El pasado 4 de septiembre, convocada por los productores de clima frío, especialmente de cereales y papa, se realizó en 21 municipios de los departamentos de Nariño (9), Boyacá (7) y Cundinamarca (5), una consulta sectorial sobre el TLC. La iniciativa contó con el apoyo de numerosas organizaciones, entre ellas Salvación Agropecuaria, Fenalce, acciones comunales, sectores de la Iglesia y la CUT.

El resultado fue contundente: el 98% de los 20.852 votantes, se manifestaron por el No a la inclusión de productos de clima frío en el TLC; apenas el 0.71% (149 votos) dijeron sí a la inclusión, y el 0.38% (80 votos) se contabilizaron como nulos o en blanco. [1].

La consulta contó con veedores internacionales, nacionales y regionales y medios masivos de comunicación, como mecanismos que contribuyeron a certificar la legitimidad del proceso. Para el caso de Boyacá, en los recorridos por los municipios, se hicieron presentes el presidente nacional de Salvación Agropecuaria y varios coordinadores regionales, el presidente nacional de la CUT, Indepaz, Recalca, representantes de la CUT y Fecode, el coordinador regional de Fenalce y representantes de la Iglesia. Además estuvieron presentes Caracol Radio y la Televisión regional.

Contexto histórico de las políticas neoliberales No es exagerado afirmar que hasta el gobierno de César Gaviria - 1990- pese a las limitantes existentes, Colombia se autoabastecía de los alimentos que requería su población. A partir de ese Gobierno, de sus políticas aperturistas, múltiples sectores de la producción se vieron expuestos a una desigual competencia con multinacionales. La reducción de aranceles (impuestos a la entrada de productos), lo facilitó. Las importaciones masivas de alimentos se impusieron: cada semestre llegaban del extranjero 7 millones de toneladas de alimentos, desapareciendo al mismo tiempo , y por semestre, alrededor de 1 millón de hectáreas de cultivos. Dejaban de existir, de igual manera, los escasos programas y recursos nacionales e internacionales, destinados para la economía campesina.

En los foros y talleres municipales y veredales, sobre los impactos del TLC y la problemática rural, preparatorios de la consulta, los campesinos (as) conservaban la memoria oral histórica, sobre los efectos desastrosos de las políticas económicas relacionadas con las importaciones masivas de trigo y cebada, las primeras se habían iniciado desde el año 60. Posteriormente, fueron afectados, por la producción de cebada en Canadá y las importaciones de la cervecería Bavaria.

En 1993, la producción de cebada ascendía a 72.000 toneladas, con la apertura se redujeron a 5.000 toneladas, en su mayoría sembrada en Boyacá, y las importaciones se estiman en 180.000 toneladas, con costos de producción subsidiados en EE.UU., que han favorecido a la industria cervecera. Igual ha sucedido con el trigo: la producción nacional decayó vertiginosamente y se escalaron las importaciones, que para el 2004 representaron 1.150.000 toneladas, frente a una producción nacional de 50.000 toneladas.

Esta nueva realidad política y económica significó para Boyacá, el desplazamiento de sus jóvenes, abocados a ingresar al ejercito de los paramilitares, la guerrilla o a trasegar por las ciudades de Tunja, Duitama, Sogamoso, e ingresar a lo que se denomina la ruta boyacense de los raspachines, hacia el Putumayo, el Vaupés, Guaviare, y el sur de Bolívar.

El panorama que se cierne con el TLC para los campesinos (as), es dramático: por un lado el gobierno de Estados Unidos incrementa los subsidios internos a los productores, exportando a precios por debajo de los costos de producción (que es lo que se denomina dumping), y al mismo tiempo el gobierno colombiano acepta eliminar las franjas de precios -mecanismo mínimo de protección-, reducir los aranceles en el corto plazo a cero y desmontar los subsidios a las exportaciones y a la producción nacional. En síntesis, mientras aquí abrimos todas las puertas, allá las cierran.

Pero lo grave es que en estas zonas rurales los suelos se han agotado y prácticamente no existen otras alternativas de cultivos. Los grandes ganadores serán los importadores, comerciantes molineros, los hipermercados con los productos alimenticios chatarra, que están afectando seriamente la salud de la población de Estados Unidos.

El gobierno programa, además, el desmonte de los recursos parafiscales destinados para el fomento de diferentes productos, proyectando un solo fondo de «segundo piso», que se podría manejar autónoma y arbitrariamente por los entes nacionales, parando donde menos se requiere.

De igual manera, los campesinos perciben que a la par con el TLC, el gobierno en alianza con los Estados Unidos, pretende imponer la privatización de los paramos que son sus fuentes de agua. Según ellos, el agua es para el disfrute y la vida, que Dios se los regaló para beneficio y conservación de todos, y no se la pueden quitar las empresas gringas, para ponerles precio.

La privatización de los paramos y de los ríos, hace parte de la IIRSA –Iniciativa para la Integración de la infraestructura suramericana- y de la apropiación del patrimonio ambiental vía concesiones, que viene ejecutando el gobierno.

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Mujer campesina durante la consulta
Los campesinos productores de clima frìo se vincularon para concretar la consulta por el TLC.

Nuevas enseñanzas [2]

Entre las enseñanzas relevantes de la consulta campesina, merecen destacarse:
-  El conjunto de organizaciones gremiales, sindicales, de la iglesia, ONG’s, sin distingos de ninguna clase hicieron planes de trabajo conjuntos para la capacitación de los campesinos y jurados, definición de responsables por municipio, diseño de formularios, etcétera.
-  Los foros y talleres, fueron un elemento fundamental para el análisis no solo del TLC, sino de las políticas públicas de EE.UU., la problemática rural y la necesidad de diseñar propuestas alternas.
-  La consulta no solo rechazó el TLC, también impugnó las políticas integrales de Estados Unidos -agenciadas por el gobierno nacional-, y decidió vigilar el papel de los congresistas, diputados y concejales frente al TLC.
-  En esencia, se empezó a gestar un proceso de construcción de unidad y democracia desde abajo, con miras a diseñar alternativas a las estrategias neoliberales, como esencia de las luchas de resistencia.

[1] La información la sistematizó y centralizó, Salvación Agropecuaria

[2] Parte de las referencias de campo, se recogieron en conversaciones sostenidas con los campesinos, sacerdotes, dirigentes gremiales en especial el coordinador de Fenalce, a través del recorrido realizado por los municipios de Boyacá en calidad de Veedora, en representación de Indepaz y Recalca. Septiembre de 2005