En Rusia, el proceso en curso contra los oligarcas en desgracia, sean tanto Mijaïl Khodorkovski (antiguo director y gerente general de Yukos), sea tanto Platon Lebedev (ex presidente y director general del banco Menatep) comenzó en Moscú el 14 de septiembre y es objeto de batallas procesales. La defensa de ambos acusa a la justicia rusa de acelerar el proceso para no dejar tiempo a los abogados de trabajar en el expediente. Por el contrario, la fiscalía acusa a la defensa de obstrucción. En realidad, lo que está en juego en cuanto a la fecha del proceso es el momento en que se dará el veredicto. Mijaíl Khodorkovski se presentó a las elecciones legislativas parciales en Moscú, aunque se encuentra encarcelado. La justicia rusa lo había condenado en primera instancia, junto a Platon Lebedev, a nueve años de prisión por fraude, estafa y evasión fiscal, pero la ley rusa autoriza a los condenados a presentarse a elecciones mientras no haya sido vista la apelación. Las elecciones a las que se presentó Mijaíl Khodorkovski tendrán lugar el 4 de diciembre, pero para que la candidatura del ex oligarca sea válida, es necesario que la condena no se produzca antes del cierre de las inscripciones de candidaturas en el mes de octubre.
Los abogados de Mijaíl Khodorkovski, por lo tanto, hacen todo lo posible para ganar tiempo. Su abogado principal, Guenrikh Padva, fue hospitalizado y la defensa pidió una prórroga. El tribunal exigió que el acusado acudiera a otro abogado, lo que éste rechazó. Anteriormente, la defensa había hecho valer que su cliente no había podido entrevistarse con sus abogados luego de que éste hubiera sido puesto en cuarentena. La administración penitenciaria rusa afirmó que había sido expuesto a una grave infección de la que era portador uno de sus compañeros de prisión.

Las maniobras procesales de ambas partes hacen que la justicia pase a un segundo plano. No obstante, la defensa del ex oligarca no sitúa su combate en este campo. El abogado canadiense Robert R. Amsterdam, miembro del equipo encargado de la defensa de Khodorkovski, afirma en una entrevista al diario alemán Der Spiegel que la justicia rusa no es más que una administración al servicio del poder ruso y que no puede contarse con su integridad. Admite que su cliente está convencido de perder la apelación y trata de ganar tiempo. Teniendo en cuenta esta imagen de la justicia en Rusia, el abogado no se detiene en la cuestión jurídica y se entrega al análisis político. En su opinión, su cliente es la única verdadera oposición al presidente Putin. Presenta a los partidos de oposición política rusos como clientes del Kremlin que deben dar una imagen de pluralismo a un sistema prisionero de Vladimir Putin. Afirma que muy pronto su cliente llevará a cabo una acción sorpresiva contra el poder ruso que asombrará al mundo, pero no dice más. La cuestión es: si lo judicial es injusto y el sistema democrático ruso una ilusión, ¿cuál es el campo escogido por el oligarca destronado para desestabilizar al Kremlin?

Como quiera que sea, para los analistas occidentales el caso está claro: Khodorkhovski sufre un tratamiento judicial injusto y, cuales quiera que sean sus faltas, su proceso es revelador del autoritarismo del poder en Moscú.
Corresponsal en Rusia de numerosos títulos de la prensa anglosajona y editorialista del Bolshoi Gorod, Masha Gessen denuncia las maniobras del poder contra Khodorkovski en el Moscow Times, diario ruso anglófono. Al comentar un sondeo del Levada Center que anuncia la victoria de Khodorkovski en las elecciones en las que se considera candidato, afirma lamentar su publicación. Es de la opinión de que el Kremlin hará todo lo posible para impedir que se presente. La situación es tanto más inquietante, según ella, por tratarse de las últimas elecciones para la Duma con un escrutinio uninominal. Paradójicamente, sugiere que en lo adelante, cuando se vuelva a un escrutinio de lista, se producirá una regresión democrática.
Esta presentación de un cambio de forma de escrutinio como un paso hacia el autoritarismo es frecuente en los medios atlantistas que fustigan la política de Vladimir Putin. Sin embargo, este argumento se aplica sólo a Rusia. De hecho, el sistema de voto por lista proporcional se emplea en numerosas democracias y la elección de este modo de escrutinio en Irak se presentó como un gran avance, a veces por los mismos que denuncian su adopción en Rusia.

Patrick Klugman, abogado francés miembro del Consejo Representativo de Instituciones Judías (CRIF) y de SOS Racismo, denuncia en Le Monde el proceso del oligarca, señala que es un ejemplo de la situación política en Rusia y condena la justicia rusa. Al mismo tiempo que reconoce que los delitos de los que Khodorkovski ha sido reconocido culpable son ciertos afirma que éste último no tuvo un juicio justo. Pide que la sociedad internacional se movilice a favor del multimillonario y adopta una retórica semejante a la de los defensores de los disidentes soviéticos. Puede parecer sorprendente que sea el portavoz sobre las cuestiones de antisemitismo de SOS Racismo quien dé su opinión al respecto, sobre todo porque en la crítica del autor al proceso Khodorkovski no encontramos referencias a una actitud antisemita. Sin embargo, la defensa del oligarca ha tratado en múltiples ocasiones de presentar los problemas judiciales de su cliente como señal de un atávico antisemitismo ruso. No se pronuncia sobre el tema, pero las funciones de Klugman, recordadas por el diario francés, hacen pensar en esta tesis sin que constituyan explícitamente acusaciones, difíciles de sostener.
Este tono de comparación entre la Rusia actual y la URSS aparece también en la tribuna que la jefa de redacción del diario del Carnegie Moscow Center, Masha Lipman, publica en el Washington Post. Sin dejar de reconocer que Vladimir Putin goza de gran popularidad, afirma que está haciendo todo lo posible para aplastar a la oposición que pudiera surgir en el seno de la sociedad civil. Denuncia la creación de una asamblea encargada de representar a las ONG ante el poder. Como prueba de la corrupción de esta institución señala la nominación de una persona que firmó una petición contra… Mijaíl Khodorkovski. Como podemos ver, es muy difícil que los reflejos heredados de la Guerra Fría desaparezcan de la prensa occidental. No hay elemento alguno de comparación entre la URSS totalitaria y la Rusia de Vladimir Putin ni entre los disidentes enviados al goulag y un oligarca condenado por fraude fiscal luego de haber saqueado a su país.
El caso Khodorkovski no ha sido la única ocasión en que la prensa occidental ha mostrado los reflejos que quedan de aquel período. Cuando un dirigente europeo se reúne con su homólogo ruso, la prensa occidental se pregunta si se abordará el tema de los derechos humanos. En caso de encuentro entre dirigentes estadounidenses y europeos, esa misma prensa se pregunta si se fortalecerán los vínculos entre ambos lados del Atlántico. Si bien la Guerra Fría terminó oficialmente, aún está viva en las mentes. El punto de vista de la prensa árabe es completamente diferente. En esta zona de comunicación, Rusia no es vista como la descendiente de la URSS, como el ogro amenazante, sino como la sucesora del aliado soviético contra el imperialismo estadounidense-israelí. Por consiguiente, ante la política de remodelación del Medio Oriente orquestada por Washington se espera la ayuda rusa.
En enero de 2005, el periodista de Asharqalawsat, Walid Abou Morshed, demostraba perfectamente este punto de vista. En su opinión, la debilidad actual del mundo árabe frente al gobierno de Bush es la consecuencia del debilitamiento de Rusia. Exhortaba a Moscú a prestar mayor atención a la región y acogía con beneplácito la entrega de misiles rusos a Siria.