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Rodrigo Rato

El nuevo rostro del FMI

Poco más de un año ha tardado Rodrigo Rato (que así se llamaba el personaje cuando era joven, sin el “de” intercalado) en comprender la situación del FMI, la institución que maneja. Lento. Y caro. Lo digo como consultor de empresas.

| Caracas (Venezuela)
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Rodrigo Rato

Quizás sea una malformación profesional, pero yo no puedo tardar más de un par de días en identificar el problema de una empresa, porque al precio medio por hora de consultor modesto (Є 150 por hora en España) ningún empresario soportaría este costo.

Pero el FMI es otra cosa y bien puede su CEO demorar algo más de un año en captar la onda. Y no sólo eso, también puede decir unas cuantas perogrulladas en lenguaje neoliberal, para que no se note mucho, como por ejemplo: “Nuestro análisis muestra que a medida que la globalización continúa su rápida evolución emergen nuevos retos” [1] ¡Exquisito! ¿Cuánto le pagarán por decir cosas tan interesantes? Y otra pregunta. ¿Cómo habrá comprendido que la evolución trae nuevos retos? Bueno, yo lo sabía, pero lo mío no tiene gracia, porque yo he leído a un tal Darwin [2].

Después de describir los nuevos retos, que ya eran viejos en tiempos de Hammurabi [3], el señor Rato (y no “de Rato”, como le gusta llamarse ahora) nos dice que “ es necesario volver a enfocar sus prioridades para ayudar a que los países enfrenten los nuevos desafíos” y señala las fórmulas clásicas del FMI, “ya sea mediante el desarrollo de mejores marcos presupuestarios y monetarios, reformas para adaptarse al creciente comercio o fortaleciendo los sistemas financieros”.

Casi nada nuevo, excepto que se da cuenta de que no lo están haciendo bien. Si hubiese leído a Joseph E. Stiglitz [4] no habría necesitado un año para saberlo. Porque Rato añade: “Esta reorientación se debe centrar en cómo el Fondo analiza las tendencias económicas de modo global, regional y por país, y en cómo entrega sus recomendaciones”. (Las negritas son mías). Y en este añadido esta la madre del cordero, como dicen en Chile, o el quid de la cuestión como se dice correctamente en castellano.

Stiglitz comenta en sus obras que los inspectores del FMI visitan un hotel de cinco estrellas de un país y sin salir a la calle fotocopian un informe de otro país y cambian el nombre, aunque a veces se equivocan y en un informe sobre Brasil de pronto le pueden llamar Camboya, por descuido. Pero eso es habitual en consultoría. Los consultores piratas copian un estudio y le cambian sólo las palabras que lo singularizan. Los otros, los que somos más serios, usamos un estudio anterior como esquema o guía, pero hacemos un estudio nuevo. Es más rápido y le economiza dinero al cliente.

Si sólo fuera un cambio en este sentido, o sea, en hacer de verdad los estudios sobre los países, el discurso de Rato sería una buena noticia, o al menos una noticia aceptable; pero no se conforma con decir que lo han hecho mal y que quieren hacerlo bien. No, señores, no es tan sencillo el tema. El Señor De Rato amenaza seriamente la soberanía de los pueblos, aunque lo hace con suavidad y casi como al pasar, lo dice bien claro : “Así, hay que pasar de un enfoque macro a uno más incisivo de las debilidades y distorsiones específicas que crean el riesgo de crisis u obstaculizan el ajuste a una integración a la economía global. Esto, además , exige que el Fondo participe más en los debates sobre políticas que dan forma a la opinión pública y a las decisiones sobre las políticas”. Y ahí, en esas palabras subrayadas en negrita, el Señor de Rato (hace rato que no me atrevo a llamarlo Rato) da por finalizada la Democracia y declara que los Gobiernos han de supeditarse a las decisiones del FMI. Bueno, han de supeditarse más de lo que ya están. Al menos eso es lo que he podido entender. Más adelante lo confirma . “En los países avanzados debe haber mayor énfasis en las implicancias globales de las políticas económicas y en las maneras para hacer más persuasivas las recomendaciones del FM”.

Si intentamos salir de la percepción acostumbrada e intentamos comprender el nuevo lenguaje del nuevo milenio, la palabra “persuadir” tiene connotaciones y significados aterradores. En mi mente se asocia inmediatamente con “bombas inteligentes” y “daños colaterales”, que es exactamente lo que significa para el Sr. Bush (el representante de los dueños del FMI) la palabra “persuadir”. Aunque hay maneras más sutiles de persuadir. Según el citado Stiglitz, el FMI suele persuadir a Ministros, Presidentes y hasta a veces a modestos Congresistas con un 10% sobre la privatización de turno. En cualquier caso me agradaría librarme de las persuasiones del FMI. Creo sinceramente que el país que logre evitarlas tendrá menos pobres.

Para que seguir con el tema. Prefiero finalizar con un broche de oro. En palabras del Sr. Rato (hace rato ya que no se como llamarlo) queda muy bien: “Casi con certeza las crisis futuras serán distintas de las pasadas. El FMI debe estar preparado, y ser lo suficientemente flexible, para ayudar al mundo a enfrentar lo impredecible”.

¡Genial! Este hombre se supera a sí mismo. Me recuerda una bruja que a la pregunta de cómo será el próximo año respondió muy seria: “No será mejor ni será peor, pero será diferente”. Esa certeza de que las crisis futuras serán diferentes es la mayor perogrullada que he leído en mi vida. Entérese, señor Rato, el futuro siempre es diferente. Eso de “Nihil nobis sub sole” es un cuento chino escrito en latín. Pero usted es un genio Sr. Rato. Debo reconocerlo. Usted es el único ser humano capaz de prepararse para enfrentar lo impredecible. Al menos así lo afirma usted mismo.

[1] Con excepción de la cita de la bruja, todas las demás son del artículo publicado hoy en La Tercera (4/10/2005) y firmado por Rodrigo de Rato. http://www.latercera.cl/medio/artic...

[2] Me refiero a Charles Robert Darwin (1809-1882), autor de la teoría de la selección natural que explica en su libro “El Origen de las Especies” publicado por primera vez en 1859

[3] Dicen que el dios de la justicia, Samash, entregó la leyes al rey Hammurabi de Babilonia, allá por el 1790-1759 (a. c.), con las que escribió su famoso código

[4] Premio Nóbel de Economía en 2001, autor de “ Globalization and Its Discontents”, W. W. Norton&Company, June 2002, traducido al castellano como “El malestar en la globalización”

Máximo Kinast

Consultor de empresas, con oficina en Barcelona y en Lima, y cuenta con más de 30 años de experiencia y éxitos

 
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