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Irreverencias y reverencias

Cuando los narcos vienen marchando

Información divulgada recientemente en México reveló que los carteles internacionales de la droga ya no adiestran sicarios. Les resulta más barato enviar jóvenes marginales a centros de entrenamiento del ejército, la policía y las fuerzas especiales de combate en distintos países.

| Ciudad de México (México)
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Los muchachos egresan altamente capacitados y los costos de su formación corren por cuenta del Estado, las Fuerzas Armadas y los contribuyentes. En otras palabras: son profesionales diplomados y no simples gatilleros reclutados en los barrios bajos.

Según las agencias de noticias, algunas de las corporaciones más conocidas que suministran pistoleros especializados a los grupos narcos son las siguientes:

Kaibiles, de Guatemala - Cuerpo de combate creado en 1974. En marzo del año siguiente, luego de una bestial borrachera con ron Flor de Caña, el entonces ministro de Defensa ordenó que adoptara el nombre de kaibil. Informes médicos posteriores, clasificados como confidenciales, explicaron que el oficial padecía frecuentes ataques de delirium tremens. Lo designaron agregado militar en Mongolia.

Kaibil Balam fue un príncipe maya que en 1525 resistió cuatro meses en desigual combate a los soldados enviados por el conquistador español Pedro de Alvarado. Los kaibiles actuales resisten un poco menos, ya que se descerebran rápidamente por el consumo de los estupefacientes decomisados.

Su lema de combate es: “Si avanzo sígueme, si me detengo aprémiame, si retrocedo mátame”. Lo de “aprémiame” en jerga kaibil significa “tortúrame”... por aquello de “apremio ilegal”.

Quizá los jefes kaibiles ignoren que fue Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista Cubano en 1925, el autor de la frase: “Si avanzo sígueme, si me detengo empújame, si retrocedo mátame”. Si lo supieran, quizá ingresarían a un centro de rehabilitación financiado por Diego Armando Maradona para desintoxicarse.

Los kaibiles ganaron triste fama durante la breve pero sangrienta dictadura del general Efraín Ríos Montt (1982-1983). Arrasaban aldeas campesinas, incendiaban cosechas, masacraban indígenas, violaban mujeres. Sin embargo, batían récords en carreras de mil metros cuando se enfrentaban a insurgentes armados. Entonces su lema de supervivencia era: “Si avanzo, deténme. Si me detengo, retrocede. Si retrocedo, huye lo más rápido que puedas”.

En enero de 1989 se entrenaban en dos fincas de nombres sugestivos: El Infierno y La Pólvora, en el municipio de Melchor de Mencos, región de El Petén, limítrofe con Belice.

En dialecto maya, kaibil también significa “hombre estratega, el que tiene la fuerza y la astucia de dos tigres”.

Hace pocos meses un reportero independiente descubrió que, en realidad, los felinos tomados como modelos por los kaibiles trabajaban en el circo Barnum & Bailey. Su dieta alimenticia era insólita: diariamente uno masticaba un kilo de marihuana y el otro lamía medio kilo de cocaína. Los dos animales hacían unas piruetas increíbles en la pista: más que tigres, parecían chimpancés voladores. El problema era que muchas veces se quedaban tendidos en el suelo, inmóviles, con la lengua afuera y la mirada extraviada. Hoy, sus pieles rayadas decoran los centros de entrenamiento de El Infierno y La Pólvora.

Special Air Service (SAS), de Gran Bretaña - La propaganda afirma que estos combatientes al servicio de Su Majestad “están entrenados para atravesar las líneas enemigas por tierra, agua y aire en ambientes hostiles”. Por tierra, caminan. Por agua, viajan en bote. Por aire, “vuelan” sin levantar los pies del suelo gracias a la ingestión de raciones militares conocidas como Extasis-OGT (Organic Gun Tomato).

El penúltimo combate en “ambiente hostil” fue el pasado 22 de julio en la estación de metro de Stockwell, en Londres. Le metieron siete balazos en la cabeza a un pacífico electricista brasileño llamado Jean Charles Menezes. “Es que de espaldas parecía llamarse Hassan El Salami”, declaró un flemático vocero del SAS mientras bebía té de la India.

La última batalla del Special Air Service fue el 19 de septiembre en Basora, Irak. Se destacaron por su heroísmo dos agentes disfrazados de árabes que iban en un vehículo civil repleto de armas. Para mimetizarse mejor entre la población nativa, ingirieron una buena cantidad de haschís. Sin embargo, los descubrieron porque no podían parar de reírse a las carcajadas por cualquier idiotez: una mosca que volaba, un coche mal estacionado, un cartel que anunciaba zurcidos invisibles.

Edgard Louis Smith-Wesson, alto funcionario del MI-6, el servicio secreto británico, filtró una primicia al periódico The Guardian: el SAS cambiará de nombre en la próxima guerra que estalle en cualquier lugar del mundo. Se llamará “deSAStre”.

Gurkhas, de Nepal - El país exporta alfombras, opio y mercenarios. Las divisas que ingresan gracias a estos sanguinarios soldados de fortuna, delgados y de baja estatura, superan a las ganancias del turismo.

Entrenados por los ingleses en el siglo XIX, lucharon en todas las guerras, excepto en la de las galaxias. Se caracterizan por el famoso y mortífero machete curvo denominado “kukri”, que usan indistintamente para degollar enemigos, afeitarse, pelar papas y picar hongos alucinógenos antes de cada enfrentamiento armado.

La inteligentísima modelo alemana Claudia Schiffer contrató a cinco ex gurkhas para vigilar su casa de campo en Suffolk, al este de Inglaterra. Como no tienen con quien pelear, los mercenarios cortan el césped con sus “kukris”, podan árboles y decapitan gallinas que luego condimentan con curry. “Son más simpáticos y más baratos que los engreídos mayordomos ingleses, que tienen veleidades aristocráticas”, declaró la Schiffer al periódico The Sun, mientras acariciaba la cabeza de un pequeño y sonriente gurkha que estaba de adorno en el jardín.

Drug Enforcement Administration (DEA), de Estados Unidos - En 1910, el presidente William Taft lanzó una advertencia: “El abuso de la cocaína es, sin duda, un hábito americano, el más amenazador de todos los vicios de drogas que ya aparecieron por este país”. Las autoridades se tomaron su tiempo para buscar una solución al grave problema: recién en 1973, por iniciativa del presidente republicano Richard Nixon se creó la DEA. Pero como casi todas las iniciativas de Nixon, no sirvió para nada.

La sigla, según algunos especialistas en el tema, significa en realidad Don’t Expect Anything (No esperen nada). A fines de 1992, el entonces presidente William Clinton solicitó a dos expertos del Departamento de Justicia un estudio sobre los pro y los contra de la corporación antidrogas. El resultado fue un informe de 20 páginas que la definía como “corrupta, ineficaz y violenta”. La divulgación del documento causó un alud de solicitudes de ingreso de matones deseosos de usar placa y pistola.

Gerard Harry Helmle, informante de la DEA durante 13 años, declaró el 24 de mayo de 1992 al diario Houston Chronicle que un buen número de agentes es adicto a la mariguana y la cocaína. Helmle, confidente de 1972 a 1985, afirmó: “He visto policías tan intoxicados que en una noche perdían el arma y la credencial de identificación”. La revelación desencadenó una avalancha de solicitudes de ingreso de potenciales adictos.

En 1988 la reportera Elaine Shannon, de la revista Time, publicó el libro “Desperados”, sobre la DEA. La periodista cita al senador republicano Alphonse D”Amato, de Nueva York: “Tenemos un gobierno que descubrió fuego en su cabeza y está intentando apagarlo con un martillo”. Parece que ese era el sistema utilizado por el presidente George W. Bush cuando en su juventud consumía drogas y sentía que le ardía el cerebro. O un órgano muy parecido al cerebro, de pequeñas dimensiones y escasas ramificaciones, alojado en algún lugar del cráneo.

Alcohol, Tabac and Firearms (ATF), de Estados Unidos - Posiblemente la agrupación policial más antipática de todas. Persigue a los ciudadanos de escasos recursos que comercializan alcohol de baja calidad, distribuyen cigarros baratos y venden armas de fuego usadas. Sus agentes, sin embargo, miran hacia otro lado cuando se encuentran a políticos, empresarios y ricachones que se emborrachan con whisky escocés añejado durante 12 años, apestan con sus habanos y pipas rellenas con tabaco de Richmond o Virginia, y se dedican a exterminar animalitos con sus potentes rifles de caza mayor.

Los miembros de la ATF generalmente mueren de cirrosis o enfisema pulmonar. Algunos no esperan este desenlace y, para hacer honor a su especial vocación de servicio, se disparan un balazo en la cabeza.

Policía Bonaerense, de Argentina - Fuentes de Interpol aseguran que muchos de los miembros de esta corporación eran los más requeridos por los carteles del narcotráfico. Sin embargo, los capos de la droga dejaron de contratar sus servicios en tiempos del presidente Carlos Saúl Menem y del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde.

Como se recordará, Menem se destacó como piloto de carreras, golfista, tenista, bailarín folklórico y lector de Sócrates, mientras que Duhalde fue campeón olímpico de natación, subcampeón suramericano en salto con garrocha e inventor de la llamada “cajita feliz”. En esa época los policías siempre metían presos a un par de perejiles -para salir en las fotos y en los noticieros de TV- y finalmente se quedaban con todo el negocio.

Se necesitaría un libro, más que un simple artículo periodístico, para referirse a la llamada “conexión tricolor” argentina: agentes de uniforme “azul” que ganan billetes “verdes” con la distribución de polvo “blanco”.

Y recuerda: díle “no” a las drogas... aunque la bonaerense insista en vendértela barata.

BAMBU PRESS

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