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Aldo Severi, Boca-River, 1998

1. El gobierno Lula es el gobierno de la nueva derecha. Quien hace afirmaciones como ésta, no consigue explicar porque la derecha, unida, sin que ninguno de sus sectores se quede fuera, ataca virulentamente al gobierno Lula. Quien amalgama a los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso (FHC) y Lula, no alcanzará a comprender por qué la derecha unida predica el retorno del bloque Partido Social Demócrata de Brasil – Partido del Frente Liberal (PSDB-PFL). Política externa, política educativa, política cultural: son por lo menos tres elementos de ruptura con la política liberal y pro-estadounidense del gobierno FHC. Y, además de eso, lo que la derecha unida desea no es tanto la derrota del gobierno Lula, sino la derrota de la izquierda, con proyecciones históricas, de largo plazo. Las posiciones ultra-izquierdistas también dijeron que la URSS se había convertido en una potencia capitalista -e incluso imperialista-, similar o hasta peor que los Estados Unidos, lo que no explica que fue necesario derrumbar al régimen soviético para que el capitalismo triunfara en Rusia.

2. El crecimiento económico garantizará la reelección. Si fuera verdad que la expansión económica perdió aliento y que el crecimiento sostenido no fuera nada más que una noticia sin fundamento del equipo económico, ya que se trata de una recuperación cíclica de aliento corto, aun así no se puede decir que vivimos una coyuntura de crisis económica. Sin embargo, por el carácter selectivo de la expansión, sustentada principalmente en la exportación y en el consumo de lujo, sus efectos no se traducen en mejorías sociales para la masa de la población, que no siente que las políticas gubernamentales estén a su favor, mientras el gran capital desea ardientemente el mantenimiento del modelo económico. Si fuera necesario un ejemplo, la economía peruana sigue creciendo, pero la popularidad de Alejandro Toledo está en un 8%. Para demostrar que no es cualquier expansión la que mejora la vida del pueblo.

3. La crisis revela el carácter democrático de los mass media brasileños. Esta es una de las mayores falacias divulgadas en la crisis. La dictadura de los mass media monopolistas privados es y continúa siendo un obstáculo para que Brasil sea una democracia. La unanimidad de la gran prensa, escrita y televisiva, revela el totalitarismo que la derecha impone en la formación de la opinión pública. Basta ver cómo el proceso contra Henrique Meirelles, presentado a la Justicia por la Procuraduría General de la República, fundamentado en pruebas claras de los delitos de enriquecimiento ilícito, evasión del impuesto a la renta, entre otros crímenes, no fue objeto de ninguna investigación por parte de la gran prensa monopolista privada, para la cual Meirelles es un "darling" (querido), dando un tratamiento totalmente diferente cuando se trata de acusaciones en contra de algún miembro del PT o de alguna otra fuerza de izquierda.

4. Las Comisiones Parlamentarias de Investigación (CPIs) son instrumentos eficientes para investigar y castigar a los culpables por corrupción. Se trata de espectáculos televisivos, en los que el exhibicionismo de quien sabe qué está siendo enfocado por las cámaras, utiliza la verborrea demagógica para hacer teatro para la TV, sin que los trabajos tengan ningún rigor investigativo. El episodio de la ex-secretaria de Marcos Valério quien se ofrece para posar desnuda para Playboy, según ella para financiar su campaña electoral como candidata del PSDB o del PFL, revela de cuerpo entero el carácter exhibicionista de los 15 minutos de gloria de los protagonistas de las CPIs.

5. La corrupción y la inmoralidad son exclusivos de la derecha. Las denuncias revelan, de forma elocuente, que dirigentes del PT practicaron sistemáticamente actos de corrupción, sea para comprar votos aliados, sea para obtener beneficios propios, materiales o de la influencia personal y política. Es correcto que los votos comprados lo fueron en general para aprobar proyectos favorables a la derecha, pero fueron crímenes cometidos por dirigentes del más importante partido de izquierda de Brasil. La vigilancia ética, por lo tanto, tiene que ser una actitud permanente de la izquierda, sobre todo y aún más sobre sí misma.

6. El pueblo brasileño no tiene memoria. Las investigaciones de opinión siguen colocando a FHC como el eventual candidato a la presidencia con mayor rechazo. Como él salió del gobierno perdonado por los mass media de las acusaciones de corrupción que su gobierno cometió como ningún otro en la historia del país, ha sido otro factor que determina este rechazo: el fracaso en el ámbito social. No importa que él haya contenido la inflación -al precio de multiplicar por 11 la deuda pública, que él decía que iba a combatir-, lo importante es que hizo al pueblo más miserable. No por casualidad el problema más importante y constante que aparece en las investigaciones de opinión, es el desempleo. Aun así, la gran mass media monopolista privada hace todo lo que puede para promover la amnesia del pueblo, para poder rescatar a sus nuevos superhéroes, Severino Cavalcanti y Roberto Jefferson.

7. Izquierda y derecha son iguales, hacen las mismas políticas y practican la misma corrupción. Otra falacia: los dirigentes del PT involucrados en corrupción, fueron producto de la mentalidad mercantil que la dirección del partido fue asumiendo en los últimos años, la misma que se expresa en la política económica del gobierno –recuerden que Meirelles y Palocci son también acusados-, y que está en contradicción frontal con los ideales de izquierda. La política económica es la heredada de FHC y la mentalidad mercantil es su hermana gemela. La izquierda privilegia los aspectos sociales y éticos, tiene dirigentes en el PT y en otros partidos de izquierda que los expresan, así como gobiernos, aquí y en otros lugares, que los privilegian. La derecha -desde Pinochet a Salinas de Gortari, desde Menem a Fujimori, desde Collor a FHC, desde Carlos Andrés Pérez a Sánchez de Losada- expresa en la corrupción su mentalidad privatizante en relación al Estado y a los bienes públicos.

8. Derrumbar el gobierno Lula es bueno para la izquierda. La derecha sabe que derrocar el gobierno es bueno para ella, porque sabe que la alternativa de hoy es ella, la derecha. La izquierda necesita saber que, mal con Lula, peor sin él. Porque significaría la vuelta de la política de servilismo a la hegemonía imperial estadounidense, con todas las graves consecuencias para Brasil, para América Latina y para el Sur del mundo. Significaría la vuelta de la privatización de la educación, de Petrobrás, del Banco de Brasil, de la Caja Económica, entre otros.

9. La ética justifica la alianza con la derecha para denunciarla. Nada justifica las alianzas con la derecha, con Antônio Carlos Magalhães (ACM) -padre y nieto-, con Álvaro Dias, con Artur Virgílio, con César Maia Filho, etc. Quien hace eso, hace el juego a la derecha, se deja manipular por ella. ¿Quién mejor que una voz proveniente de la izquierda, para condenar a un gobierno electo por la izquierda? ¡Triste espectáculo de parlamentarios que se pretenden de izquierda, que no se diferencian en nada de las denuncias y del vocabulario de los tradicionales parlamentarios de la derecha! Para la izquierda, la ética es tan importante, que no puede ser manipulada por la derecha, protagonista de los mayores casos de corrupción de la historia brasileña, ni siquiera recordados por esos parlamentarios originarios de la izquierda, hoy parte del bloque opositor hegemonizado por la derecha.

10. La solución para la crisis es sumar más fuerzas del centro y de la derecha. El gobierno viene practicando esa solución, nombrando ministros de los PP (Partido Progresista) y del PMDB (Partido del Movimiento Democrático de Brasil) que se revela no soluciona nada. Porque la crisis del gobierno no es por la falta de apoyo del centro y de la derecha, sino por la falta de apoyo popular. Si gozara de apoyo social, el gobierno podría enfrentar esa crisis, aún con sus errores, derrotar a la derecha, expulsar a sus cuadros involucrados en corrupción, y salir fortalecido. No es tampoco el fantasma del "chavismo", que asola el gobierno.

El gobierno de Hugo Chávez simplemente promueve la prioridad de lo social, en la forma posible de un país petrolero: inversión de un 25% de las utilidades del petróleo en lo social. En Brasil, al disminuir ya el superávit fiscal a 3,75, aceptar el aumento del salario mínimo a 400 reales y cambiar el equipo económico, el gobierno puede volver a conquistar el apoyo de los movimientos sociales y del pueblo. La solución de la crisis es de izquierda o ella no es solución.