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Celaya maldecía la “poesía de los que no toman partido”. Quizá el poeta haya sido demasiado exigente, tratándose de la lírica. Pero lo que resulta inconcebible es cuando los partidos no opinan, cuando los dirigentes políticos se omiten en los temas que importan. Y los hay, lamentablemente.

Al mismo tiempo, cada pocos días, por iniciativa de algún integrante del gobierno se abre un debate. Los temas son estilo salpicón pero con siempre con un “norte”. Un norte Norte.

Después de las afirmaciones en Washington que ya no habrá plebiscitos en defensa de las empresas públicas y preconizar el pago de matrícula universitaria se vinieron las restricciones presupuestales y ahora el pasaje de las empresas públicas a la órbita del derecho privado. En principio no me parecen convincentes los argumentos dados por los integrantes del equipo económico que, en este como en otros temas, parece disponer de una amplia autonomía de vuelo.

Vencer y convencer

La lógica parece ser la de utilizar el “factor sorpresa”, para empezar hacia adentro, hacia los propios aliados de la fuerza política. Algo así como el que golpea primero, golpea dos veces.

No creo que sea una buena práctica ni de gobierno ni de construcción y fortalecimiento de instrumentos esenciales de la democracia como son los partidos. Y, especialmente, no creo que sea propicio para el desarrollo y la proyección política del FA.

La elaboración y la búsqueda de acuerdos en la fuerza política siempre precedieron a las actitudes políticas a asumir públicamente por parte de cada uno de los partidos del FA. La disidencia está prevista, como excepción. Y su exteriorización reglamentada.

Esa necesidad de respetar un ámbito interno de discusión cobra otra intensidad ahora, cuando la izquierda y el progresismo están en el gobierno. Y esto vale para todos los temas.

En el momento cuando, habiendo vencido en las elecciones, debemos convencer a los demás acerca de las virtudes de las iniciativas que adopte el gobierno, más necesaria es la coherencia del mensaje y menos convenientes la actitudes de diferenciación sectorial.

La Tevéo-dependencia

Hay una labor imprescindible de información y explicación al pueblo de las leyes que se impulsan. Y esta labor de convencer y movilizar al pueblo se ve obstaculizada si cada partido actúa por la suya.

Se trata de elegir: entre la sorpresa a través de los medios, que quedarán agradecidos y “dueños” de la iniciativa y la elaboración a través de la fuerza política como paso para crear corrientes de opinión sólida y propia, y sin dependencia mediática, en el seno de la población.

El espacio mediático, las mentalidades y estados de ánimo creados por las imágenes más que por las ideas, por el efectismo oral-visual, más que por los razonamientos, tiende a ocupar todo el espacio de la acción política.

Y propende a la apatía, a la desmovilización, a dejar en manos de otros, los que aparecen, la solución de los problemas. ¿Es esa nuestra concepción del cambio social? No, no lo es.

Los códigos mediáticos tienen a absorber toda la dinámica política y lo hace creciendo como una “mancha voraz”. Por momentos todo el sistema parece ser un “accesorio” de la realidad mediática.

El gobierno tiene mayoría absoluta en ambas cámaras, sin embargo, la actividad fundamental de los parlamentarios por períodos no parece la de hacer nuevas leyes progresistas y funcionales al programa que se intenta aplicar desde el P. Ejecutivo, destrabándolo de los escollos burocráticos heredados, sino la ser una proyección de la mancha voraz dentro del Palacio Legislativo.

Esto también es válido para algunos integrantes del P. Ejecutivo, especialmente los del equipo económico que actúan como si fueran un partido autónomo, o mejor dicho, la fracción mayoritaria y con los votos suficientes para imponer su hegemonía a todas las fuerzas que componen el gobierno.

Por lo demás, la subordinación de toda la acción política a una concepción de marketing, sobre la que hablaba con mucha lucidez en estos días Frei Beto, podría ser compatible con estrategias electoralistas, que, se supone, son rechazadas por la izquierda al sostener que la labor política debe ser una acción permanente y no solo de los períodos preelectorales.

Mujica: “Harvard me ha derrotado”

En un reportaje publicado el jueves en Búsqueda, el Ministro José Mujica realiza algunas afirmaciones que ningún frenteamplista debiera dejar de analizar. Primero por la popularidad del dirigente del MPP, por ser el líder de la lista más votada y por tener una influencia que va más allá, incluso, de ese gran apoyo electoral. En segundo lugar, tratándose de una de las piezas claves de este gobierno, sus opiniones no son las de un comentarista que analiza la realidad con datos de segunda mano sino de uno de los principales protagonistas de la conducción del gobierno.

Digo esto con independencia del hecho de que no concuerdo con muchas de las afirmaciones que el compañero realiza. Cuando el Ministro dice que ha sido derrotado por Harvard, refiriéndose al Ministro de Economía, está haciendo una afirmación seria, espesa y llena de connotaciones. ¿Habrá respuesta o se seguirá adelante con los hechos consumados? “Yo quería priorizar el trabajo. He quedado en minoría, perdí”, agregó Mujica.

Vale la pena preguntarse ¿Cuando perdió? ¿Cuándo y dónde se votó? ¿En qué liga ya que no en la cancha, el más popular de los ministros fue derrotado? ¿Dónde quedó nuestro sagrado y “tan uruguayo” respeto por el inapelable pronunciamiento de las urnas? ¿En que clase de democracia fue derrotado? ¡Y por Harvard, nada menos!

¿Quién manda en este país?

No tengo elementos de juicio para saber si el neoliberalismo, porque de eso se trata, va ganando en la conducción. Pero no comparto el fatalismo de decir que este proceso ya está cuajado.

La gravedad del problema es que la oposición a las propuestas de Mujica no es sólo interna sino fundamentalmente externa. Imposiciones de organismos e intereses internacionales, presiones diplomáticas. La omnipresente lógica de los “buenos modales” que se pretende imponernos.

Las que nos quieren apartar de Chávez y su lucha latinoamericanista, pese a los formidables acuerdos suscritos entre Uruguay y Venezuela. Lo que está en juego, entonces, es también un problema de soberanía: las decisiones del pueblo uruguayo ¿dónde y quién las adopta? Creo son interrogantes que no debieran quedar sin respuesta.

El Ejército en Internet: turismo cavernario al alcance de los cibernautas.

No quiero terminar estas reflexiones sin anotar que el domingo pasado, en la página uno del diario El País se daba cuenta de la existencia en Internet de una página del Ejército en la que se hacía la apología de lo actuado por la institución durante los años 70 hasta 1985.

La difusión por parte de un diario que fue soporte de toda la saga militar en su marcha ascendente hacia el poder, especialmente en apoyo a las ambiciones del General Gregorio Álvarez, es un dato de cierto interés. La noticia provocó revuelo y ciertos silencios. Desde el Ministerio de Defensa se criticó el contenido de la publicación y el Directorio del Partido Nacional el lunes decidió que sus senadores realizaran un pedido de informes. Algo seguramente debe recordar el Dr. Lacalle que era el presidente cuando esa página se “colgó” en las páginas Web del Ejército.

Por su parte desde el Comando del Ejército se dijo que la información contenida en la página Web fue extractada "en forma textual" de un libro institucional de las Fuerzas Armadas y que se encuentra en el sitio desde 1992. Aunque las autoridades MDN se pronunciaron claramente, hasta ayer domingo 25 la página seguía vivita y coleando, tal como la doctrina de la seguridad nacional que anima el pensamiento de la mayoría de los jerarcas del arma. Si se desea hacer una breve excursión a la época de las cavernas, de la tan actual era de los dinosaurios, la dirección es: http://www.ejercito.mil.uy/historia...

La República