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Pues ha dejado ver, con estadísticas correspondientes a la muestra tomada entre los años 2002 y parte del 2003, el daño enorme que ocasionó al país el golpe de Estado y el sabotaje petrolero y económico de una oposición enloquecida y mal asesorada por los mismos que llevan más de 40 años tratando de derrumbar el proceso revolucionario de la isla caribeña.

La Revolución Bolivariana no sucumbió, porque el pueblo venezolano se volcó a las calles a defender su proceso democrático, a su presidente y el patrimonio de la nación (habría que haber estado allí para verlos pernoctar en las afueras de las sedes de PDVSA, protegiéndolas del ingreso de los saboteadores).

En la Venezuela de hoy, el trabajo de la mujer en el hogar se ha reconocido como “una actividad económica que crea valor agregado y produce riqueza y bienestar social”; gracias a ello, millones de mujeres obtendrán derecho a pensión y seguridad social. La Ley de Pesca les devolvió a los pescadores artesanales un medio de subsistencia que les había sido arrebatado en favor de las grandes multinacionales, y enfiló la piscicultura como un importante recurso generador de empleo e ingresos para el país.

A la población, históricamente excluida de todos los procesos económicos, políticos, sociales y culturales, se la incorporó en todas las misiones del gobierno (Misión Vuelvan Caras). Se inició una agresiva campaña de alfabetización de miles de niños y adultos en la educación básica primaria (Misión Robinson), la posterior formación en la básica formal diversificada (Misión Ribas) y la educación de tercer nivel o universitaria (Misión Sucre). La salud dejó de ser un artículo de lujo y llegó a los barrios, no solo bajo el lema de ser curativa sino preventiva y rehabilitadora (Misión Barrio Adentro).

El trabajo en la minería se dignificó y se le ha dado un orden gremial cooperativo con extensión a la protección ambiental, que beneficia directamente al pequeño minero y su familia (Misión Piar). Se dio el merecido respeto y reconocimiento a las comunidades indígenas de su derecho a territorio, idioma, cultura, creencias y autoridades propias (Misión Guaicaipuro).

El desarrollo urbano se ha entregado a los Comités de Tierra Urbana para que den impulso a la transformación de los barrios deprimidos y la elaboración de proyectos socioproductivos. La Ley de Tierras otorga títulos de propiedad sobre tierras ociosas para trabajarlas y sumarlas al desarrollo productivo del país.

Se equivocan quienes creen que eliminando a Chávez frenarán la emancipación del pueblo venezolano, igual como se equivocan quienes esperan la muerte de Fidel para volver con la guachafita a Cuba. Hugo Chávez apareció en escena sólo en 1992, cuando ya los venezolanos habían iniciado su camino liberador en 1989 con el ‘caracazo’. Por lo tanto, es apenas una pieza más, reemplazable, de un entramado ideológico y democrático que se abre camino internacionalmente, con amplias simpatías, como respuesta al pensamiento único, a la gobalización y al capitalismo salvaje.

Hay otro camino posible para gobernar un país y para poner la economía al servicio del ser humano y no este al servicio de ella; lo estamos viendo en Venezuela. La Revolución Bolivariana está demostrando que es más rentable política, social y económicamente dar bienestar a las grandes mayorías, que cerrarse en un estrecho círculo social, en donde solo unos pocos se benefician de lo que en justicia les pertenece a todos.

El Tiempo, Colombia