réplica en Radio-Miami» no salieron al aire.

Sin embargo si bien vamos a poner la voz, el artículo al cual vamos a dar lectura no está escrito por mi sino por un periodista español, gran amigo nuestro, Carlos Carnicero cuyas siempre agudas observaciones escuchan sus compatriotas por una de las más importantes cadenas radiales de España así como pueden leer en muchos periódicos de la península, entre ellos «El Faro de Vigo» de donde hoy tomamos una opinión suya titulada «Ajuste cubano: La transgresión y el delito tienen distintas calificaciones en función de quien las realiza». Y dice así el artículo de Carlos Carnicero:

"La transgresión y el delito tienen distintas calificaciones en función de quién las realiza. Las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki fueron actos de guerra y no crímenes contra la humanidad, sólo porque quien pilotaba el Enola Gay y apretó el botón era un piloto de los Estados Unidos de Norteamérica.

Posada Carriles, autor de la muerte de más de setenta personas, al dinamitar en pleno vuelo un avión civil de Cubana de Aviación, está protegido por las autoridades norteamericanas, que niegan su extradición, estableciendo de nuevo la premisa de que existen terroristas buenos y terroristas malos.

Sólo porque Posada Carriles podría contar los muchos asesinatos en los que ha participado, por encargo de la CIA, en América Central y en toda Latinoamérica.

En los últimos días, una lancha rápida norteamericana, que transportaba a treinta y un inmigrantes ilegales, desde Cuba a La Florida, naufragó y se ahogaron todos sus ocupantes. Si el mafioso hubiera sido marroquí, bramaríamos contra las organizaciones criminales que transportan carne humana, sin ningún escrúpulo.

En Estados Unidos sigue vigente la llamada Ley de Ajuste Cubano, que permite obtener residencia y ayuda económica a todo ciudadano de Cuba que consiga entrar ilegalmente en territorio norteamericano. Eso, si ocurriera en España, no sólo lo denominaríamos «efecto llamada», sino «efecto reclamo».

Pero los políticos norteamericanos son analizados con amabilidad por los vigilantes de la ortodoxia. Si los actos se juzgan en función de quien los realice, se simplifica tanto la labor de clasificación de las especies políticas que bastaría ponerle a George W. Bush un cartel que dijera: «exento de toda responsabilidad».

Con esa metodología, el mundo dividido entre «buenos» y «malos» nos trasladaría a un universo sin matices y sin capacidad de diseccionar cada una de las situaciones que se producen.

La guerra de Irak ya cuesta más, cada día, que la de Vietnam, pero la industria relacionada con la guerra aumenta su cotización en Wall Street.

Se trata de adaptarse a las corrientes impuestas de pensamiento, de tal forma que el rey de Marruecos es responsable del tráfico humano por el estrecho de Gibraltar, mientras que George W. Bush no tiene ninguna responsabilidad con los balseros y los mafiosos que operan entre Cuba y La Florida.

El viaje se paga, para quien lo necesite, a ocho mil dólares por pasajero. Cuatro horas de navegación al paraíso por poco más de un millón de las antiguas pesetas. Y todo gracias a una ley de juego al escondite cuyo premio es sólo para los que llegan a pisar tierra «norteamericana».

Fue un artículo del periodista español Carlos Carnicero tomado del periódico «El Faro de Vigo».