El apoyo a la guerra de Irak en el seno de la población estadounidense sigue disminuyendo hasta tal punto que los republicanos comienzan a dar muestras de preocupación ante las elecciones parlamentarias a efectuarse en 2006, a mediados del período de mandato. La pérdida de confianza de los partidarios de George W. Bush en la victoria en Irak alarma a William Kristol, analista neoconservador y director del Weekly Standard, quien lanza en su revista un llamamiento a favor de una nueva movilización, retomado a su vez por el diario conservador español ABC. Proclama que debemos confiar en las acciones de la Casa Blanca y apoyar una guerra total en la región, enviar tropas adicionales a Irak, como pide el senador John McCain, y bombardear las ciudades sirias que podrían proteger a resistentes iraquíes. Un programa que mucho se parece a una aceleración sangrienta del proceso.

Al mismo tiempo, aquellos miembros de las élites estadounidenses que deseaban otra forma de «guerra contra el terrorismo» vuelven a alzar sus voces. El profesor Francis Fukuyama muestra su preocupación ante el cariz que toman los acontecimientos en Irak en una tribuna ampliamente difundida y publicada en el New York Times, el International Herald Tribune, Clarín, El Mundo y Le Monde, antes de que tal vez lo hagan otras publicaciones. En su opinión, esta guerra es librada en nombre de la ideología neoconservadora, que se asoció en este caso a los grupos nacionalistas y aislacionistas. Se trata de una frágil alianza que puede estallar en caso de que el conflicto iraquí se mantuviera durante demasiado tiempo. Si esta coalición de intereses se rompe ya no habría mayoría para apoyar la intervención y Washington podría verse obligado a una vergonzosa retirada. Sin embargo, afirma el autor del «fin de la historia», hubiera sido posible aplicar otra política, como la de crear una gran alianza de las democracias occidentales que permitiera aplicar una política imperialista por medio de presiones diplomáticas y económicas. Francis Fukuyama expresa por consiguiente su nostalgia por la política exterior del gobierno de Clinton, defendida también actualmente por aquellos cercanos a George Soros.

En entrevista concedida al diario alemán Die Welt, la ex secretaria de Estado del gobierno de Clinton loa asimismo esta forma de imperialismo. Para ello compara la guerra de Kosovo y la de Irak. La primera fue librada con el apoyo del mundo occidental y unió a los aliados tradicionales de Estados Unidos alrededor de Washington. La segunda ha aislado a este país. Al mismo tiempo que critica duramente las excusas del gobierno de Bush para justificar la agresión a Irak, defiende el «deber de defensa», nuevo nombre, más consensual, del «derecho de injerencia» elaborado por el International Crisis Group.

No olvidemos que Francis Fukuyama es administrador de la NED/CIA y que Madeleine Albright es la presidenta de la rama demócrata de esta organización. Ambas tribunas pueden ser entonces interpretadas como un intento de la organización por promover sus métodos en lugar de la acción brutal. Precisemos además que John McCain, cuyas posiciones son elogiadas por William Kristol, es el presidente de la rama republicana de la NED. Por lo tanto, la polémica no es más que un debate interno de las élites de Washington sobre los medios que deben utilizarse y no sobre los objetivos.

_Este debate interno no impide en modo alguno el avance del plan de remodelación del Medio Oriente. Todos están de acuerdo en que el proyecto de constitución iraquí es una forma de iniciar la división de Irak. En el mundo árabe, más que la división de Irak, se teme que la muerte del país provoque la del nacionalismo árabe.

Abdallah Al-Ashaal, ex director del Departamento de Planificación Política del Ministerio de Relaciones Exteriores egipcio, opina que la constitución iraquí tiene como objetivo destruir el nacionalismo árabe con el pretexto de la desbaasificación. En el diario estatal egipcio Al Ahram denuncia la hipocresía de la lucha contra el partido Baas. Comparado con el nazismo o el militarismo japonés, a este partido se le acusa de todos los males de Irak al mismo tiempo que se olvida que fue apoyado durante mucho tiempo a brazo partido por Washington, y se acude a la desbaasificación para minar los fundamentos del Estado central iraquí. En estos momentos, la identidad árabe de Irak se ve amenazada con el fin de crear tres Estados a partir de divisiones étnico religiosas. En opinión del autor, estas entidades no serían de todos modos viables y serían rápidamente anexadas por sus vecinos.

Abdel Bari Atouan, jefe de redacción del diario palestino Al qods Al arabi, también manifiesta su preocupación por la situación de Irak en Arabrenewal. La emprende contra Jalal Talabani, presidente kurdo de Irak, a quien acusa de querer destruir la identidad árabe del país antes de hacerlo estallar. Con motivo de la muerte de más de mil peregrinos chiítas, Talabani criticó la actitud de los países árabes por la falta de ayuda prestada a las víctimas y por la negativa de los Estados árabes de enviar embajadores. Si bien el editorialista palestino está de acuerdo con el primer punto no deja de denunciar el segundo: no se envía un embajador a un país sin soberanía. En la actualidad, la política del gobierno tiene como fin la división de Irak y no la soberanía del país.

En Le Figaro, el analista atlantista libanés Antoine Basbous parece confirmar el análisis de la prensa árabe. En su opinión, el nacionalismo árabe es el principal responsable de la situación actual en el Medio Oriente. El experto mediático se lamenta del cariz que han tomado los acontecimientos en Irak. Según él, la invasión estadounidense liberó fuerzas dormidas hasta ese momento al desencadenar el islamismo y los extremismos de toda laya. Afirma que la división de Irak es inevitable, no porque fuera uno de los objetivos de guerra de Estados Unidos sino porque de ahora en adelante las comunidades están dispuestas a enfrentarse. Predice asimismo que esta tendencia se desarrollará en toda la región. Pero en su opinión, si bien esta situación es imputable a Estados Unidos, lo es mucho más al nacionalismo árabe que sólo fue capaz de engendrar un orden político estancado cuyas consecuencias son hoy visibles.

El autor confirma de este modo que el movimiento panarábico es uno de los blancos prioritarios de la «guerra de ideas» que el gobierno de Bush afirma haber desencadenado en el Medio Oriente. Ante estas preocupaciones, el embajador/procónsul estadounidense en Irak, Zalmay Khalilzad, se esfuerza por su parte en mostrarse tranquilizador en el Washington Post. La constitución iraquí no divide a Irak, sino que permite reunificar un país que ya estaba dividido antes de la invasión. Ofrece múltiples derechos a los iraquíes y el proceso de negociación extiende puentes entre las comunidades. Una visión idealizada de la situación que no debe convencer a muchos.