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Dicen que viene Bush

El vocero de la Casa Blanca, Scott Mc Clellan, confirmó que Bush participará del evento marplatense y luego hará visitas a Brasil y Panamá. El embajador estadounidense en Argentina Lino Gutiérrez ya había manifestado que eso sería así en un “99,9 por ciento” de probabilidades.

Si esos funcionarios dicen la verdad, el gobierno argentino comenzará a respirar con más tranquilidad. Es que en julio, cuando el entonces subsecretario de asuntos hemisféricos del Departamento de Estado, Roger Noriega, se entrevistó con el vicecanciller Jorge Taiana, quedó flotando cierta amenaza de inasistencia. En ese momento las diferencias sobre el documento base para la IV Cumbre, dieron lugar a una presión de los negociadores del Norte. Hasta deslizaron que si no había acuerdo previo, su jefe no vendría a cosechar un fracaso a orilla del mar.

Ahora aparentemente la Casa Blanca ha decidido dar el presente. Y esa noticia, si bien seda algunos ánimos en el Palacio San Martín y la Casa Rosada, por otro lado tensa la relación bilateral. Es que las diferencias visualizadas por Noriega y Taiana siguen en su lugar, impertérritas.

Además, como es obvio, la confirmación de la venida del texano incrementará contradicciones al interior de nuestro país, entre el gobierno y los movimientos populares. Y a escala continental, entre países dispuestos a seguir a Washington hasta al polo sur y los que tienen reparos propios del Mercosur, además de Hugo Chávez, ubicado en las antípodas de Bush.

La I Cumbre fue prohijada por EEUU en 1994 en Miami, la II se hizo en 1998 en Viña del Mar, Chile, y la III en 2001 en Québec, Canadá, con la misma hegemonía neoliberal. La cuarta edición, sin renegar de ese pasado del Consenso de Washington, no podrá dejar de reflejar ciertos puntos de vista desarrollistas debido al matiz político que hoy tienen los gobiernos de Argentina, Brasil, Uruguay y, más a la izquierda, Venezuela. Hasta qué punto se mantendrán los viejos dogmas expresados en la propuesta norteamericana del ALCA y hasta dónde podrán meter baza los socios del Mercosur, tal la pelea sorda que libran las cancillerías.

Por fuera de esa pulseada, diversas organizaciones preparan una contra cumbre en el estadio mundialista de La Feliz y una protesta callejera contra Bush. Y esto tendrá su impacto en la reunión oficial a realizarse en el Hotel Hermitage, que se fortificará como un búnker.

Tres visiones

Hay 34 mandatarios invitados a la fiesta donde miles de custodios tendrán clara la directiva de que no pueden ingresar ni Fidel Castro ni los manifestantes. Cuba fue expulsada de la OEA en 1962 por el dedo norteamericano y aceptado por gobiernos lamebotas que aún hoy consienten esa discriminación.

Esas delegaciones podrían agruparse a grosso modo en tres tendencias: dos bien definidas y antagónicas, y una tercera que fluctúa entre ambas. Las dos primeras están expresadas por EEUU y Venezuela, y la conciliadora por Argentina, cuyo péndulo aún no está claro cuán cerca de Bush va a detenerse. Es que entre otras cosas no puede ofender demasiado al líder bolivariano que ha firmado importantes acuerdos con nuestro país, en reparación y construcción de barcos, adquisición de maquinaria agrícola, inversión petrolera y compra de bonos de la deuda pública argentina.

Todas esas contradicciones fundamentales y secundarias explican los numerosos corchetes, que señalan las objeciones no resueltas en el texto del Proyecto de Declaración Final.

Por un lado está cavada la trinchera norteamericana, desde la que se insiste en la propaganda del “libre comercio”, las desregulaciones y privatizaciones del Consenso de Washington. Según la administración Bush esta es una buena política, que falló en su implementación pues algunos gobiernos incurrieron en defectos de corrupción.

Las declaraciones del vocero Mc Clellan confirmando la visita de Bush, pasó otra vez ese aviso pro ALCA. Explicó que el texano promoverá “la consolidación de la democracia y la expansión de la oportunidad y prosperidad económica a través del libre mercado y el libre comercio”.

Por otro lado está la propuesta venezolana, partidaria de un documento duro donde se cuestionen las políticas injerencistas de EEUU, se defienda la autodeterminación nacional y los espacios tercermundistas como la Comunidad Sudamericana de Naciones, y se señale expresamente el fracaso del Fondo Monetario y el ALCA.

Y haciendo un difícil equilibrio entre ambas, está la errática Argentina, con una tercera posición tan cara a la historia del peronismo. Taiana, por orden de Rafael Bielsa, y éste a su vez por indicación de Néstor Kirchner, propone un texto que promueva el “trabajo decente” y “políticas activas para erradicar la pobreza”. A nivel internacional, postula un mundo menos desigual mediante “reglas justas en el intercambio”, “un modelo de desarrollo con más y mejores empleos” y cambios en el funcionamiento de los organismos multilaterales de crédito.

Concesiones de Kirchner

Esos son los tres bloques que en Mar del Plata buscarán imponerse en la Declaración y los Lineamientos para el plan de acción. El cuarto contendiente será Juan Pueblo, que simpatiza con el antiimperialismo de Chávez y con quien puede tomar en pinza al invasor de Irak.

El patagónico juega de local y el eje temático de la Cumbre favorecía una postura más independiente: “Generar empleo para erradicar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática”. Sin embargo sigue haciendo buena letra con Washington. Así deben interpretarse las declaraciones del embajador José O. Bordón, saludando un informe del Departamento de Estado que encomiaba al gobierno K.

El ex candidato presidencial del Frepaso en 1995, reubicado rápidamente dentro del justicialismo, calificó la relación con el Norte como “sincera, confiable y positiva”. Bordón agradeció las supuestas gestiones estadounidenses en la reestructuración de la deuda, ante el directorio del FMI y otros negocios de los que la gente no recibió frutos.

Kirchner en su reciente intervención ante la Cumbre Mundial de la ONU y la Asamblea General, había coincidido con el jefe del imperio en la imperiosa necesidad de la lucha antiterrorista. Esa unidad fue matizada con referencias a que la misma debe librarse en el marco del multilateralismo y la preservación de los derechos humanos.

La seguridad de la IV Cumbre es otro motivo de agradecimiento de Washington. Es que el PEN gastará 31 millones de pesos en seguridad, además de 20 millones en protocolo y 100 millones en obras.

El comando conjunto de la Policía y la SIDE, a cargo del comisario Carlos Pardal, ha sido más que atento con los requerimientos del FBI y la CIA. En cambio, ha fijado una amplia zona de no intrusión para los manifestantes, que tendrán enfrente a vallas metálicas más impenetrables que las de Ceuta y Melilla, además de 7.500 policías.

El Pentágono surtirá con entre 6 y 8 misiles inteligentes a los aviones con asiento en Tandil para abatir a naves intrusas. Esto se hará sin necesidad de una ley especial de derribo, según el inefable José Pampuro.

Esas concesiones organizativas indicativas de que Argentina puede debatir la pertinencia del Consenso de Washington, pero siempre con el objetivo de mejorar la ya “confiable” relación con el Norte.

LA ARENA