Stars & Stripes, el diario de las tropas estadounidenses estacionadas en el exterior, es redactado por el Departamento de Defensa. Nos asombraremos entonces si leemos en primera página: «Bush asume su responsabilidad en los problemas de socorro [a las víctimas] de Katrina».

Durante una entrevista de prensa conjunta que ofrecía junto a su homólogo iraquí, el presidente estadounidense admitió retrasos en el despliegue de los equipos de socorro a las víctimas del huracán.

Lo que puede parecer el humilde reconocimiento de un error es en realidad un elemento esencial de la nueva estrategia de comunicación de la Casa Blanca. El reconocimiento de un fracaso no equivale en este caso a confesar incompetencia, sino que debe permitirle al presidente denunciar la ineficiencia de la burocracia y adoptar medidas que no habría logrado que fueran aceptadas en tiempos normales. Al no poder minimizar el hecho de que fuera incapaz de intervenir en el delta del Mississippi, la Casa Blanca sacrificó a uno de sus peones al despedir al director de la FEMA (Agencia de Gestión de Situaciones de Desastre) y se propone ahora utilizar la catástrofe en su provecho. La suspensión de pagos de los funcionarios de la región, ahora desempleados, y su despido sin sustitución; la concesión de primas fiscales a las empresas que participen en la reconstrucción o que acepten crear empleos en la zona siniestrada y la suspensión de las normas de concesión de los contratos públicos en nombre de la urgencia son elementos en fase de estudio. La supresión del salario mínimo en la región ya ha sido decidida por decreto.

El diario oficial de los ejércitos, Stars & Stripes, participa en esta campaña propagandística: lejos de augurar una reflexión sobre las consecuencias del desmantelamiento de los servicios públicos, la confesión presidencial anuncia la destrucción de lo que queda de los mismos. Bush no se lamenta por la incompetencia de su administración, sino por no haber terminado de privatizarla.