Con apenas dos mil seiscientos setenta y dos palabras, cantidad mínima comparada con las que acostumbra utilizar en sus extensos discursos, el presidente Hugo Chávez, como se dice popularmente, alborotó el avispero en la Sexagésima Asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas el 15 de setiembre de 2005, al poner en relieve las deficiencias de la ONU para corregir las iniquidades que ocurren en el mundo y la responsabilidad de unos pocos gobiernos en la progresiva destrucción del planeta.

Previendo esto, y por sentirse aludido, el gobierno de los Estados Unidos puso numerosos obstáculos, como el no otorgamiento de las visas al personal médico y al personal de seguridad, permitir el aterrizaje del avión presidencial solamente a una gran distancia de la sede de la ONU, etc. con tal de evitar la participación del presidente venezolano en el foro mundial.

Pero, ¿cuál es el temor del imperio más poderoso que ha existido sobre la faz de la tierra? Si cuenta con las armas más sofisticadas capaces de reducir a cenizas cualquier pueblo desde tierra, desde los mares o desde el espacio exterior y, además, cuenta con grandes corporaciones diseminadas en los lugares más remotos del planeta y con los más poderosos medios de comunicación. ¿Cuál es el miedo a un país ubicado en su patio trasero? La práctica de la política exterior de los Estados Unidos es el amedrentamiento, la amenaza y el soborno y cuando esta no funciona la torpeza se hace presente y es la torpeza de ese país la que ha predominado en las relaciones con la República Bolivariana de Venezuela en los últimos seis años.

A este torpe predominio el presidente Chávez le saca provecho identificando al principal enemigo de los pueblos oprimidos, se los hace saber y estos le responden, por ejemplo, en el caso de nuestros países han echado para atrás muchas de las proposiciones que hiciera el imperio en el seno de la OEA o sumándose cada día mas a las diferentes propuestas de integración regionales.

En cuanto a los otros continentes, también las repuestas no se han hecho esperar, se han abierto nuevas relaciones y se han fortalecido las ya existentes, sobretodo con países que están jugando un papel protagónico a nivel mundial como India, China y Rusia.

Es el despertar, es la voz en alto y la solidaridad de los pueblos lo que provoca miedo al país del norte.

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