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Fernando Solanas

"Son todas historias de resistencia", dice Fernando "Pino" Solanas. Se refiere a La dignidad de los nadies, su nueva película documental, que en un par de semanas tendrá estreno mundial en el marco del Festival de Venecia, donde se verá en funciones especiales, fuera de competencia. Concebida como una continuación de Memoria del saqueo, esta nueva inmersión de Solanas en la realidad argentina propone una estructura coral, múltiples voces trazando un mapa del país después de la devastación menemista. "Es una suerte de libro de crónicas y cuentos, donde lo testimonial se une con lo narrativo, el ensayo con la historia, la vida con la ficción", define el autor de El exilio de Gardel a Página/12. Pero Pino no podría hablar de su nueva película sin hablar también de política, de la situación del país, de Duhalde y de Kirchner, de Cristina y de Chiche. Lo que sigue es parte de esa charla.

¿Por qué después de Memoria del saqueo surge la necesidad de hacer La dignidad de los nadies?

– Cuando me sumergí en Memoria del saqueo y empecé a editar me di cuenta de que era imposible que todo el tema fuera narrado en una sola película. Ahí empezó entonces mi división del gran tema que tenía entre manos, que abarca la crisis de todos estos últimos años. Y así como Memoria del saqueo es un análisis y un testimonio de lo que sucedió en los años ’90, La dignidad de los nadies es una lupa puesta en aquellos personajes anónimos, los argentinos sin nombre, héroes cotidianos con sus pequeñas hazañas diarias, que la Historia con mayúsculas no registra ni reconoce. Me pareció necesario colocar esta lupa sobre aquellos que no tienen voz ni imagen, aquellos que son vistos como lo plural, la masa. La idea era bajar a tierra, meterme en las casas, en su intimidad, seguirlos en su cotidianeidad, en sus manifestaciones y tratar de rescatar algunos momentos donde se los ve vivir el cotidiano. Por supuesto, estaba también la preocupación de cómo esa materia, que se recoge testimonialmente, se expresa en una mirada cinematográfica, cómo sintetizar y narrar esas historias. En un principio, estuve tentado de hacer una película con sólo uno de los personajes, pero finalmente me gustó más el fresco colectivo, que el personaje fuera el colectivo que conforman cada una de esas individualidades.

En lugar de tener una gran novela de un único personaje, preferí el libro de relatos, una serie de crónicas, un libro abierto, para poder expresar todo el arco. Porque aquí están desde el militante de formación intelectual, que es el toba, maestro de alma, al poeta motoquero Martín, de clase media modesta, pasando por los vecinos y asambleístas que no habían sido registrados en la otra película. Y las mujeres también de sectores medios, esposas de pequeños propietarios rurales, que cuando se encuentran entrampadas con los intereses usurarios de los bancos se unen en la resistencia. La película empieza con los más humildes, con los piqueteros indigentes, que ni siquiera tienen casa. Pero cuando viene el piquete están todos. Van a pasar unos días y como no saben cuándo van a volver se llevan hasta el perro, se llevan todo... lo poco que tienen.

¿Cómo fue eligiendo a estos personajes tan distintos entre sí?

– En Memoria del saqueo me encontré con millones de historias que quedaban afuera de la película. Y La dignidad de los nadies me llevó muchísimo tiempo, tardé más de un año en hacer la síntesis, porque el guión lo terminé recién en la etapa de montaje. Tengo pilas de carpetas y testimonios. Y un personaje me iba llevando al otro. O buscaba en ámbitos simbólicos. Para uno de los capítulos de la película elegí el Hospital Posadas, porque allí habían tenido lugar unas luchas muy especiales, había sido desalojado violentamente por la policía. Es un hospital modelo, enorme y de alta complejidad. Y así como en Memoria... había dos médicos que llevaban la voz, ahora decidí que fueran dos mujeres y que no fueran médicas. Los hospitales se encuentran desbordados porque la mitad de la población no tiene ayuda social ni seguro de salud (el hospital que antes atendía a 1500 o 2000 personas hoy atiende a 4000) y entonces me parecía que Silvia y Carola, dos asistentes sociales, podían ser el mejor espejo de esa situación. La historia de esas mujeres podría ser un largometraje en sí mismo, pero también fui a Zanon, una de las experiencias más interesantes y atípicas de fábricas recuperadas, con obreros que la ocupan y la ponen en funcionamiento sin la estructura de gerentes y capataces, con el apoyo de la comunidad.

¿Cómo se concilia esta idea de ingresar en la intimidad de los personajes y, al mismo tiempo, hacer un gran fresco?

– En términos formales, es una suerte de cine-fusión. Por momentos, la película es una crónica, que parece haber sido heredera de La hora de los hornos y de Memoria del saqueo. Tras cartón, hay historias particulares, como la de Martín, que nunca se metió en política, pero indignado por la represión del 20 de diciembre del 2001 abandona su trabajo, va a la plaza y recibe una bala en la cabeza. Pero alguien que no lo conoce arriesga su vida y lo salva... La noción de géneros es cada vez más chica. Lo que yo sí comprobé con varias de las películas que hice es que a mí no me importa un cine de causa y efecto, que es el que desarrolló Hollywood y terminó imponiendo la televisión. Para mí ese es un cine mecánico, es como subirte a un carrito de la montaña rusa, en la que cada vez uno va más ligero y no ve nada de lo que pasa a los costados. Y lo que pasa al costado es la vida, nada menos.

La dignidad de los nadies también tiene unos versos populares o gauchescos que traen a la memoria Los hijos de Fierro...

– Así como Memoria... estaba más inspirada en La hora de los hornos, esta nueva película está más cerca de Los hijos de Fierro. Porque a mí me parece una suerte de payada. ¿Qué es una payada? Una información poetizada. El payador, más allá de sus duelos, de sus desafíos, de sus divertimentos, era el cronista de la campaña en épocas en las que no había diarios sino apenas unas coplas en la pulpería. Su arte era la copla. Y a mí siempre me gustó la poesía popular y acá era la posibilidad de escapar a la simple presentación en prosa. Cada uno de los personajes intento retratarlo con unas coplas. Me gusta que el nivel poético se conjugue con el naturalismo testimonial-documental, al mismo tiempo que la imagen tiende a esferas expresivas propias de la ficción. Por eso decía antes que la noción de géneros está quedando chica.

¿Cuál fue entonces el primer motor detrás de La dignidad de los nadies?

– Volver a rescatar qué piensa y qué siente la gente, porque te da la medida de cuál es la problemática de las cosas. La paradoja de buena parte del cine de hoy es que dice muchísimo menos que lo que ocurre en la realidad. Yo sigo pensando que lo que leés en los diarios dice muchísimo más que las mejores películas argentinas. Yo agarro la colección de Página/12 de los últimos diez años y es un aquelarre dantesco de corrupción y violencia. ¿A dónde está todo eso en el cine argentino? No hay correlato. Yo estoy muy contento con el trabajo de estos últimos años, porque he vuelto a hacer la infantería, a caminar las calles, caminar el país, meterme en lugares a los que habitualmente uno no llega, donde las cámaras y los micrófonos tampoco llegan. Se trata de volver a ver y volver a oír, de volver a repensar la cosa.

La película es muy crítica con la presidencia de Eduardo Duhalde, pero no por ello deja de señalar críticas a la gestión de Kirchner...

– Al elaborar una obra así, no pienso en lo inmediato. Mi gran esfuerzo es dar un paso al costado. Y mi temor es ser injusto, porque uno no tiene el distanciamiento necesario. Yo he tenido vocación de historiador. La hora de los hornos es una crónica de la historia. E intento ser lo más serio posible. Por supuesto, tomo partido y doy mi opinión. Por eso estoy en primera persona, soy yo quien habla. Pero en el temor de ser injusto, estas opiniones, te aseguro, las he discutido mucho con gente que respeto. Y yo creo que he sido benévolo con los dos. Claro, hay cosas que uno no ve por estar inmerso también en la historia. Pero así como elogio la dignidad de Kirchner para discutir la deuda, no se puede dejar de decir que la ha legitimado cuando buena parte era ilegítima y que esa deuda es muy difícil de ser pagada. Y que no denunció al Fondo Monetario, que fue el cómplice del vaciamiento financiero de la Argentina.

El gobierno de Duhalde y el gobierno de Kirchner, ante la hambruna y el estado de emergencia absolutamente reconocido por todos los observadores internacionales, tendría que haber renunciado a las exigencias del Fondo y no pagar un centavo. Yo soy muy crítico en eso. Como también reconozco a Kirchner muchos valores. Puso al país en superávit fiscal, hubo un crecimiento económico espectacular, que no lo reconocen los críticos mezquinos de la oposición política. Ni reconocen lo extraordinario de haber hecho el recambio de la Corte Suprema de Justicia o la abolición de leyes intocables como eran las de impunidad y de terrorismo de Estado. Pero no puedo dejar de decir que no veo ninguna investigación sobre el saqueo del patrimonio público. En un país donde robar, saquear lo público no es delito es muy complicado reconstruir una noción de ciudadanía. Y todas estas cosas hay que decirlas.

¿Cómo ve el debate político?

– Creo que es lamentable el vacío político de la Argentina. Acá no hay debate político. Sin ir más lejos, acá no se ha querido convocar a la ciudadanía a discutir cuál es el modelo de gestión que debe proseguir a los dos fracasos: el de las empresas de servicios en manos del Estado y al de las empresas de servicios en manos del mercado. Ahí hay un tercer modelo que tiene que gestarse, pero tiene que convocarse a la ciudadanía para que se discuta el modelo de gestión, cómo participa el usuario y consumidor en el control de las empresas de servicio que las padece y que las paga. Hay muchísimos temas que se nos ocultan. Entonces no se puede decir alegremente que concesión que se cae se re-privatiza.

Que se cumpla la Constitución Nacional. Yo no estoy de acuerdo en que el debate político en la Argentina se haya convertido en Cristina o Chiche, sin contenidos. Me parece lamentable. Acá nadie ha hecho una disculpa sobre el saqueo patrimonial. ¿Cómo puede justificarse que el gobierno actual haya seguido negociando con las mismas mafias que vaciaron el tren? ¡Se lo robaron entero... teniendo a la enorme masa de trabajadores ferroviarios esperando ser convocados para construir vagones y locomotoras que ahora dicen van a comprar usados a China o España! ¡O que el señor Ricardo Jaime sea secretario de Transporte después del affaire Southern Winds! Somos grandes para que nos traten de tontos. Todos queremos que le vaya bien a Kirchner, pero hay que manejarse con actitudes más republicanas y menos soberbias. Entonces yo creo que la película hace una crítica seria y también un diagnóstico. La brecha entre pobres y ricos se ha profundizado. No hay redistribución de la riqueza generosa, sigue imperando el mismo sistema regresivo de impuestos.

Y en la película se siente en la necesidad de señalarlo...

– Sería una enorme irresponsabilidad no hacerlo. Yo no soy político, soy un ciudadano que siempre asumió responsabilidades políticas y cívicas. No soy político en el sentido de que no estoy en ninguna lista ni apoyando a ningún frente ni ninguna combinación. Y creo que es lamentable todo el forcejeo y discusión de sectores que deberían estar unidos ofreciendo contenidos y propuestas de reconstrucción a un país que tiene esa posibilidad. Pero sería irresponsable que los que no estamos en eso no cumplamos el rol de testigos. Yo lamento que la película se estrene en plena campaña electoral, porque no va a faltar alguno que diga que estoy en campaña. Pero yo no estoy en ninguna lista ni he hecho expresión pública de voto por ninguno.

Por supuesto, he sabido distinguir muy bien que Duhalde dio un paso muy adelante con respecto a Menem y a De la Rúa. Y que Kirchner es un paso mucho más avanzado con respecto a Duhalde. Pero me parece poco responsable, por no decir irresponsable, la actitud de tantos compañeros o sectores progresistas que se han sumado a-críticamente al apoyo del rejuntado Frente de la Victoria. La primera fidelidad que tiene que tener el intelectual, el escritor, el historiador, es hacia la verdad.