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Serviles orgánicos

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Con feroz exactitud denominó el historiador argentino Jorge Abelardo Ramos a los vendepatria, quintacolumnas o miserables regaladores de lo que no es suyo como serviles orgánicos. Se camuflan bajo múltiples fachadas: tecnócratas, líderes de opinión, conductores o directores de medios, facilitadores, negociadores. Las etiquetas sobran. El propósito avieso es sólo uno: promover, bajo escaramuzas legales o mediáticas, que nuestros países se conviertan en modernos satélites anuentes de los grandes (¿o deberíamos decir, con más precisión, el gran y único?) imperios financieros y políticos del mundo.

Los serviles orgánicos reconocen en Felipillo, el traidor por antonomasia, a su símbolo más representativo. Y hay neo-felipillos en la política, el periodismo, la burocracia, la intelectualidad y cada quien hace lo posible por justificar los ingentes dólares que recibe y que aseguran no sólo el pan de cada día, sino también, los nuevos autos, las novísimas propiedades inmobiliarias y los interminables viajes al exterior para asistir a conferencias, debates, fórums, mesas de toda índole (con preferencia aquellas que sirven para contar los billetes del estipendio).

Así como hay una globalización a rajatabla que a través de sus cipayos locales ha hecho creer que es menester u obligación aceptarla como la muestran -¡y lo que es peor, imponen!- los serviles orgánicos no tienen patria. Su lenguaje es el mismo de norte a sur, de este a oeste. Se les nota el acento entreguista desde la primera sílaba. ¡Eso sí, las zalemas y elogios para el modelo privatizador, concesionador que usa sub-contratas mil para pagar poco y sin derechos sociales, son interminables! ¡No hay diferencia entre un gobierno y sus respectivos adláteres festivos, del Perú o de cualquiera de las otras nacionales latinoamericanas! La caricatura de una integración de vendepatrias es una realidad patética.

¿Por causa de qué los serviles orgánicos se han entronizado en las herramientas principales de poder en todos nuestros países? Es obvio que el modelo económico-cultural requiere de cacatúas acríticas y facinerosos más o menos simpáticos. Además provienen, en su inmensa mayoría, de los sectores pudientes, blancos, racistas y ajenos a cualquier historia, tradición o sentimiento de patria. Es más vergonzoso constatar que los partidos políticos olvidaron por completo cualquier prédica antimperialista y se dedicaron a colocar parlamentarios, burócratas y a convivir felices en las procelosas aguas del status quo. Y todos han pecado: desde la derecha momia a la izquierda teóricamente radical.

En Perú se puso a uno de estos serviles orgánicos y congénitos nada menos que como primer ministro. PPK, Pedro Pablo Kuczynski, es un individuo inteligente y sabe cómo cubrir sus maniobras y trapisondas. Para eso usa los edificios legales que cohonestan bajo millones de artificios cualquier concesión, privatización, negociado o exención tributaria, sin dejar rastro del delito o del robo a que son sometidos a diario nuestros pueblos. Hay crímenes y muertos, pero los fautores nunca aparecen. Y, por lo mismo, tampoco serán castigados. ¡Y hasta se dan el lujo de anunciar sus candidaturas políticas!

Si las colectividades políticas no entienden que su camino cómplice los lleva a la muerte irremisible, entonces, no tendrán porqué llamarse a lamentos cuando pierdan comicios o regalen caminos de decisión a los poderosos que se llevan fáciles las preseas sociales en nombre de mentirosas sendas de desarrollo que sólo engrilletan más la dependencia de nuestras economías. Y ahora con un probable TLC, la chance que hasta nos ejecuten “legalmente” vía tribunales ad-hoc, torna casi irrefutable. Como trágica.

¿Será realidad oprobiosa que los vivos viven de los tontos y los tontos de su trabajo de esclavos? ¿Hay que morir sin pelear y sin dar lucha?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Herbert Mujica Rojas

Herbert Mujica Rojas Autor de la columna Señal de Alerta y responsable de Páginas Libres, periodista peruano, analista político y ensayista en temas geopolíticos, ambientales, seguridad documentaria y otros vibrantes acápites de su país y Latinoamérica. Escribió en el 2007 el libro ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas!
Es posible conectar con él al teléfono (+51) 9-9918-0913.

 

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