Habitantes del Cauca, se han caracterizado desde hace décadas por la dinámica impregnada al proceso de recuperar su identidad y hacer valer sus derechos. Ya son múltiples las gestas que han liderado, desde cuando a finales de la década de 1960 y principios de la siguiente, emprendieron la recuperación de tierras y la ampliación de su territorio, dando cuerpo a su dirección política: el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric).

Tierra Adentro, Toez y otros son famosos dentro de esta gesta. Luego, a finales de los años 80s, ganan renombre otros territorios, todos aquellos asentados al norte del departamento. Nace la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca –Acin-, sector más dinámico hoy por hoy dentro del Cric.

En la década de los 90s, de la mano del proyecto de identidad ganan espacio, además de las reivindicaciones históricas y tal vez más urgentes (tierra y vida), otras como lengua, escuela étnica, soberanía alimentaria –bancos de semillas-, salud, derecho propio y una que a trascendido por su visibilidad: la Guardia Indígena.

Con el nuevo siglo llegan otros logros: el Congreso Itinerante es tal vez el más notorio, por su fuerza y capacidad simbólica, pero también por el conjunto de reivindicaciones históricas que resume. Tierra, ampliación del territorio, reforma agraria, soberanía, autonomía, son las que más retan.

El derecho a la tierra, en sus palabras “Liberar la Madre Tierra”, abocado en tiempos de la mayor concentración y monopolización de tierras que haya conocido el país, y del Gobierno más autoritario que recuerde la memoria nacional, parece una locura, más aún cuando gran parte del proceso de concentración de la tierra ha marchado de la mano de la usurpación violenta, el despojo y el desplazamiento. Sin embargo este pueblo se lo propone y concita a todo el país para que haga lo propio.

Retomando la consulta paciente y prolongada vereda a vereda, municipio a municipio, la explicación, el taller, la asamblea, la decisión colectiva, retirando el poder de decisión a los representantes y entregando todo el poder a la asamblea, poniendo en práctica aquella consigna tan suya pero que hace unos años nos recordaron los zapatistas (mandar obedeciendo), respetando y viendo al otro como un igual, los paeces han demostrado que sí es posible volver a ganar la confianza de todo un pueblo. Y con esa recuperación es factible emprender cualquier reto.

Ya en el año 2004 habían mostrado todo su creciente potencial cuando realizaron el Congreso Itinerante. Luego, en marzo de 2005 dieron una lección democrática al llevar a cabo la primera consulta social, en cinco de los municipios donde están asentados, sobre la conveniencia del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. En agosto pasado reeditaron lo propio en otros municipios.

En septiembre conmueven el país con la toma de dos haciendas y la imposición de sus derechos, contra el poder violento de la fuerza pública y sus intenciones poco civilistas, y el silencio de la mayoría de los grandes medios de comunicación.

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Ingenio popular
Durante la recuperación de tierras se diseñaron escudos de carrizos.

El espejo

Aunque no están exentos de contradicciones y conflictos internos, es necesario resaltar la capacidad demostrada para enfrentar el poder realmente existente. En una lectura positiva de esos hechos y de su desarrollo, hay que retomar las enseñanzas que se desprenden de sus últimas acciones:

Construcción de una nueva legitimidad La historia nacional lo destaca una y otra vez: no es posible recuperar la justicia y construir una democracia plena si se recorren los caminos ya diseñados por la oligarquía. Precisamente una ventaja que tiene el establecimiento es que nos maniata dentro del edificio de su institucionalidad. Según su parecer, deshacerlo es antidemocrático. Pero eso, es solo retórica, hay que proceder.

El reto es inmenso pero no por ello imposible. Hay que ganar una idea en todo el pueblo colombiano del significado real de la democracia: en lo económico, en lo político, en lo social, en lo militar, en la organización territorial, en el funcionamiento de los gobiernos departamentales y municipales, etcétera.

Esfuerzo duro pero no imposible. Hay que enseñar, replicar ideas, dar ejemplos, mostrar en la vida diaria. Pero no es suficiente. Hay que construir al mismo tiempo ejercicios de economía, de convivencia, de organización territorial, de distribución, de organización política, etcétera, donde las mayorías nacionales visualicen el desfase existente en nuestro país con esta palabra, lo que se dice que somos y lo que realmente somos.

Sobre esta lógica pedagógica y práctica surgirá el derecho a lo que debemos ser y los caminos para que lo hagamos realidad. Esa es la nueva legitimidad, la popular, la misma que destruirá el mito que el poder ha construido en Colombia desde 1819.

La dualidad de poderes Un baluarte para que esto sea posible, es generar desde ya, sin aplazamientos, una dualidad de poderes. Los indígenas del Cauca lo están haciendo, sin aspavientos, con tesón. Sus prácticas en lo jurídico, lo militar, el manejo del poder, las semillas, la tierra, la salud, lo político, así lo evidencian.

Su Congreso Itinerante de octubre del 2004, nos permite visualizar que sí existe un camino por recorrer, que además de una novísima legitimidad, también es necesario y está en marcha una nueva legalidad. Aunque todavía no está pensado con una proyección de confrontar el poder existente en uno de sus baluartes legales y legitimadores (el parlamento), si puede llegar a convertirse en tal. Para que así sea es urgente que los indígenas, desde el poder que han ganado en estos últimos años, emplacen al movimiento social a construir un parlamento de los pueblos, desde el cual se diseñe colectivamente el país necesario y el país soñado.

El logro alcanzado entre el 2 y el 11 de septiembre con la recuperación de tierras, la neutralización del poder policivo, la superación del miedo impuesto en todo el país a punta de tiro y motosierra, el rompimiento del silencio impuesto por los medios, el acompañamiento ganado de parte de importantes personalidades de otros países, y el riesgo que se corrió de ser aislados por falta de conexión con otros movimientos sociales, evidencia que para llegar a escalones superiores es necesario ahondar el proyecto de cara al país.

Un capítulo especial del Congreso Itinerante, en proyección hacia un Congreso de los pueblos, que aboque temas básicos como tierra, modelo económico, territorio y autonomía, sería un gran paso que permitiría proyectar los logros del Cauca a todo el país. Un paso fundamental para avanzar hacia el país necesario. Un paso necesario para avanzar hacia el país posible.