Berezovski afirma haber aportado 15 millones de dólares a la campaña electoral de Yushchenko. Si este hecho llega a ser confirmado en Londres, la comisión electoral deberá anular los resultados de la elección de Yushchenko. La ley ucraniana prohíbe formalmente las financiaciones provenientes del extranjero. No puede haber un presidente fantoche en nuestro país.
Berezovski se dedica a formar clanes transnacionales. Su interés, al igual que el de Tymoshenko y el del businessman Igor Kolomoiski, era financiar la campaña electoral de Yushchenko para poder después recoger los dividendos, representados por importantes activos ucranianos.
Tymoshenko deberá ser juzgada por los rusos por sus actos y no por sus palabras. Puso en práctica una política pro norteamericana cuando se encargaba de la cartera de la energía. En 2002, cuando su posición electoral en el oeste del país no podía ser más débil, decidió promover el nacionalismo en el este. Hoy vemos materializarse el plan geopolítico concebido fuera del país durante la formación del poder naranja. Como Tymoshenko ya no forma parte del gobierno no podrá acusársele del fracaso de la política de éste, gran ventaja en vísperas de las elecciones legislativas de 2006. Su viaje a Moscú tenía el propósito de tratar de eliminar las acusaciones en su contra y tener así la posibilidad de llevar a sus partidarios al poder. Sus intereses financieros son más fuertes que el interés del país.
Una tercera fuerza escribió el guión de este juego político en el extranjero. Yushchenko y Tymoshenko estarán en familia y se unirán luego de la campaña electoral de 2006. Su desavenencia sirve simplemente para reunir más votos. Al contar con una mayoría en el Parlamento, sus representantes harán todo lo que esté a su alcance para entrar a la OTAN y a la OMC e intensificarán la colaboración con el GUAM contra Rusia.
En estos momentos, el presidente, junto a Kuchma, trata de ganarse la simpatía de Yanukovych para que no moleste a Tymoshenko en el sur y en el este del país. El partido de las regiones no representará nunca una oposición. La represión política de la que hablan los blanco-azules constituye de hecho un mecanismo mediante el cual se trata de que los oligarcas vencidos paguen una compensación a los ganadores. No estamos ante una revolución sino ante una guerra de millonarios contra multimillonarios. Es muy probable que lleguen a un acuerdo.
Los socialistas o el partido popular de Vladimir Litvin sólo forman parte de la táctica de los «naranjas». No puedo confirmar que Moscú apoye a éste o a aquel. Los criterios deben ser la integración, la defensa del interés de los pueblos eslavos. Hay que averiguar qué quieren los políticos, si ingresos puntuales provenientes de Crimea o una verdadera comunidad económica. Como comunistas, estamos preocupados por estos intereses.

Fuente
Vremya Novostyey (Rusia)

««Ющенко и Тимошенко будут дружить семьями»», por Piotr Simonenko, Vremya Novostyey, 7 de octubre de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.