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Según informa el diario The New York Times, a dos subsidiarias de Halliburton, compañía de la cual el vicepresidente Richard Cheney fue su máximo ejecutivo, les fueron concedidos a dedo varios negocios de rehabilitación de las zonas dañadas por el meteoro.

De acuerdo con el rotativo, las firmas favorecidas son Shaw Group y Kellogg, Borwn&Root, esta última implicada en un escándalo por inflar el precio del combustible que vendió a las tropas estadounidenses en Irak.

Las filiales son representadas en Washington por el actual director de la Agencia Federal para el Control de Emergencias (FEMA), Joe Allbough, y otros ejecutivos muy vinculados a la campaña electoral del presidente Bush.

“Cuando se hace una cosa de esta manera, se aumenta la vulnerabilidad ante el fraude, el despilfarro común y la mala gestión”, comentó a The New York Times el inspector general del Departamento de Seguridad Nacional, al cual se subordina FEMA.

Fuentes citadas por el diario aseguran que más del 80% de los contratos otorgados tras el paso de Katrina, valorados en unos 1.500 millones de dólares, fueron concedidos “a dedo”, o a través de una licitación muy restringida.

La maniobra genera “preocupación entre los auditores y funcionarios gubernamentales debido a la posibilidad de favoritismo o abusos”, destaca el influyente periódico.

Entre los jugosos contratos otorgados a Halliburton se encuentra uno por 500 millones de dólares para “reparar” las instalaciones navales en la costa del Golfo de México.

Luego de la respuesta tardía de la Casa Blanca al paso del huracán, el Congreso autorizó el desembolso de 62.300 millones de dólares para las tareas de recuperación, de un total de 200.000 millones de dólares solicitados por Bush.

En opinión de economistas, las erogaciones generadas tras el paso de Katrina y los elevados costos ocasionados por la ocupación de Irak dispararán en 2006 el déficit fiscal de la nación, por encima de los 400.000 millones de dólares.